Documentos  
 

ORIENTACIONES PASTORALES
 PARA EL ACOMPAÑAMIENTO DE LOS
FIELES DEVOTOS DE MARÍA “ROSA MÍSTICA”


Orientaciones de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza



 PERSPECTIVA TEOLÓGICA


Introducción

1. Desde hace algún tiempo, muchas personas se acercan a la localidad de El Algarrobal (Las Heras) atraídas por la devoción a la Santísima Virgen María en su advocación de “Rosa mística”. El hecho constituye una preocupación pastoral para nuestra Iglesia diocesana. Esto es así, no solo por el número significativo de fieles que se ha movilizado, sino sobre todo por la naturaleza del factor desencadenante de estas manifestaciones: el testimonio de un particular acerca de apariciones de la Madre de Dios y, de modo especial, de mensajes que ésta habría comunicado. Como ocurre de ordinario, en la difusión de estos hechos y manifestaciones ha jugado un papel importante la información que corre de boca en boca y la acción de quienes se han ido comprometiendo con esta devoción, sin olvidar la intervención de los medios de comunicación social.


2. La diócesis ha puesto en marcha un camino de discernimiento siguiendo la experiencia y orientaciones de la Iglesia para estos casos. El discernimiento eclesial llevado a cabo permite ofrecer ahora estas Orientaciones pastorales cuya finalidad es encauzar las manifestaciones populares de devoción a María, según la fe de la Iglesia católica. A fin de comprender mejor su sentido, he juzgado oportuno ofrecer también una valoración del camino recorrido hasta ahora en el discernimiento de la autenticidad de los referidos hechos en El Algarrobal. Los destinatarios de estas Orientaciones son, en primer lugar, los pastores del Pueblo de Dios y demás agentes de pastoral, especialmente los catequistas, que tienen como misión acompañar y guiar a los fieles a fin de que su vida cristiana produzca fruto abundante. Los mismos fieles cristianos, particularmente los devotos de María “Rosa mística”, han de recibir con buen espíritu estas Orientaciones del Obispo, pues quieren ayudarlos a vivir con seriedad y profundidad el amor a la Madre de Dios.


Mendoza, tierra de María

3. El pueblo mendocino es profundamente mariano. La presencia de la Madre del Señor es palpable en varias de sus advocaciones que dan nombre a localidades, fiestas y devociones, capillas, templos parroquiales y santuarios. Este es un rasgo entrañable y hermoso de la fe católica que, centrada en la Persona de Jesucristo, venera con espíritu filial a la Santa Madre de Dios, proclamada dichosa por haber creído (Cf. Lc 2,45). Un don de Dios además que nos acompaña desde el comienzo de la evangelización. El Congreso Mariano Nacional celebrado en Mendoza hace ya veinticinco años ha dejado un recuerdo imborrable de este amor de los mendocinos por la Virgen María. Amamos a María, porque nos sentimos amados y amparados por ella. Sabemos bien que “no basta reconocer y venerar a María, honrarla con la fiesta, el canto, o nuestras peregrinaciones… Debemos imitarla, ser como ella, personal y comunitariamente… El ser y la misión de María nos indican un camino a seguir como Iglesia diocesana”  (1).


4. La Iglesia diocesana de Mendoza expresa y promueve dediversas formas el culto y la devoción a aquella que dio a Cristo al mundo. Numerosos lugares de culto están dedicados a la Madre de Dios en sus múltiples advocaciones. Se destacan: los santuarios a Nuestra Señora del Rosario, patrona de la Arquidiócesis; a Nuestra Señora de Lourdes en El Challao; a la Virgen del Carmen de Cuyo, íntimamente vinculada a la historia de nuestra patria; a María Auxiliadora en Rodeo del Medio y a Nuestra Señora de Luján en Luján de Cuyo. No olvidamos tampoco la devoción a Nuestra Señora del Rosario en el desierto mendocino. Cada lugar de culto a María es, a la vez, centro de evangelización y de catequesis al servicio de la fe del Pueblo de Dios.


