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PATRÓN SANTIAGO  -2004-

¡Comparte con nosotros tu experiencia del Pan de Vida!


Mensaje de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza



1. El patronazgo de Santiago Apóstol sigue acompañando a Mendoza

Nos alegramos de esta tradición nuestra. La heredamos de los españoles, fundadores de Mendoza, que la trasmitieron sinceramente, desde su convicción cristiana. Es verdad que, antes como ahora, vivir plenamente de acuerdo con la fe en Cristo, no es nada fácil. Pero reconocemos que esa fe sí ofrece un ideal alto y noble, además la confianza en el Señor, para llevarlo a la práctica. Con esta consciencia, seguimos encomendando la vida de Mendoza al patronazgo del apóstol Santiago. Respetando todas las tradiciones culturales y religiosas que conforman en la actualidad la convivencia ciudadana. Pero también renovando el legado religioso recibido, ya que los valores espirituales son muy importantes como parte de una cultura. Por eso quisiéramos celebrar esta fiesta reavivando nuestra fe cristiana, y recordando algunas motivaciones que permiten esperar de ella valiosos frutos. 


2. Tenemos sobradas razones para recurrir a Santiago

En estos años, han surgido nuevas oportunidades de relación entre esta ciudad y España. Motivos familiares, laborales, comerciales y culturales, han forjado nuevas esperanzas y provocado ausencias dolorosas. A su vez, la fuerte inmigración de Bolivia, ha aportado a esta tierra su singular devoción hacia el patrón Santiago; en ella apreciamos precisamente un valioso intercambio cultural entre lo indígena y lo hispánico.

Ha sido tradicional en Mendoza, invocar la protección del apóstol contra los temblores y terremotos. Ojalá conservemos la convicción de necesitar la ayuda de Dios en todo, y de encontrar auxilio seguro en su providencia paternal. No hace falta vivir esta devoción con sentido mágico ni supersticioso. Se puede sostener desde el mismo Evangelio. Más aún: ojalá el patrono nos ayude a vivir bien los sacudones de la misma vida, que a veces obligan a revisar la marcha y a recuperar valores perdidos.


3. Este año le hacemos un pedido muy especial

Los católicos argentinos celebraremos este año el 10° Congreso Eucarístico Nacional, bajo el lema ¡Dénles ustedes de comer!, que son palabras de Jesús. El Santo Padre nos ha invitado además a dedicar un año entero a la Eucaristía. Una y otra ocasión nos invitan a buscar la ayuda del apóstol. Más todavía: la Eucaristía es para los católicos un valioso tesoro; somos conscientes de precisar una fe más profunda en este misterio, para vivir por entero en la esperanza y en el amor que brotan de este sacramento. Por lo tanto, con deseo de adentrarnos en la Palabra de Dios y en el misterio eucarístico, pedimos ayuda al patrón Santiago, implorando: ¡comparte con nosotros tu experiencia del Pan de Vida!


4. Una respuesta imaginada desde el Evangelio

Repasando con devoción varias escenas y palabras del Evangelio, nos atrevemos a formular la respuesta que Santiago puede darnos:


1. Acompañando al Señor por todas partes, nos dejó maravillados la multiplicación de los panes; quedamos admirados entonces de su corazón sensible hacia los pobres; con un gesto misterioso y solidario, dio de comer a una multitud hambrienta; incluso nos impactó que nos interpelara (Dénles ustedes de comer...), y nos involucrara en el reparto de aquellos panes interminables.

2. A propósito de los panes, Jesús quiso darnos la buena nueva de salvación, mucho más profunda todavía. Por un lado, que no nos dejáramos corromper por la levadura de la mentira, como los fariseos (Mt 16,5-12). Por otro, que pusiéramos atención y confianza en otro pan, bajado de cielo, que es Él mismo; tanto en su palabra como en su propio cuerpo, que nos daría en comida; de ese pan proviene la vida verdadera (Jn 6). En realidad, encontramos duro aquel lenguaje, pero no pudimos apartarnos de Él; la misteriosa atracción del Padre nos mantuvo a su lado (Jn 6,44.65), y el Espíritu nos mostró la verdad, más allá de nuestra visión carnal (Jn 6,63).

