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LOS DIEZ MANDAMIENTOS


Carta Pastoral de Adviento del obispo de Añatuya, 
monseñor Antonio J. Baseotto (17 de noviembre de 1997)



1.
Adviento significa que Dios "viene hacia el hombre". El hombre, en cambio, huye de Dios. Se aleja. Lo ignora. El hombre enajenado. Fuera de sí. Perdiendo terreno en lo que le es propio: la capacidad de reflexión. No encuentra ambiente propicio para entrar dentro de sí, conocerse, tomar conciencia del sentido que tiene su vida. Y así, la orientación que debe darle a sus actos y a su conducta. Adviento significa que Dios "viene hacia el hombre". El hombre, en cambio, huye de Dios. Se aleja. Lo ignora. El hombre enajenado. Fuera de sí. Perdiendo terreno en lo que le es propio: la capacidad de reflexión. No encuentra ambiente propicio para entrar dentro de sí, conocerse, tomar conciencia del sentido que tiene su vida. Y así, la orientación que debe darle a sus actos y a su conducta.

Los medios de comunicación social se introducen en su intimidad, distorsionan sus ideas y principios. Y tienen tal poder invasivo, que no le dan tiempo para mirar a su interior. Se suma a esto, el ritmo cada día más acelerado que se le ha impreso a la vida. Y tenemos un panorama que, al hacer tan difícil la reflexión, lo deja al hombre andar a la deriva y le quita las bases para una sólida esperanza.


2.
Eso mismo contribuye a que el ser humano renuncie a la capacidad de pensar con sentido crítico, renuncie a las responsabilidades ante su propia conciencia y su comunidad: renuncie a sus derechos de persona. Ya no es capaz de pensar por sí mismo: se ha masificado. No es la imagen de Dios, única e irrepetible. Se ha ido transformando en una imagen en serie, desfigurada, mutilada, que muy poco tiene que ver con el original. Eso mismo contribuye a que el ser humano renuncie a la capacidad de pensar con sentido crítico, renuncie a las responsabilidades ante su propia conciencia y su comunidad: renuncie a sus derechos de persona. Ya no es capaz de pensar por sí mismo: se ha masificado. No es la imagen de Dios, única e irrepetible. Se ha ido transformando en una imagen en serie, desfigurada, mutilada, que muy poco tiene que ver con el original.

Frente a esta dificultad, frente a los problemas que esto produce, el tiempo de ADVIENTO nos ofrece un marco para meditar. Y, tras ello, reubicar las diversas piezas que forman nuestra vida.


3.
Estamos en las postrimerías del año dedicado al Espíritu Santo. Entramos (llamados a la conversión) al año del Padre. ¿Se ven en nosotros los frutos del Espíritu Santo "amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio de sí"? (Ga 5, 22-23). Estamos en las postrimerías del año dedicado al Espíritu Santo. Entramos (llamados a la conversión) al año del Padre. ¿Se ven en nosotros los frutos del Espíritu Santo "amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio de sí"? (Ga 5, 22-23).

En el año 1999, dedicado al Padre, se nos invita de una manera más insistente a la conversión y reconciliación. Pero para dar de manera decidida ese paso, es necesario tomar conciencia de nuestro mal. Repetir con el hijo pródigo del Evangelio: "Yo aquí me muero de hambre". Estoy en la última miseria: "Me levantaré y volveré a mi padre" (Lc 15, 11-32).


4.
Jesús en las diversas instrucciones en las que planteaba cuál es el más importante y necesario de los mandamientos, repetía: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante al primero: amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22,37-40, etc. ). Jesús en las diversas instrucciones en las que planteaba cuál es el más importante y necesario de los mandamientos, repetía: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas tus fuerzas. Y el segundo es semejante al primero: amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22,37-40, etc. ).

Estos dos mandamientos se desglosan en los diez promulgados en el monte Sinaí por medio de Moisés, y que han contribuido a formar la conciencia del pueblo elegido. Los que hoy se postergan, de los que se reniega y hasta se pretenden sustituir por los mandamientos de la "madre tierra".

"Amarás al Señor, tu Dios: no tendrás otro Dios más que a mí, no tomes el nombre de Dios en vano, acuérdate de santificar las fiestas" (Ex 20, 1-17).s" (Ex 20, 1-17).s" (Ex 20, 1-17).