5.
Nunca han faltado a los fieles orientaciones oportunas para vivir con auténtico espíritu cristiano su devoción a María. En este sentido, la Iglesia católica se ha preocupado siempre por encauzar la piedad mariana de los fieles. En estos últimos años, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, ha renovado sus orientaciones acerca del lugar de María en el designio de Dios centrado en Cristo. Como lógica consecuencia, también su lugar en la liturgia y devoción católicas ha sido objeto de una profunda puesta al día. Cabe aquí mencionar la Exhortación apostólica Marialis cultus del recordado Papa Pablo VI, la Encíclica Redemptoris Mater de SS Juan Pablo II, y numerosas intervenciones de los Obispos. En Mendoza, el Plan Diocesano de Pastoral presenta a María como madre, modelo y signo de esperanza para la Iglesia diocesana. Inspirándose en todo este admirable cuerpo de doctrina, los fieles cristianos -pastores, religiosos y laicos- pueden darle solidez y profundidad a su amor a María.


6.
La Iglesia ha puesto siempre gran empeño y creatividad pastoral para acompañar la devoción mariana de sus hijos, incluso cuando ha tenido que corregir posibles desviaciones. Es competencia propia del Obispo diocesano velar para que las manifestaciones de fe y de devoción marianas expresen la genuina fe de la Iglesia católica, evitando todo lo que pueda confundir al Pueblo de Dios, especialmente en lo tocante a fenómenos presuntamente extraordinarios. La intervención del Obispo es particularmente necesaria cuando pudieran darse prácticas de devoción poco sólidas o incluso doctrinas erróneas que ponen en riesgo la vida del Pueblo de Dios, particularmente de los más débiles, induciendo a confusión en lo tocante a la fe y a la vida cristiana.


María, Rosa mística

7. El pueblo de Dios expresa, a través de varios títulos y advocaciones, los diversos aspectos del misterio y misión de María en el plan de salvación. Algunos están vinculados a lugares o hechos significativos para la vida de los cristianos. Diversos nombres, una sola persona: María, la Madre del Señor. Así, las letanías lauretanas van enunciando uno tras otros muchos de estos títulos, con un lenguaje profundamente enraizado en las Santas Escrituras y en la piedad sólida de la Iglesia. Uno de ellos es: “Rosa mística”. Se trata de una advocación tradicional que destaca la belleza de María, fruto del favor divino del que ha sido objeto. Así la saluda el pueblo de Dios, repitiendo las palabras del Ángel: “Alégrate, María, llena eres de gracia. El Señor está contigo”. María es la flor más hermosa del jardín de Dios. El adjetivo “mística” quiere indicar aquí el grado supremo de comunión con Cristo que María ha alcanzado por su fe viva. Escuchó la Palabra y la puso en práctica. Buscó en todo conformar su vida con la voluntad de Dios.


8.
En estos últimos años, la advocación de María “Rosa mística” empero ha estado vinculada a manifestaciones no siempre reconocidas por la Iglesia, e incluso desaconsejadas por ella. Los fieles han de tener por tanto un cuidado especial para no perder nunca la riqueza bíblica y teológica de este título mariano, propiciando por ejemplo una religiosidad puramente devocional, desvinculada de una vida profunda de fe en el seguimiento de Cristo. Si alguien se siente devoto de María “Rosa mística” tiene que venerarla, y sentirse como ella motivado a escuchar la Palabra, encontrando gusto en practicarla. También nosotros queremos ser un fruto hermoso en el jardín de Dios.


El camino recorrido

9. Como ya se informó oportunamente: “Desde el año 2000 el Arzobispado viene acompañando a las personas implicadas en los hechos mencionados, a fin de discernir la autenticidad de los mismos, siguiendo los criterios y la tradición de la Iglesia católica al respecto. Esta es una misión propia de los ministros de la Iglesia.” (2). Ya entonces señalábamos como un criterio de ese acompañamiento que “la actitud pastoral de la Iglesia en estos casos es: ni prohibir ni aprobar, sino escuchar, acompañar y aconsejar.”(3).