3. Supimos luego, que antes de comenzar sus correrías, había orado y ayunado en el desierto, donde fue tentado a convertir las piedras en pan; pero con una frase bíblica había contestado: No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Dt 8,3)

4. Cuando le pedimos que nos enseñara a rezar, admirados por verlo orar a Él, aprendimos de sus labios a pedir el pan cotidiano, comprendiendo que pedíamos tanto el alimento material, como el espiritual (Mt 6,11).

5. En la última cena, más sorprendidos que nunca, comimos su cuerpo entregado y su sangre derramada, entre el gozo, el miedo y los incertidumbre de aquella noche. Sólo después de la resurrección y recibido el Espíritu prometido, pudimos contemplar de lleno el misterio: esa era su Pascua, su muerte y resurrección; actualizada en memoria suya, y para nuestra salvación; misterio de fe; que hace gustar su presencia en el camino, como percibieron en Emaús al partir el pan (Lc 24,13-35); como lo habíamos experimentado en aquella comida junto al lago, preparada misteriosamente por él mismo, y después de la pesca milagrosa (Jn 21)  

6. Después de la ascensión del Señor, la “fracción del pan” fue una experiencia constante de comunión con el Resucitado, ligada estrechamente a la enseñanza apostólica, a la oración y al culto cristiano, que nos unía cada vez más en vínculos fraternos para querernos y ayudarnos:  Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común  (Hech 2,44).

7. No todo fue fácil entonces, porque también hubo engaños y persecuciones. A mi me tocó muy pronto dar la vida y derramar la sangre por mi Señor (Hech 12,1-2). Otros apóstoles tuvieron vida para llevar por todos partes el misterio de la “fracción del pan”; las comunidades se difundieron y crecieron en comunión de fe y de amor, en torno a la Eucaristía. Todos vislumbrábamos, sin embargo, que cada eucaristía nos hacía desear la mesa celestial,  anunciada cada vez, y nos encaminaba hacia ella, como banquete del reino consumado.


5. Santiago enseña y exhorta aquí y ahora

¿Qué aprendemos de esta confidencia que brinda el apóstol? Es duro carecer del pan cotidiano. Por eso nos duele la pobreza y la miseria. No podemos desentendernos de esa grave situación. Toda persona, por su dignidad, tiene derecho al pan ganado con su propio trabajo.

Pero hay además otras carencias aún peores, porque vacían el espíritu de valores importantes, como la educación, la verdad, la justicia, la concordia y el amor, la seguridad elemental, la solidaridad. El alimento que sacia ese apetito es más necesario todavía y más delicado; compromete a todos: tanto a quienes pueden ofrecerlo, como a quienes tienen que buscarlo y aceptarlo libremente para crecer, como personas y como comunidades.

Jesús mostró su poder dando milagrosamente de comer pan en abundancia. Era sin embargo el signo de otro pan misterioso: la Eucaristía; su cuerpo entregado en comida. Ese pan produce estrecha comunión con Él y trasmite su propia vida. Por eso es capaz de crear formas maravillosas de comunión fraterna. Incluso suscita y sostiene mil formas de caridad, para asistir y promover la existencia de los más necesitados.

La Iglesia, porque es apostólica, conserva Su mandato. Celebra su Pascua y se alimenta con el pan de vida, hasta que Él vuelva. Los cristianos, alimentados con la Eucaristía, estamos comprometidos e involucrados, para que todos tengan el pan y el trabajo. Si Mendoza crece y se desarrolla en tantos sentidos, bajo el patronazgo de Santiago, ha de crecer también en amor  a la Eucaristía; en amor fraterno; en sentido social y solidario.


Mons. José María Arancibia,
arzobispo de Mendoza



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