5. "No tendrás otro Dios más que a Mí"

Es sabido cómo proliferan entre nosotros sectas y cultos que desfiguran completamente la imagen de Dios. Desde quienes tienen reuniones en grupos a la luz de velas negras y otras rarezas, ofrecen sacrificios de animales con alusiones (abiertas o solapadas) a Satanás, hasta los que profesan la reencarnación, con lo que niegan la base de nuestra fe, "ya que si no hay resurrección tampoco Cristo ha resucitado... y seríamos los más infelices de los hombres..." (1 Co 15, 13-19).

Tampoco reconocen el señorío de Dios quienes buscan suerte en horóscopos, adivinos y procedimientos mágicos. Desean someter a sus gustos el poder de Dios pretendiendo neutralizarlo con sus prácticas o manipularlo para su utilidad ¿Se puede pensar que ahí hay un verdadero reconocimiento de Dios como Señor?

Por otro lado, hemos repetido muchas veces lo de San Pablo: "Tienen como Dios a su vientre". Excesos en comida, bebida, sexo, sin dominio de los instintos desbocados por el pecado original: "Quienes tales cosas hacen no poseerán el reino de Dios". Y a los que tienen por Dios al dinero, les advierte Cristo: "No se puede servir a Dios y al dinero".

Por eso afirmaba al principio que nos encontramos con una sociedad que ha renunciado de Dios. Por eso está huérfana y sin esperanzas. De ahí la necesidad de experimentar el Padre Nuestro. Ha apostado por la muerte: estamos ante una "cultura de la muerte". El hombre sin Dios es un contrasentido.


6.
"No tomar el nombre de Dios en vano"

Lo vano es lo que no tiene consistencia ni gravitación. Y es tomar el nombre de Dios en vano no sólo el juramento (y más si es en falso); sino también la invocación de Dios cuando la vida va en dirección opuesta a su voluntad. "¿De qué le vale el hombre decir: 'Señor, Señor'? Lo que Dios quiere es que se cumpla su voluntad. Cuando vemos peregrinaciones a Mailín, a Huachana... cuando vemos procesiones de Nuestra Señora del Valle, de La Merced... y conocemos cómo viven moralmente muhos de los peregrinos y promesantes, viene espontáneamente la cuestión: Y esto ¿no es invocar el nombre de Dios en vano?... Y si esa invocación a Dios (presencia en procesiones o peregrinaciones) tienen como único fin un rédito político, nace el reproche de Jesús a los fariseos: "Sepulcros blanqueados"... (Mt 23, 25-29).

Llamamos a Dios "Padre nuestro" ¿Hasta qué punto nuestra vida honra al Padre? ¿No es acaso un hecho que mucha gente toma como pretexto y justificación de su vida desordenada diciendo: ‘Se llama cristiano y mire su proceder...’ Y ahí aparece desde la crítica vecinezca y el chisme doméstico, hasta la corrupción y la infidelidad. ¿Podemos llamar a Dios Padre, llevando una vida tal? "Tomamos su santo nombre en vano..."


7. "Acuérdate de santificar las fiestas"

Juan Pablo II hace pocos meses publicó la encíclica: "Dies Domini". Insiste allí que el cristiano debe darle al domingo el carácter religioso que le es propio. Nuestra diócesis, por muchos años ha sufrido la falta de sacerdotes. Es comprensible que no se haya adquirido el hábito de participar en la celebración de la misa dominical. Pero ya ha pasado casi una generación. Y esta generación nueva tiene conocimientos y posibilidades que no podían soñar quienes nos antecedieron. Se han multiplicado las iglesias y capillas (unas 200 en 37 años). Se ‘multiplican’ los sacerdotes para celebrar varias veces los sábados y domingos. En muchos parajes hay religiosas y laicos catequistas capacitados para la celebración de la Palabra.

Por eso, con estas posibilidades debemos preguntarnos: ¿Honramos debidamente a Dios, el Señor de la Creación, en su día: el domingo? ... ¿en el día de Jesucristo, que nos salva con su sacrificio? ... ¿de la Iglesia, que como comunidad se reúne y toma conciencia de sí misma? ... ¿día del hombre que reivindica su dignidad y expresa su amor solidario?... ¿día de los días, ya que debe dar una impronta de fe a la semana que comienza? Está muy bien que se practique el deporte, que haya reuniones familiares festivas. ¿Pero está bien robarle al Señor su día al deformarlo, vaciándolo de su contenido sagrado?