10.
Desde el principio, pero sobre todo a partir de la difusión masiva de las manifestaciones populares en El Algarrobal, he invitado a los fieles a la prudencia. En julio del año pasado pedía no “priorizar de tal modo las experiencias extraordinarias de la gracia que se pierda de vista la importancia fundamental que tiene la santidad en la vida ordinaria.” (4). Recientemente, la coincidencia del Domingo de Pascua con la fecha que los devotos a María “Rosa mística” veneran de modo particular, invitaba a los fieles a “no anteponer nada a la celebración de la Pascua del Señor”. De la misma manera, desaconsejaba “la participación en cualquier otro acto de piedad que ensombrezca la centralidad de la celebración pascual” (5). En todo momento he tenido la explícita intención de respetar a los fieles en su condición de personas inteligentes y libres, con capacidad de discernimiento y de opción. De esa manera no he emitido prohibiciones, órdenes perentorias ni decisiones autoritarias. Apelando siempre a la conciencia y a la buena voluntad de los fieles, como pastor y maestro de la fe, he ofrecido en cada ocasión las razones que fundamentan las orientaciones pastorales. La Iglesia busca que todos vivamos la comunión como un don y una responsabilidad compartida.


11.
Desde los primeros contactos con el Sr. Manuel Yanzón en el año 2000 hasta la fecha, el Arzobispado ha promovido un estudio y un seguimiento amplio y concienzudo de todo lo que ocurre en El Algarrobal. Yo mismo he seguido atentamente todos y cada uno de estos pasos. Con la ayuda de distintos sacerdotes, diáconos, ministros y fieles laicos se ha podido escuchar a muchas personas; estudiar profundamente la doctrina y orientaciones de la Iglesia para casos similares; y observar las manifestaciones populares de fe. De modo especial, se ha procedido a estudiar el contenido de los mensajes transmitidos por el Sr. Yanzón; tarea en la que han tomado parte algunos sacerdotes y profesores de Teología por expreso pedido mío, de acuerdo a las explícitas normas de la Iglesia para estos casos. Ha sido un tiempo intenso de búsqueda, centrado sobre todo en la oración pidiendo las luces del Espíritu, en la escucha atenta de la Palabra de Dios, de la enseñanza autorizada de los maestros espirituales y de las orientaciones de la Iglesia para estos casos.


12.
El 28 julio, el 5 de noviembre y el 14 de diciembre del pasado año 2004, la Oficina de Prensa del Arzobispado difundió sendos comunicados sobre el tema. Lo mismo ocurrió el pasado 19 de marzo de 2005. Han sido citados en estas páginas algunos de sus párrafos más significativos. En este último período de tiempo, yo mismo, los vicarios y algunas personas especialmente encomendadas hemos intercambiado repetidamente nuestro parecer y opinión a fin de formar criterio común, salir al paso de las distintas situaciones creadas, como también dar respuesta a los insistentes y legítimos pedidos de intervención y de consejo. Los principales órganos de consulta de la diócesis (Consejo presbiteral, Colegio de consultores y Consejo Arquidiocesano de Pastoral) han sido informados y consultados sobre los pasos a dar y las disposiciones a tomar.


13.
¿Cómo valorar el camino hasta ahora recorrido? ¿Con la ayuda de qué criterios la Iglesia discierne estas manifestaciones religiosas? La Iglesia no conoce otra luz para una valoración pastoral de estos hechos que el Evangelio de Cristo, escuchado y transmitido de generación en generación por la misma Iglesia. Esto vale de modo especial para manifestaciones religiosas que, por muchos motivos, tienden a centrar la atención en revelaciones particulares y eventos extraordinarios de diversa índole.


