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JORNADA POR LA VIDA
HOMILÍA DEL CARDENAL BERGOGLIO

Homilía del arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, SJ, con motivo de la Jornada por la Vidal, realizada en la Universidad Católica Argentina (UCA) - 25 de marzo de 2004

 

El Sí de María abre la puerta a un largo camino: el del Hijo de Dios entre nosotros. Hoy comienza este andar del Señor quien “pasó haciendo el bien”, curó nuestras heridas con sus llagas, proclamó nuestro triunfo con su Resurrección. Jesús camina en medio de su pueblo ya desde el seno de su Madre; quiere seguir todos nuestros pasos incluso el camino del niño por nacer. Se hizo igual a nosotros en todo menos en el pecado. Este acontecimiento cambia radicalmente la existencia humana. El Señor asume nuestra vida y la eleva al orden sobrenatural. La presencia del Verbo de Dios venido en carne transforma, sin negarlo, todo lo humano, lo eleva, lo coloca en la dimensión del Reino de Dios. Así, Jesús por nacer ilumina también la vida de la persona en el vientre de su madre. Desde nuestra fe –por el misterio de la Encarnación del Verbo- lo humano, lo que está en el orden de la ley natural, adquiere la nueva dimensión sobrenatural que, sin negar la naturaleza, la perfecciona, la lleva a su plenitud.

Con este acontecimiento se abre una nueva perspectiva para considerar el origen y el desarrollo de nuestra vida y, en el caso que nos ocupa, Cristo en el seno de María es clave hermenéutica para comprender e interpretar el camino, la vida. Y los derechos del niño por nacer, para entender más nítidamente lo que ya, al respecto, nos dice la ley natural.

Jesús se hace niño. Jesús comienza como todo niño y se integra en la vida de familia. La ternura de la madre hacia ese hijo que viene, la esperanza del padre (adoptivo en este caso) que ha apostado al futuro de la promesa, el paciente crecer cada día un poco más hasta el momento de ver la luz, todo esto que se da en la gestación de los niños, con Jesús adquiere una nueva significación que ilumina la comprensión del misterio del hombre y marca nuestra existencia con valores que florecen en actitudes: ternura, esperanza, paciencia. Sin estas tres actitudes (ternura, esperanza, paciencia) no se puede respetar la vida y el crecimiento del niño por nacer. La ternura nos compromete, la esperanza nos lanza hacia el futuro, la paciencia acompaña nuestra espera en el cansino pasar de los días. Y las tres actitudes constituyen una suerte de engarce para esa vida que va creciendo día a día.

Cuando estas actitudes no están, entonces el niño pasa a ser un “objeto”, alejado de su padre y de su madre, y muchas veces “algo” que molesta, alguien intruso en la vida de los adultos, quienes pretenden vivir tranquilos, replegados sobre sí mismos en un egoísmo paralizante. Desde el seno de su Madre Jesús acepta correr todos los riesgos del egoísmo. Ya nacido, pero niño aún, fue sometido a la persecución de Herodes quien “mataba a los niños en su carne porque a él lo mataba el miedo en su corazón”. Hoy también a los niños, y a los niños por nacer, los amenaza el egoísmo de quienes sufren la sombra de la desesperanza en su corazón, la desesperanza que siembra miedo y lleva a matar. Hoy también nuestra cultura individualista se niega a ser fecunda, se refugia en un permisivismo que nivela hacia abajo, aunque el precio de esa no-fecundidad sea sangre inocente. Hoy también estamos influenciados por un teísmo biodegradador de lo humano; ese teísmo spray que pretende suplir a la gran Verdad: “el Verbo es venido en carne”. Hoy también la propuesta cultural a replegarse sobre sí mismo en una dimensión egoísticamente individualista se construye a costa de los derechos de las personas, de los niños. Estos son rasgos del Herodes moderno.

La Encarnación del Verbo, Jesús niño por nacer en el Vientre de María, nos convoca una vez más a la valentía. No queremos degradarnos en la cultura facilista que nos anula y que siempre –porque mata de a poco– termina siendo cultura de la muerte. Queremos reivindicar la presencia de Cristo ya en el seno de su Madre, presencia que resitúa la realidad del niño por nacer. Aquí se fundamenta nuestro Sí a la vida, un Sí motivado por la Vida que quiso compartir el que es nuestro Camino. En Cristo la centralidad del hombre como obra maestra de la creación llega a su plenitud. Participando de esa plenitud comprendemos más profundamente el misterio del hombre desde el instante de su concepción y el orden deontológico natural que regula esta vida.

En este día de la Encarnación del Verbo quiero pedirle a nuestra Madre, la Virgen María, que nos ponga junto a Jesús. Que haga crecer en nuestros corazones actitudes de ternura, de esperanza, y de paciencia para custodiar toda vida humana, especialmente la más frágil, la más marginada, la que menos puede defenderse. Así sea.


Buenos Aires, 25 de
marzo de 2004

Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., arzobispo de Buenos Aires


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2467 del 31 de marzo de 2004



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