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LA
CUARESMA: ¿TIENE SENTIDO HOY?
Mensaje de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza,
para la
Cuaresma 2005
Los cristianos celebramos el tiempo de CUARESMA, desde hace muchos
siglos. Son cinco semanas de preparación a la Pascua de Resurrección.
Están dedicadas a la oración, a la meditación de la Palabra de Dios, y
a revisar la propia vida, para que responda mejor al Evangelio de
Jesucristo. Este año ha comenzado el 9 de febrero (miércoles de
Ceniza), hasta la semana santa que tendrá lugar entre el 20 y el 27 de
marzo (domingo de Pascua).
Vale la pena preguntarse: ¿tiene sentido aún en este
tiempo? Muchos pueden pensar que es una tradición antigua, poco acorde
con la época actual. Las costumbres han cambiado bastante. ¿Tendrá que
cambiar también ésta? No tengamos miedo de plantear la cuestión.
Para explicar y motivar la Cuaresma, se me ocurre
pensar en una inquietud muy comentada: decimos estar desconformes con
muchas cosas que se hacen; se escucha que desaparecen valores
importantes; criticamos la falta de responsabilidad en personas e
instituciones. ¿Es verdad? ¿Se puede hacer algo?
En diversos ambientes escucho quejas generalizadas. En
el seno de la familia, entre los jóvenes, en las charlas de amigos y
vecinos. Por esa razón encuentro también mucha gente triste,
desalentada. Parece que hubiera perdido la esperanza, las ganas de
luchar. No sólo les preocupa la falta de trabajo y la pobreza. Sino
las causas de estos y otros males, que dependen de la conducta humana.
Grave motivo de aflicción son los crímenes que se cometen y tantas
omisiones que provocan graves daños. Porque también se atenta contra
la vida, cuando no se atiende la salud, no se cuida la seguridad, o
mal se educa para el futuro.
Me atrevo a pensar en mucha gente, que se siente harta
de atropellos contra la vida y la propiedad, de mentiras y fraudes, de
la postergación de los más pobres. Gente que no resigna ante el dinero
o los bienes que se desperdician. Gracias a Dios, conozco infinidad de
personas responsables, que no han perdido sus ideales, y luchan por
edificar su vida sobre valores sólidos. Con ardiente deseo, confío que
estos últimos no se cansen ni se dejen vencer.
Cuaresma significa que los cristianos no hemos perdido
la esperanza porque toda conducta humana puede cambiar. Dios quiere
ser padre y amigo de todos. Nos ha dado su ley en los diez
mandamientos, que la tradición tanto judía como cristiana enseña, como
una sabiduría incomparable y permanente. La Palabra de Dios nos
presenta una vía de conversión, especialmente en estas semanas, como
guía segura de felicidad. Nada hay imposible para Dios. Sobre todo, si
pensamos que nos amó hasta entregarnos a su Hijo único como Salvador.
Es cierto: hace falta encontrarse con la propia
condición. A veces cargada de ilusiones y buenos intentos. Pero
también de fracasos. Por eso la Cuaresma comienza echando ceniza sobre
la cabeza de cada uno, sin distinción. Incluso sobre la del obispo.
Necesitamos caer en la cuenta, que somos débiles, y más feos de lo que
con frecuencia creemos. Tenemos costumbre de adornamos para parecer
mejores. Pero para cambiar el mundo que nos perturba con su malicia,
es preciso reconocer también que la llevamos dentro. Que los corazones
quieren el bien y no logran practicarlo. Pero entonces Dios invita a
volverse a Él, a convertirse, atrayendo con su Bondad y Misericordia.
Más que amenazando con el castigo. Nadie es más grande que Él. Nadie
quiere con más fuerza nuestro bien. Nadie ofrece un poder mayor que su
Gracia, que perdona, sana las heridas, y reconcilia a los
distanciados.
Algunos recordarán la Cuaresma como tiempo de
privaciones y de penitencia. No se propone como para castigarse, sino
más bien para dejar los excesos, y algunos otros placeres, a fin de
entrenar el espíritu en la difícil práctica del bien. Las buenas
acciones son emprendidas para retomar el camino correcto, pero a veces
abandonado, y para reparar los errores cometidos. Es un signo de
sinceridad consigo mismo y con los demás. Una forma especial de vivir
el amor, que se edifica y avanza sobre el reconocimiento de los yerros
y la voluntad de superar conflictos o desencuentros. Por todo ello,
digo que la Cuaresma tiene un profundo significado y deseo que todos
podamos vivirla este año con gran provecho.
Mons. José María Arancibia,
arzobispo de
Mendoza |