14.
Una de las orientaciones más importantes de la Iglesia a los fieles en este tiempo de discernimiento ha sido recordar insistentemente el lugar insustituible de Jesucristo en la experiencia de la fe. Él es la Palabra definitiva de Dios a los hombres, “de manera que no habrá ya otra revelación después de Él” (6). La Revelación de Dios en Cristo, expresada de modo especial en las Sagradas Escrituras y transmitida de generación en generación por la Tradición viva de la Iglesia, es la norma suprema de la fe católica. Es lo que llamamos: la “Revelación pública”. Con la ayuda del Espíritu Santo, la Iglesia progresa en el conocimiento vivo de todo lo que su Señor dijo e hizo (Cf. Jn 16,13-15). Las así llamadas: “revelaciones privadas” no pueden ni mejorar ni completar la Revelación divina. En la medida en que la Iglesia discierne en ellas la voz de su Señor, la función de estas revelaciones es la de “ayudar a vivirla (la Revelación) más plenamente en una determinada época de la historia.” (7) Es por eso que, en la fecha antes citada decíamos que “de ninguna manera revelaciones privadas o experiencias particulares pueden ponerse por encima de la Palabra viva de Dios y de la fe de la Iglesia en Jesucristo. Quien quiera vivir intensamente su fe, encuentra en la Palabra y en los sacramentos todo lo necesario para ello.” (8). De aquí también se desprende uno de los principales criterios que permiten juzgar la autenticidad de pretendidos hechos sobrenaturales, sobre todo cuando se afirma que contienen mensajes de Dios a la Iglesia: la conformidad o no de los mismos con la regla de la fe contenida en las Escrituras y transmitida por la Tradición de la Iglesia (9).


15.
En relación con los milagros y signos portentosos, la Iglesia reconoce que forman parte de la acción de Dios a favor de sus hijos. Jesús realizó numerosos signos para expresar la llegada del Reino de Dios como salvación y liberación para el hombre. A lo largo de los siglos, hasta nuestros días, el camino de la Iglesia ha estado enriquecido por estos signos del Espíritu que consuela, fortalece y anima especialmente a los pobres y necesitados. Sin embargo, no podemos dejar de recordar las serias advertencias del Señor a quienes lo buscaban prevalentemente por estas razones: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse” (Jn 6,26). A quienes le reclamaban que hicieran un milagro, les responde con dureza: “Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás” (Mt 12,39). El signo que Dios ofrece a la fe de los suyos no es otro que Cristo, muerto y resucitado. Así escribirá San Pablo a los primeros cristianos: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1Co 1,22-23).


16.
El discernimiento es, en este punto, muy delicado porque no todo lo que una persona de buena fe experimenta o siente puede atribuírselo sin más a la acción de Dios. Los maestros espirituales recomiendan cautela, prudencia e incluso una sana desconfianza hacia estas experiencias extraordinarias. Del peligro de fundar la propia vida de fe en ellas nos advierte con agudeza San Juan de la Cruz: “Porque al alma ciega ya la falsedad no le parece falsedad, y lo malo no le parece malo, etc., porque le parecen las tinieblas luz, y la luz tinieblas (Is 5,20), y de ahí viene a dar en mil disparates, así acerca de lo natural como de lo moral, como también de lo espiritual; y ya lo que era vino se le volvió vinagre.” (10). El peligro que el maestro carmelitano ve en una religiosidad centrada en lo milagroso y extraordinario es que esta desvirtúa paulatinamente la naturaleza de la virtud teologal de la fe como respuesta confiada a Dios que se revela, para centrarse casi exclusivamente en lo puramente emotivo, visible y palpable. Para el cristiano adulto, la obediencia de la fe supone normalmente entrar en la noche oscura del abandono a Dios y a su voluntad. En este punto, el testimonio de los santos es la mejor escuela de vida, empezando por la figura elocuente de María al pie de la cruz.


