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CARTA PASTORAL


Carta de Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de azul,
a sus fieles diocesanos (20 de julio de 2003)


El Evangelio del décimo sexto Domingo “durante el año” que corresponde al día de hoy, concluye con estas preocupantes y al mismo tiempo esperanzadoras palabras: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” (Marcos 6, 30-34).


1. La Iglesia existe para evangelizar

El mismo Señor que se compadece y enseña, antes de volver al Padre, encarga a sus Apóstoles: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 19-20). Y ellos, después de recibir el Espíritu Santo, se dispersaron por todas partes, anunciando el Evangelio, es decir, la buena noticia de Jesús muerto y resucitado por nosotros.

Así nace la Iglesia, evangelizando. El Papa Pablo VI a fines del año santo 1975, proclamó claramente: “La tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia... ella existe para evangelizar... es su dicha y vocación propia” (Evangelii nuntiandi, n. 14). Y en el mismo texto continúa: “evangelizar significa predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar  el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa”. A través de la predicación y del testimonio del amor fraterno, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles, han nacido y se han desarrollado las primeras comunidades cristianas, desde donde siguieron partiendo misioneros para llegar a todos los rincones del mundo entonces conocido.


2. La nueva evangelización

Nuestro querido Papa Juan Pablo II, hace ya varios años pero especialmente desde 1992, al cumplirse el 5º Centenario de la llegada del Evangelio a nuestras tierras, comenzó a hablar de una “nueva evangelización”; no en el sentido de otra diferente de la anterior, sino que, con el mismo contenido con que la fundó Jesús, debía ser “nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”. Si bien la evangelización se dirigió, y también hoy se dirige de manera especial a los pueblos que no conocen a Jesús, la Iglesia experimenta la necesidad de seguir predicando dentro de los países evangelizados hace mucho tiempo, pero que deben recobrar ese dinamismo inicial en un mundo que ya no es más cristiano.


3. La nueva evangelización en la Argentina

La visita del Papa Juan Pablo II a nuestro país en 1987 nos dejó una serie de mensajes, pronunciados en distintas ciudades y sobre diversos temas. La meditación y puesta en práctica de esos mensajes, junto con la experiencia evangelizadora de las iglesias particulares, hicieron ver al Episcopado argentino la conveniencia de elaborar una “líneas para la nueva evangelización” con la participación de todo el Pueblo de Dios, que se realizó a través de encuestas y consultas. Éstas revelaron algunas interesantes coincidencias, que manifestaron de alguna manera la conciencia eclesial de nuestro pueblo fiel. La preocupación central de esas respuestas es cómo lograr que la Iglesia en la Argentina sea más misionera. Se requiere un dinamismo nuevo, que comprenda la evangelización de la vida cotidiana, la opción preferencial por los pobres, una mayor participación del laicado en la actividad evangelizadora y una imprescindible renovación de las estructuras parroquiales, para que sus comunidades sean más acogedoras, abiertas y misioneras.

En la Asamblea plenaria de abril de 1990, el Episcopado aprobó las “Líneas pastorales para la nueva evangelización”, que fueron recibidas con alegría y entusiasmo por los distintos sectores del Pueblo de Dios. Pronto comenzaron a ser estudiadas y aplicadas; muchos de Vds. a quienes dirijo esta carta, las conocieron y han tratado de vivirlas.


4. El Gran Jubileo del año 2000

El Gran Jubileo del Año 2000 es un momento culminante en el ministerio y el magisterio del Papa Juan Pablo II. Preparado en noviembre de 1994 con la carta apostólica “Mientras se aproxima el tercer milenio”, y evocado y constituido como base de un programa de pastoral a principios de 2001 con “Al comienzo del nuevo milenio”, comprometió a la Iglesia universal en un gran esfuerzo catequístico, litúrgico, testimonial y, en definitiva, evangelizador. El Papa reitera su llamada a la nueva evangelización, “a reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés... Esta pasión suscitará en la Iglesia una nueva acción misionera, que no podrá ser delegada a unos pocos “especialistas” sino que acabará por implicar la responsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Quien ha encontrado verdaderamente a Cristo no puede tenerlo sólo para sí, debe anunciarlo. Es necesario un nuevo impulso apostólico que sea vivido como compromiso cotidiano de las comunidades y de los grupos cristianos” (NMI, n. 40).


5. ¿Qué hay después del Jubileo?

En el segundo documento citado en el número anterior, el Papa nos exhorta a un renovado impulso en la vida cristiana. Pero “no se trata de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia, hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz” (NMI, n. 29). Más adelante agrega el Papa: “ahora no estamos ante una meta inmediata sino ante el mayor y no menos comprometedor horizonte de la pastoral ordinaria”.