Si una mutilación física disminuye al hombre en su capacidad de trabajo, de relación... ¿cuánto más una mutilación en lo espiritual? Laicizar el domingo, transformarlo sólo en el día del deporte es vaciarlo. Y perjudicar al hombre mismo, a quien se priva de la dimensión de lo divino. Desfigurar, desnaturalizar el domingo no es sólo desprecio de Dios, sino también una degradación del ser humano.


8.
Nos encontramos en un ambiente de lamentable ignorancia religiosa, aun en quienes se han formado en nuestros colegios religiosos. Nos encontramos ante un ambiente donde el interés por lo material (desde el deporte hasta los espectáculos, el dinero y el poder) pretende quitarle la primacía a Dios, que ha querido acortar distancias con el hombre, haciéndose Él mismo hombre (la Palabra de Dios se hizo carne); el Emmanuel (Dios con nosotros) se ve marginado, rechazado por el mismo hombre por quien da la vida, a quien quiere salvar (Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, 1 Tm 1, 15; 2,4; etc.). Nos encontramos en un ambiente de lamentable ignorancia religiosa, aun en quienes se han formado en nuestros colegios religiosos. Nos encontramos ante un ambiente donde el interés por lo material (desde el deporte hasta los espectáculos, el dinero y el poder) pretende quitarle la primacía a Dios, que ha querido acortar distancias con el hombre, haciéndose Él mismo hombre (la Palabra de Dios se hizo carne); el Emmanuel (Dios con nosotros) se ve marginado, rechazado por el mismo hombre por quien da la vida, a quien quiere salvar (Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, 1 Tm 1, 15; 2,4; etc.).

Jesús en la última Cena publica su mandamiento: "Les doy un mandamiento nuevo: Amense 1os unos a los otros como yo los he amado. Así como yo los amo deben amarse mutuamente. Si se aman unos a otros, todo el mundo se dará cuenta que son discípulos míos" (Jn 13, 34-35). Es el mandamiento que sintetiza a los siete restantes del Decálogo.


9. "Honrar al padre y a la madre"

Mandamiento promulgado por Dios; pero inserto en el mismo corazón del ser humano. Mandamiento que declara sagrada a la familia. Cuanto atentado se perpetra contra la familia va contra la naturaleza misma del hombre: va contra el amor. Desde proponer como matrimonio la unión antinatural de homosexuales, hasta defender los derechos del niño oponiéndolo al deber que tienen los padres de educarlo. Desde equiparar las uniones sin sacramento o después del divorcio, con el Sacramento del que la Palabra de Dios ha dicho que es imagen de la unión (de la alianza) de Cristo con su Iglesia.

Existe en este terreno de la familia una confabulación mundial expresada de manera prepotente en los foros internacionales que procuran la destrución de la familia, exhibiendo el fantasma de la superpoblación, exagerando (y falseando) números y estadísticas... y apelando a la más grave de las mentiras manipuladas ideológicamente.

Concentrar la población en las ciudades y sus periferias no sólo crea delincuencia y criminalidad incontenibles, sino que van destruyendo al hombre mismo al quitarle el sustento social y psicológico de la familia.

Las escuelas, por más buenas que sean (y no siempre lo son, lamentablemente), nunca podrán suplir a la familia, aunque sea analfabeta. ¡Cuántos analfabetos de nuestro monte tienen más sabiduría que personas ilustradas!

El menosprecio por la autoridad paterna, el mostrar a los ancianos como un estorbo y una carga para la sociedad materialista, van contribuyendo a que el hombre se sienta cada día más infeliz y procure ahogar su vacío interior en las drogas (desde el alcohol hasta las más sofisticadas), o terminar con una vida sin sustento y sin sentido... Y no nos admiremos si aumenta el número de suicidios, especialmente en los más jóvenes...

"Honra a tu padre y a tu madre si quieres gozar de larga vida" (Ex 20,12). (Ex 20,12). (Ex 20,12).


10. "No matar"

Los medios de comunicación social presentan la muerte violenta como algo cotidiano. Crece el desprecio por la vida ajena. Por robar unos pesos, no se vacila en eliminar a una persona. La policía se ve muchas veces con las manos atadas cuando se trata de prevenir o reprimir la violencia. Las leyes son cada días más permisivas. La Justicia cada vez más débil. Todo esto va produciendo una generación que no respeta a su prójimo en su derecho más elemental: el derecho a la vida. Y cuando a esto se suman las ideologías que estrechan los horizontes de la conciencia, más aumentan los homicidios.