Una valoración del camino

17. Dando un paso más en el discernimiento eclesial, y después de un cuidadoso examen del camino transitado, debo ofrecer al Pueblo de Dios las siguientes orientaciones acerca de los hechos en cuestión:


1º. Un examen atento del contenido de los mensajes me permite afirmar que éstos no pueden ser considerados como una auténtica revelación privada, fruto de una intervención especial de Dios. Además de notables ambigüedades, contienen serios errores acerca de la vida cristiana y afirmaciones contrarias a la fe católica. Su difusión pone en serio riesgo la salud espiritual de los fieles. Mantengo por tanto el pedido explícito de no difundirlos ni en parte ni en su totalidad, y de no usarlos para la oración o la enseñanza. He reiterado este pedido al Sr. Manuel Yanzón.

2º. En estrecha relación con la valoración anterior, debo afirmar que no existen razones suficientes para reconocer como auténticas las presuntas manifestaciones sobrenaturales (visiones o audiciones de la Santísima Virgen o de Nuestro Señor Jesucristo) vinculadas a María “Rosa mística” en El Algarrobal.

3º. Respecto a los fenómenos extraordinarios de carácter sensorial percibidos por algunos fieles (perfumes, escarchillas, brillos en las manos, etc.), les advierto que la Iglesia no suele considerar esta clase de fenómenos como garantía de un hecho sobrenatural. No tienen necesariamente un origen divino. En todo caso, los frutos que permiten discernir la autenticidad cristiana de presuntos hechos sobrenaturales, son de otra naturaleza, y tienen que ver más bien con una vida más intensa de fe, esperanza y caridad.

4º. Estas indicaciones, de ninguna manera incluyen un juicio acerca de la autenticidad de las gracias personales de diverso tipo (paz interior, consuelo espiritual, conversión del corazón, deseo del bien, preservación del mal o de peligros diversos, posibles curaciones, etc.) que los fieles cristianos tienen la certeza subjetiva de haber recibido, y que han de atesorar en el corazón para suscitar una mayor fidelidad a la vocación cristiana.

5º. De la misma manera, estas orientaciones no contienen ninguna valoración moral de las personas implicadas en estos hechos, ni acerca de su buena fe o la rectitud de sus intenciones.


18.
Como Obispo ofrezco al Pueblo de Dios esta valoración pastoral como un servicio a la comunión que se expresa visiblemente cuando profesamos la misma fe y celebramos los mismos sacramentos, bajo la guía de los legítimos pastores de la Iglesia. Los fieles cristianos tienen derecho a rezar donde quieran y la Iglesia respeta esa libertad. Por lo tanto, las recomendaciones no deben interpretarse como una prohibición de acudir a un lugar determinado, sino como enseñanzas y consejos que encauzan e iluminan el discernimiento de conciencia que han de hacer los católicos, como buenos hijos de la  misma Iglesia. Es de esperar que los fieles católicos -pastores, religiosos y laicos- las reciban con genuino espíritu eclesial. Es importante que las mismas sean conocidas, acatadas y que se reflexione sobre ellas.


19.
Esta valoración pastoral de la Iglesia sobre los hechos en cuestión abre para todos un tiempo de mayor oración, apertura al Espíritu y búsqueda del designio de Dios sobre nosotros. Las manifestaciones de fe y de religiosidad que se han renovado en estos meses en El Algarrobal constituyen un desafío pastoral para la Iglesia diocesana de Mendoza, es decir: una auténtica llamada de Dios que interpela a la Iglesia. Aunque no podamos afirmar taxativamente un hecho sobrenatural en sentido estricto, no podemos dejar de preguntarnos con sinceridad: ¿Qué nos está diciendo nuestro Dios desde El Algarrobal? ¿Qué nos está diciendo a través del rostro, los anhelos y peticiones de tantos hermanos que, con solo escuchar de una posible manifestación de María, se han puesto en camino hasta esta humilde localidad de nuestra provincia? ¿Cómo podemos escuchar la voz del Espíritu en todo esto? El interrogante nos lo tenemos que poner todos: pastores, agentes de pastoral, consagrados, laicos, hombres y mujeres de buena voluntad.


