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VIERNES SANTO 2003
Palabras
de Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza en la celebración
del Viernes Santo - 18 de abril de 2003
1.
La celebración del viernes santo está centrada en la PASIÓN,
proclamada y escuchada como Palabra de Dios, y en la veneración
comunitaria de la CRUZ. No celebramos la Misa, porque
aguardamos –en oración y ayuno– su resurrección gloriosa, que
celebramos la vigilia del domingo.
El
pueblo cristiano distingue este día, por su especial significado.
Recuerda y medita la pasión y muerte del Señor, de muchas formas (via
crucis, representaciones vivientes, calvario, imágenes de Jesús:
Nazareno, atado a la columna, crucificado o yaciente, y de la Virgen
dolorosa, etc.) Es una tradición que pertenece ya a la cultura
misma de muchos pueblos (de modo especial en América Latina), que ha
dado lugar a numerosas devociones; expresiones sinceras y valiosas de
fe cristiana; necesitada seguramente de renovada evangelización, para
incorporar una relación más estrecha entre los misterios de muerte y
resurrección (que se advierte en la cruz con adornos y en el gesto de
bendecir haciendo una cruz); como también entre fe y vida. Esta
hermosa tradición peligra hoy por el materialismo, el racionalismo, o
por el descuido y la ignorancia de valores religiosos.
2. Entre las devociones mencionadas, se
destaca la imagen del ECCE HOMO (¡He ahí al hombre! Jn 19,5): una
devoción que pone delante nuestro al Jesús, varón de dolores, que
vencida la difícil prueba del huerto de los olivos, fue traicionado,
apresado e injustamente condenado, azotado, coronado de espinas,
vestido de rey y burlado. “En este oprobio no sólo se revela el amor
de Dios, sino el sentido mismo del hombre”... “quien quiera conocer al
hombre, ha de descubrir su sentido”... cuánto lo amó Dios en su Hijo,
identificándose con su miseria y abandono, “hasta la muerte y muerte
de cruz” (Flp 2,8) cf RVM 22). Al contemplar esta imagen encontramos
representado allí todo el sufrimiento de cualquier hombre o mujer;
niño, joven, adulto y anciano, en todo tiempo y lugar; ya sea como
víctima de enfermedad, odio, violencia, guerra, discriminación..., ya
sea arruinado por sus propios vicios. Nuestra esperanza alza los ojos
hacia este Jesús, con la seguridad de encontrar también allí el dolor
de todos ellos, asumido y redimido.
3. La lectura de la Pasión, según
san Juan, ofrece hoy una demostración para despertar o avivar en
nosotros la FE en Jesucristo: "El que vio estas cosas da testimonio de
ellas y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para
que también ustedes crean" (Jn 19,35).
El
evangelio destaca aspectos importantes, a la manera de una tragedia,
que muestra la cruda VERDAD del hombre y del mundo. Cristo, inocente
es juzgado y condenado, y ese juicio se vuelve sobre los hombres y
sobre el mundo entero, para acusar todo pecado, y más aún para
condenar el rechazo del Salvador. Juan describe: apóstoles cobardes, y
entre ellos un traidor: Judas; jefes religiosos (Anás y Caifás),
temerosos y sometidos al gobierno; Pilato autoritario y miedoso al
mismo tiempo; guardias ignorantes, torpes, sometidos; el pueblo
engañado por sus líderes, actuando masivamente, sin pensar, con un
falso patriotismo que traiciona su misma religión....
Pero
esa VERDAD comprende otra dimensión, más importante que el mencionado
drama del mundo mencionado; es el plan de Dios, su voluntad y
misericordia sobre la humanidad:
Jesús
es REY y SEÑOR: que se entrega con plena libertad, con decisión
resuelta, para cumplir con amor la voluntad del Padre; en obediencia
completa a El;
ELEVADO
hacia el cielo en la cruz, se convierte en centro de todo el drama
humano, y atrae a todos hacia sí mismo (ha sido entronizado como REY);
señala y logra el triunfo del amor y de la misericordia de Dios;
indica el juicio de quienes no lo reciben.
La
CRUZ, instrumento de suplicio, se convierte en SEÑAL de una humanidad
destruida y destructora, pero a su vez en TRONO de gracia, para
quienes se dejan atraer y creen (fuente de la cual brota el perdón y
la paz; del costado abierto de Cristo en la cruz brotó agua y sangre:
bautismo y eucaristía).
4. MARÍA nos propone los misterios
del Hijo, para que al contemplarlos puedan derramar su fuerza
salvadora sobre nosotros (cf RVM 11,2). Maria, dada por Madre a Juan,
al pie de la cruz (Jn 19,26-27), es recibida en casa (mi corazón, mi
familia, mi comunidad, mi patria), para ayudarme a hacer memoria de su
vida, muerte y resurrección, con fe y amor, para abrirme a la gracia
de Cristo (cf RVM 13,1). Esta convicción de fe me impulsa a recurrir a
Maria:
-Busco
comprender: Confío María en tu maternal
cercanía, ternura y paciencia, para que me ayudes a comprender, a lo
largo de la vida, este misterio siempre muy difícil de aceptar
-Contemplo
y recibo: Quiero imitarte, para no sólo traer
aquellos sucesos a mi memoria, sino contemplarlos y guardarlos en mi
corazón, como Tu, María, porque son hechos actuales, poderosos y
saludables para mi vida, y de ellos proviene una corriente inagotable
de gracia
(1)
-Me
configuro con Cristo doliente: Acompáñame,
María, para que no tema sufrir con Jesús, porque sé que asociado a Tu
hijo, servidor humilde, pobre, doliente y abandonado, como hiciste al
pie de la cruz, voy creciendo en la fuerza de la Pascua hasta el
triunfo definitivo
-Sirvo
al Señor en los pobres: Contigo, María, me dispongo a rogar y a
trabajar por los más pobres, ancianos, enfermos y olvidados, porque
en ellos encuentro a Jesús y puedo servirlo, mientras el mundo se
entera que Jesús está vivo y ha dado un impulso nuevo al amor.
Notas
San León Magno:
«Todo
lo que el Hijo de Dios hizo y enseñó, con miras a la reconciliación
del mundo, no sólo lo conocemos por el relato de los hechos pasados,
sino también lo experimentamos por la eficacia de sus obras presentes»
(Sermón 2 sobre la pasión).
Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza
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