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Juramento a la bandera, bendición
de uniformes y sables


Escuela de Oficiales y Suboficiales de la Prefectura Naval Argentina
(Zárate, 30 de junio de 2004)


Jóvenes, les he escrito

porque ustedes son fuertes,

y la Palabra de Dios permanece en ustedes

y ustedes han vencido al Maligno. 

No amen al mundo ni las cosas mundanas.

Si alguien ama al mundo,

el amor del Padre no está en él

porque todo lo que hay en el mundo

–los deseos de la carne,

la codicia de los ojos

y la ostentación de la riqueza–

no viene del Padre, sino del mundo,

pero el mundo pasa y con él sus deseos.

En cambio, el que cumple la voluntad del Padre

permanece eternamente. (Jn. 2, 14-17)


Jóvenes que se preparan para ser miembros de nuestra querida Prefectura. Hoy con el juramento a la bandera, al vestir el uniforme, dan un paso significativo en su vida que aspiran a consagrarla al bien de la comunidad en el ámbito propio de la institución.

Me pareció oportuno en esta ocasión transmitirles lo que la Palabra de Dios por San Juan piensa de los jóvenes.

Contiene tres afirmaciones: 

Son fuertes.

Han aceptado el mensaje de Dios.

Han vencido al Maligno.

Y una exhortación: “no cedan a los principios del mundo”: pasa, termina, no satisface al hombre... Sólo el que cumple la voluntad del Padre permanece para siempre.

Me detengo en sólo una de las afirmaciones: han vencido al Maligno.

El padre de la mentira, el homicida –como lo llama el Señor en el Evangelio.

Frente al homicida, el que quiere destruir al hombre como imagen de Dios, Uds. por su vocación están llamados a velar por la dignidad del hombre. No se trata de sólo defender los derechos humanos (hay una hipertrofia de derechos); sino de la dignidad del hombre. Que, si quiere vivir la vida con dignidad, también debe asumir sus deberes. Uds. lo han experimentado en su familia y, claramente, en el establecimiento de su formación.

Vivir con dignidad, vivir lo auténticos valores, defender por eso la vida digna de los ciudadanos, en el ámbito que le es propio, es una misión clave de la Prefectura... Y es luchar contra el Maligno: el homicida...

...Y el padre de la mentira. La corrupción que sufrimos y que afecta a todo el tejido social de nuestra patria tiene, como una de sus raíces, la mentira: desde las promesas falsas, hasta el engaño con el que tantas veces se topan los miembros de la Prefectura en su labor diaria: la tentación de la coima para cerrar los ojos ante irregularidades, el afán de figurar, de quedar bien parado ante los jefes o el público descargando responsabilidades en otros... y tantas otras expresiones de esa mentira que campea como moneda de uso corriente en nuestros ambientes comerciales, políticos, de los medios de comunicación social... y que se van infiltrando subrepticiamente en nuestras instituciones o aún, en nuestras relaciones personales...

Ustedes ¿han vencido al maligno?

¿viven en la verdad?

¿en el respeto por vida digna de las personas?

Ese es el desafío, esa es la responsabilidad que tienen como futuros prefectos...

Que no les falte nunca la ayuda de Dios y la voluntad para llevarlo adelante.

Señor que tienes tanta esperanza en los jóvenes, mira a esta juventud que da hoy un  paso importante en su vocación de servicio dentro de Prefectura Naval. Que cuenten contigo para vivir en la verdad y en el respeto por la dignidad de las personas. Que no vacilen cuando tengan que enfrentar al que delinque y alentar al que se siente amenazado. Que no vacilen en vivir en la verdad y en el servicio generoso, abnegado y perseverante.

Maria, Stella Maris, protectora de nuestra Prefectura, sé una estrella para estos hijos tuyos –los que hoy revisten el uniforme, los que lo llevan desde años– una estrella que los guíe y estimule en el cumplimiento de su deber, en realizar los altos ideales de Prefectura Naval Argentina.


Mons. Antonio Juan Baseotto, obispo castrense



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