20.
Una respuesta pastoral a estos desafíos implicará siempre un esfuerzo paciente de escucha y acompañamiento de los fieles, de predicación y de catequesis acerca de las verdades fundamentales de nuestra fe. En todo caso, una fe más madura y comprometida, una esperanza perseverante y una caridad intensa y solidaria serán los frutos a los que tendremos que estar siempre atentos para verificar la autenticidad cristiana de toda manifestación de religiosidad o de devoción. “El que dice: «Amo a Dios» y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, el que no ama a su hermano a quien ve?” (1 Jn 4,20).



II. ATENCIÓN PASTORAL DE LAS PERSONAS QUE ASISTEN A EL ALGARROBAL


21.
Teniendo en cuenta las aclaraciones precedentes, las disposiciones que siguen expresan la preocupación de la Iglesia diocesana de Mendoza y de su Pastor por aquellos fieles católicos que acuden a El Algarrobal, como también su firme compromiso de encauzar la devoción de los fieles según las luminosas orientaciones de la Iglesia católica en lo que se refiere al culto mariano.


Introducción

1º. La Arquidiócesis de Mendoza cuenta con numerosos templos y santuarios dedicados a la Santa Madre de Dios. En todos ellos se cumple una intensa tarea pastoral a favor de los fieles. Estos son lugares privilegiados donde cada fiel católico puede encontrar todo lo que necesita para vivir intensamente su fe en Cristo y su amor por María. Allí los pastores están dispuestos a recibirlos y orientarlos con renovado afecto pastoral.


2º.
Según la valoración expresada en el nº 17 de estas Orientaciones, no puedo dar aprobación eclesiástica para la celebración de los sacramentos en el lugar. Esto no impide que los fieles, que así lo decidan en conciencia, se reúnan en el lugar para la oración y actos de devoción a la Santísima Virgen María. Las disposiciones que abajo se detallan quieren encauzar estas manifestaciones de piedad.


Los responsables de la atención pastoral

3º. La atención pastoral de El Algarrobal es responsabilidad primaria del Párroco de la Parroquia “Nuestra Señora de las Mercedes” y del Vicario parroquial encargado de la Capilla “Nuestra Señora de Fátima”.


4º.
A fin de ayudarlos en la atención pastoral de los fieles que asisten a El Algarrobal movidos por su amor a María “Rosa mística”, se formará un Equipo pastoral según las siguientes disposiciones:


1. Su responsabilidad primordial será velar sobre el culto mariano, los momentos de oración y las diversas manifestaciones religiosas en el lugar.

2. Estará compuesto por un Sacerdote asesor, un encargado de dirigir los actos de piedad, y al menos cuatro personas de sólida vida espiritual, sentido de pertenencia eclesial y competencia en distintos campos de la acción pastoral (catequesis, predicación y liturgia).

3. El Equipo pastoral será designado por el Arzobispo en base a la propuesta que le presente la Vicaría de Pastoral, oído el parecer del Párroco y del Vicario parroquial.

4. En permanente comunión y comunicación con el Párroco y el Vicario parroquial, este Equipo pastoral se reunirá periódicamente para coordinar la atención pastoral de los fieles, como también para informarme regularmente en todo lo que crea pertinente.

5. Una de sus primeras responsabilidades será la elaboración de un adecuado Programa pastoral, siguiendo las orientaciones de la Iglesia. El mismo será presentado en la Vicaría de Pastoral para su aprobación y una periódica evaluación de su puesta en marcha.


Atención pastoral, espiritual y sacramental de los fieles

5º. Atendiendo a las actuales circunstancias, el Arzobispo de Mendoza no considera conveniente iniciar ninguna acción tendiente a la construcción de algún edificio de culto en ese lugar y bajo esa advocación.

6º. La atención pastoral, espiritual y sacramental de los fieles que asisten a El Algarrobal se ofrecerá en los locales que tiene actualmente la Capilla “Nuestra Señora de Fátima” atendida por los Padres Agustinos asuncionistas, como también en la Parroquia de El Bermejo.