En este contexto no podemos dejar de denunciar una propaganda obsesiva para defender el aborto. Y éste no es un tema exclusivamente religioso. Es, primariamente, biológico ¿Es un ser humano? "Sí", lo afirma la Biología. Luego, su muerte causada ex profeso es un homicidio, un asesinato. Y quien lo perpetra es un asesino y un homicida. ¡Cuánto se ha comentado, cuánta propaganda y manifestaciones sobre el crimen del que fue víctima el fotógrafo Cabezas!: "No nos olvidemos de Cabezas..." ¿Y por qué hemos de callar, silenciar la muerte de tantos inocentes? No sabemos si Cabezas era inocente o no. Pero sí nos consta que la criatura en gestación (el "nascituro") es inocente... Y si un delito se le atribuye es el de presentarse a la vida sin haberlo pedido...

"No matar". Nos hacemos cruces por las víctimas de los nazis: había segregación racial y se eliminaba a quien no era de raza aria. Y segregar al que no ha nacido, ¿no es un crimen abominable? Nos hacemos cruces por las víctimas de los nazis: había segregación racial y se eliminaba a quien no era de raza aria. Y segregar al que no ha nacido, ¿no es un crimen abominable? Nos hacemos cruces por las víctimas de los nazis: había segregación racial y se eliminaba a quien no era de raza aria. Y segregar al que no ha nacido, ¿no es un crimen abominable?


11. "No fornicar"

Encauzar debidamente un potencial tan vigoroso como el sexo, no es nada fácil. Pero es un desafío para el ser humano. Los animales tienen una regulación natural dada por la época de celo. El ser humano, por el desorden en que vive en relación con los ritmos biológicos, ha perdido esa norma natural. Y tiene como agravante la influencia de la imaginación azuzada por lo que le ofrece la sociedad a través de charlas, conferencias, literatura, medios de comuicación social, pornografía, exhibicionismo, etc. Hasta por campañas oficiales para prevenir enfermedades de tranmisición sexual, como el SIDA. Esas campañas ni aluden a la posibilidad de guardar la castidad. Y la castidad es un valor humano y cristiano que está incluido en la verdadera caridad.

Quien ha caído en la droga del sexo sin barreras ni normas, está en situación inferior al animal. Es un ser humano degradado. Y esa degradación lo lleva hasta la violencia más inaudita y los excesos no imaginados. La sabiduría de Dios que pone el mandamiento de no fornicar vela por la integridad de la persona humana, imagen y semejanza suya.


12. "No hurtar"

Cuando se habla de robo, el público apunta a la corrupción y señala con el dedo a funcionarios. Viene a colación lo que dice el Señor: "El que está sin pecado, tire la primera piedra", o la glosa de Cervantes: "No tires piedras al tejado de tu vecino si el tuyo es de vidrio". Cuando se habla de corrupción y se mira a otro lado, se sigue la estrategia del tero: Distraer y alertar lejos del nido propio. Estamos viviendo en una sociedad donde el respeto por lo ajeno brilla por su ausencia. Y especialmente se ve en la falta de cumplimiento del propio deber. Roba quien no cumple bien con su trabajo: desde el albañil que usa una mezcla floja para tener pronto otra reparación hasta el maestro que siempre encuentra un punto del reglamento que lo salve de dar clases: ¿y los derechos de los alumnos?

El Séptimo Mandamiento nos indica el respeto que debemos tener por los derechos de los demás. Hemos ejercitado nuestra elocuencia y capacidad organizativa para defender nuestros derechos. Ya es hora de que sacudamos la conciencia propia para caer en la cuenta de que también tenemos deberes que cumplir y no sólo derechos que reclamar.


13. "No levantar falso testimonio ni mentir"

Cuando Jesús habla del demonio, lo llama el padre de la mentira. Y tiene una prole numerosa en el mundo hoy... Vivir de las apariencias, fingir lo que no somos ni tenemos, sacrificar bienes y valores, postergar necesidades básicas, para hacer creer que se tiene cierto nivel, etc., no son sino distintas expresiones de la mentira. Promesas que son ‘salir del paso’, pero sin la menor intención de cumplirlas, etc.

Existen sectores de la comunidad donde la mentira se cuenta como moneda corriente: políticos, abogados... Las honrosas excepciones salvan a estos "servidores", que son tan importantes para la comunidad. Pero la desconfianza con que los mira el público por las experiencias vividas, contribuyen a una situación de inseguridad y malestar que nos alejan de la paz verdadera y de una convivencia normal.

