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SAN CAYETANO 2004


Homilía de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, en la celebración de San Cayetano (7 de agosto de 2004)



1. Cayetano: patrono de comunidades y de peregrinos

Han crecido las comunidades que tienen a san Cayetano como patrono. También las que quieren tener una imagen suya, aunque veneren otro santo como patrono. Crece aún más, la marcha de gente creyente hacia los lugares donde este santo es venerado. Multitudes lo invocan en sus preocupaciones sobre el pan y el trabajo; dos realidades que tienen que ver con lo más elemental de la vida, para tener un poco de paz y alegría. Destaco y quiero acompañar el espíritu religioso con que tantas personas viven estas inquietudes en la Argentina de hoy. Sería lamentable que en una situación que aflige, nos olvidáramos de Dios.

Recordemos entonces, lo más importante de tener un patrono y de ser peregrinos:

-el PATRONO (que es celestial, no un patrón humano): protege, auxilia, y enseña; tengamos entonces una actitud confiada ante él, y el deseo verdadero de aprender;

- la PEREGRINACIÓN: es una marcha esforzada, como la vida misma; se hace para orar; para descubrir la caridad de Dios y ejercitar la nuestra. Hagamos conciente, entonces que venimos hasta aquí, con plena y  libre voluntad de caminar; no queremos permanecer quietos y abatidos, sino avanzar; con el deseo sincero de encontrar a Dios, para agradecer y suplicar; necesitamos sentir el calor de su amor, y confiar en Él; también precisamos ejercitar nuestro generoso amor al prójimo, compartiendo lo que somos y tenemos. Este es el sentido de las ofrendas que recibe y comparte cada santuario.


2. Agradecer y pedir pan y trabajo, en un lugar santo y con los santos, significa mucho:

Todo contacto con las cosas santas, hecho con sencillez, permite encontrarse con Dios, porque sólo en Él está la santidad. Ni este lugar de peregrinación, ni la figura del santo, pueden tener esa especial dignidad, sino porque están referidos por entero a Dios. Por eso nos reciben y consuelan como a hijos necesitados de hablar con Dios y de escucharle, para vivir en esperanza y en amor. Afiancemos pues nuestra convicción sobre el sentido de este encuentro. La fe de cada uno ayuda a los demás; y formando parte de este pueblo creyente, orante, y caminante, cada uno se siente confortado y acompañado, en la vida, que a veces se nos hace muy difícil. ¿Qué recordamos entonces, al rezar aquí por pan y trabajo?

El PAN: no es sólo el alimento material; la comida que permite subsistir; sino también, y más todavía, el alimento espiritual, que no nos puede faltar, y que Dios ofrece sobre todo en Su Palabra y en la Eucaristía. Busquemos con ansia este pan, para tener vida en abundancia. No descuidemos los bienes espirituales, sin los cuales aún los materiales en abundancia son traicioneros. Así lo enseña Jesús en el Evangelio. Así lo pedimos en el Padrenuestro. Ese tiene que ser mi mensaje como pastor. A la Argentina no le faltan campos de trigo, ni pan en abundancia. Sin embargo las cifras de la pobreza son alarmantes. Carece, por tanto, de corazones educados, para vivir como pueblo laborioso, honesto y solidario. Por eso es tan valioso cultivar los valores del espíritu.  

El TRABAJO: es una ocupación digna para sentirse útil como persona, y para ganar el pan cotidiano, de uno mismo y de su familia. Requiere la capacidad y la preparación para asumir compromisos y actuar con responsabilidad. Supone la voluntad de compartir con otros el esfuerzo, y de pensar también en el bien común que juntos construimos. Entonces, no es sólo un puesto para trabajar y un salario merecido, porque necesita de un ánimo esforzado, decidido, voluntarioso. El trabajo hace crecer en dignidad y respeto, frente a uno mismo, y frente a los demás. Desarrolla las capacidades de cada uno y permite contribuir al progreso de todos. No poder trabajar es una privación muy grave. Tampoco es una solución verdadera mantener a los que pueden trabajar, con subsidios que no los comprometen. Pidamos, pues, trabajo para todos, y también las cualidades de un buen trabajador, que desea crecer como persona en esfuerzo y generosidad, asumiendo responsablemente su vida, la de su familia, y la de su comunidad entera. Pidamos para los gobernantes, empresarios y estudiosos, la sabiduría y rectitud, a fin de que busquen solución a los urgentes y graves problemas que nos agobian. Se lo pedimos a Dios para ellos, y a ellos como responsabilidad ante Dios.


3. Queremos irnos cargados de esperanza y de enseñanza

Seguramente todos volverán a su casa contentos de haber participando en este encuentro de fe. Como se suele decir, satisfechos de haber cumplido con agradecer y con pedir, para sí y para parientes o amigos. En verdad, el corazón se hace grande y noble cuando sabe agradecer a Dios, desde la vida misma -origen de todo bien-, hasta el aliento de cada instante, y cualquier bocado que su providencia nos regala. Al encontrarnos en lugares como éste, y sobre la senda de hombres santos como el sacerdote Cayetano, nos estimula y sostiene.

Es bueno que además del cumplimiento, encontremos aquí motivos de esperanza. Porque Dios nunca abandona, sino que nos cuida y conduce como padre bondadoso. Así lo hemos proclamado en la Palabra de Dios, que suscita fe y confianza. Porque no dudamos de su poder divino para mover los corazones humanos, y conseguir que todos busquen y practiquen el bien completo con generosidad y alegría.

Queremos regresar también con la convicción de haber aprendido algo más. Nunca nos volvemos hacia Dios, sin que Él nos revele su ternura de padre comprensivo y providente. Y cada vez que invocamos la intercesión de los santos, en este caso de San Cayetano, su figura se torna modelo vivo para nuestro caminar. Hoy tenemos que llevarnos como imagen espiritual, la figura de un hombre contento de servir a Dios ante todo, y en cualquier circunstancia; dedicado con pasión a procurar justicia para los más olvidados, solidaridad para los más pobres. Vivir esos valores es posible en este mundo. En ellos se funda la felicidad más auténtica.


Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza



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