7º. En comunión con el Obispo, el Párroco, el Vicario parroquial y el Sacerdote Asesor serán también los responsables de la celebración de los Sacramentos según las disposiciones que abajo se detallan.

8º. Solo en la  mencionada Capilla “Nuestra Señora de Fátima” están permitidas las celebraciones de la Eucaristía en los días que los fieles asisten a El Algarrobal. De la misma manera, solo en el ámbito de la Capilla “Nuestra Señora de Fátima” y de la Parroquia “Nuestra Señora de las Mercedes” se podrá celebrar el Sacramento de la Reconciliación.

9º. De la misma manera, el Párroco, el Vicario parroquial y el Asesor del Equipo pastoral acordarán todo lo relativo a la presidencia de la Eucaristía y a la predicación en los días en que los fieles asisten a El Algarrobal movidos por su devoción a María “Rosa mística”.

10º. Se procurará ofrecer a los fieles una información amplia y precisa acerca de los horarios de Misas y confesiones en la Capilla “Nuestra Señora de Fátima” y otros templos circundantes.

11º. Los sacerdotes solo podrán celebrar los sacramentos en la Parroquia y la Capilla “Nuestra Señora de Fátima”, con la debida autorización del Párroco, del Vicario parroquial o del Asesor.


Disposiciones particulares sobre donaciones y ofrendas

22. En este tiempo he recibido muchas consultas acerca de las ofrendas materiales en honor a María “Rosa mística”. Considero oportuno aclarar que el Arzobispado de Mendoza no ha intervenido hasta ahora en la recepción y gestión de bienes materiales vinculados a la devoción de María “Rosa mística” en El Algarrobal (donaciones u ofrendas de los devotos). Tampoco ha considerado necesario hacerlo. A medida que vayamos poniendo en práctica las orientaciones arriba detalladas evaluaremos la conveniencia de dar algún paso en este sentido, como también los modos e instrumentos más convenientes para aplicar las normas que la Iglesia católica tiene para la recepción y administraciones de ofrendas de los fieles.


23.
Ofrezco a los fieles las siguientes recomendaciones, basado en la experiencia y en la normativa que la Iglesia tiene en este delicado campo de la vida pastoral.

. Ante todo, quiero recordar una vez más la responsabilidad que todos los católicos tenemos de sostener económicamente la obra evangelizadora de nuestra Iglesia. La generosidad de los fieles, manifestada en ofrendas materiales por gracias recibidas, puede ser canalizada actualmente a través de diversas formas ya dispuestas por la Iglesia: colectas dominicales, donativos, Caritas diocesana o parroquial, contribuciones mensuales o familiares a la diócesis, a las parroquias y capillas, etc.

. En virtud de lo anteriormente expuesto (11), aconsejo a los fieles católicos no recibir ni ofrecer dinero para la adquisición de terrenos o la construcción de un templo en el lugar.

. Aconsejo a las personas responsables de las ofrendas materiales entregadas por desconocimiento de estas recomendaciones o por insistencia de los fieles, que las administren con total transparencia y las destinen a cubrir los gastos de los actos de piedad en honor a María “Rosa mística”. De existir un remanente les recuerdo que la Iglesia acostumbra emplearlo en la ayuda a los pobres y necesitados.


Notas

(1) Plan Diocesano de Pastoral, Marco de Referencia 56

(2) Comunicado 1, 28 de julio de 2004

(3) ídem

(4) Comunicado, 28 de julio de 2004

(5) Comunicado, 19 de marzo de 2005

(6) Catecismo de la Iglesia católica 73

(7) Catecismo de la Iglesia católica 67

(8) Comunicado 4, 28 de julio de 2004

(9) Cf. para este número: Catecismo de la Iglesia católica 66-67

(10) San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo, L 3 C. 10

(11) Cf. el nº 17 (Una valoración del camino recorrido) y el artículo 2º  de la Introducción.


Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza
Mendoza, 29 de mayo de 2005, Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.