Se podría seguir la lista indefinidamente. Pero más vale centrar nuestra atención en quien viene a ser "Testigo de la verdad" (Jn 18, 37) y enseñó que nuestro lenguaje debe ser: Sí, cuando es sí. Y no cuando es no.

El ser humano instintivamente apuesta por la seguridad. Y no hay seguridad si no hay verdad. Contemplemos con admiración y gratitud a quien es "camino, verdad y vida" y roguémosle con insistencia que tengamos la decisión de emprender ese camino de verdad.


14. "No desear la mujer de tu prójimo"

Con dolor vemos cómo se deshacen hogares, aun de matrimonios que en algún momento fueron ejemplo. La fidelidad, la estabilidad de la familia está en una situación de aguda crisis. Con una irresponsabilidad de adolescentes, se asume la misión de construir un hogar, y con la misma irresponsabildiad se lo destruye. La prueba más evidente del egoísmo a ultranza, de un espíritu estrecho y mezquino que sólo piensa en su gusto. Y se abandonan real o psicológicamente a los hijos que irán a sumar grupos de protesta contra todo, de inadaptados, cuando no de automarginados por la droga o la delicuencia. Quebrantar el noveno mandamiento es engrosar en la juventud las filas de la prostitución, de la homosexualidad, de una sociedad disgregada que, a paso lento pero seguro, se encamina a su autodestrucción.

Los problemas que aquejan al mundo, no nacen tanto de la polución ambiental, de la degradación de la biósfera, de la superpoblación: sino de la degradación del hombre que va perdiendo su temple porque busca lo que le gusta, lo que le resulta más fácil, lo que hacen todos, o lo que le ofrecen los modelos importados por los medios de comunicación social de los países que se llaman desarrollados. Han cifrado su desarrollo en más técnica, más dólares, más consumo... y más insatisfacción. Porque todo llega a ser descartable: desde el cónyuge hasta los propios hijos. Cuánta actualidad conserva el lema del Gran Jubileo, extraído de la carta a los Hebreos: "Cristo hoy, ayer y siempre". Él es el sí al Padre que lo envía al mundo para que el hombre se salve...


15. "No codiciar los biene ajenos"

Cuando lo material el ‘tener más’, es el norte al que orienta toda su preocupación el hombre, es el ídolo al que sacrifica todo, se potencia el egoísmo, crece la marginación, se atropellan los derechos fundamentales de los que estorban, aumenta la envidia, la competencia desleal y la mentira. No se repara en medios para conseguir los propios fines: tener más a cualquier precio. Se constituye como Dios al dinero. Y a ese ídolo (como lo llama San Pablo) se le sacrifica desde la salud hasta la familia, desde la amistad hastra la conciencia. Es el ídolo más tiránico y voraz. Nada satisface su apetito. Y lo coacciona al hombre a seguir en una carrera de codicia que nada lo detiene. "Ay de vosotros los ricos -dice Jesús-" (Lc 6, 24). Tengamos presente que quien preparaba los caminos para recibir al Señor, vivía en el desierto cubierto con una túnica de pelos de camello y ceñido con un cinturón de cuero crudo (Mc 1, 5). Y el mismo hijo del hombre no tenía en propiedad "ni una piedra donde reclinar su cabeza" (Lc 9, 58). Y ya próximos a Navidad recordemos "que no había para ellos un lugar en el albergue de Belén". Y el Creador tuvo por primera cuna un pesebre y por domicilio una gruta, donde no abundaban las comodidades precisamente (Lc 2,7).

Este tiempo de Adviento con su llamado a la conversión, nos invita a mirar al mundo y a la vida con ojos nuevos. Tal vez, con ojos de niño ya que 'de los tales es el reino de los cielos’. Con ojos de la verdad, esa que adquiere todo su relieve cuando debemos partir a la vida que no tiene fin.

No dejemos que pase esta Navidad sin recobrar la inocencia que, tal vez, perdimos por el pecado. Ingresemos al año 1999 de nuestra Redención con el ardiente deseo del encuentro con el Padre, con la novedad de vida que ha comenzado en nosotros el "Espíritu que da vida", "que hace nuevas todas las cosas", porque ha venido el Salvador.

¡Abramos las puertas a Cristo! Feliz Navidad y Año Nuevo de la Redención 1999.

Roma, 17 de noviembre de 1998.

Fiesta de los Mártires Roque González de Santa Cruz y Compañeros.


Mons. Antonio Baseotto,
Obispo de Añatuya


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2196, del 20 de enero de 1999


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