6. ¿En qué se apoya la nueva evangelización?

El Papa no nos encarga un programa detallado, con objetivos, etapas, estrategias y recursos. Eso queda para las Iglesias particulares, que conocen mejor la realidad inmediata. Pero nos indica con precisión cuál debe ser el fundamento de la acción evangelizadora. “Es importante que lo que nos propongamos esté fundado en la oración, en la contemplación del misterio, del rostro de Cristo”. El cometido de la Iglesia es “reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer su rostro” en este nuevo milenio. Nuestra evangelización, “nuestro testimonio sería deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro” (NMI, n. 15-16).

En la misma línea el Papa señala como primera prioridad pastoral a la santidad. “Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno” (NMI, n. 20). Juan Pablo II habla de la santidad como el camino lógico de todo bautizado, y se alegra de haber canonizado tantos nuevo santos y santas, que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida.

Aquí habría que agregar la importancia que el Papa atribuye a la oración personal y comunitaria de los evangelizadores (NMI, n. 35-36) y el respeto por “un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia” (n. 38) para evitar la tentación de que todo depende de nuestra capacidad de programar y hacer.

Todo esto es bien coherente con lo que ya enseñaba Pablo VI en “Evangelii nuntiandi” en 1975: “No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo... Las técnicas de evangelización son buenas, pero ni las más perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del Espíritu... Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización” (EN, n. 75)


7. ¡Navega mar adentro!

El Papa termina su documento con una expresión de esperanza y una exhortación a la acción evangelizadora. “Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el que hay que aventurarse, contando con la gracia de Cristo” (n. 58). Como en el mar de Galilea, el Maestro anima a sus discípulos, que no habían pescado nada (Lucas 5, 4) hoy nos lanza a nosotros a colaborar en su misión evangelizadora y compartir con él una “pesca milagrosa”.

Los obispos argentinos, que desde 1999 habíamos pensado poner al día las “Líneas” de 1990, al fin de la Asamblea plenaria de mayo 2003, hemos publicado las nuevas líneas para proseguir el dinamismo de gracia del Gran Jubileo; y las hemos titulado, siguiendo al Papa: “Navega mar adentro”!


8. Somos convocados para trabajar en la nueva evangelización

El nuevo documento de la Conferencia Episcopal Argentina, en el cual encontramos la resonancia de la predicación del Papa, debe ser recibido con gratitud y responsabilidad. Es el fruto del amor que nosotros los pastores profesamos a nuestro pueblo y a quienes todavía no forman parte de él; es en definitiva la prueba de nuestro celo y entrega al Señor, la Buena Noticia de Dios.

Continuamos así el trabajo inmenso e invalorable de los primeros misioneros de nuestro país, de los primeros obispos y sacerdotes, de quienes en la inmensidad del desierto buscaban con ansia a las almas deseosas de conocer mejor al Señor; de los primeros consagrados que, dedicados a las obras de misericordia, dieron testimonio ejemplar del amor de Cristo por los pobres y necesitados.

“Navega mar adentro” no borra ni olvida las “Líneas” de 1990; las supone y complementa, profundiza sus surcos, permanece fiel al espíritu que acompañó su redacción y puesta en práctica. Las nuevas circunstancias que vive nuestro país necesitan de este nuevo aporte, lo mejor que la Iglesia puede ofrecer a nuestra Patria.


9. Otra convocatoria

Tanto el Papa (NIM, n. 43) como los obispos argentinos en “Navega mar adentro” (nn. 60-68 y 83-89) presentan a la Iglesia como “comunión”, nacida del corazón de Cristo y reflejo de la Trinidad.

Nuestra Iglesia diocesana tiene sus momentos importantes en los que al reunirse, quiere vivir y fortalecer esa “comunión” a la cual nos ha llamado el Señor. Así celebramos anualmente la peregrinación cuaresmal al Calvario de Tandil, la Misa Crismal en la Catedral, la peregrinación de octubre al Santuario de Luján. Dentro de pocos días tendremos ocasión de vivir otra de esas jornadas, cuya participación a lo largo de los años ha ido creciendo en número e intensidad: el Encuentro diocesano del mes de agosto, este año el lunes 18.

La concurrencia ha sido siempre numerosa, cordial y colaboradora. Me permito todavía insistir cariñosamente en la participación de todas las comunidades en modo de asegurar la vivencia y la transmisión de ese espíritu de comunión que manifiesta la verdadera Iglesia de Jesucristo.


10. Conclusión

Jesús quiere seguir enseñando y anunciando la esperanza de un mundo nuevo. Continúa compadeciéndose, especialmente de quienes padecen hambre de pan y de su palabra, falta de casa y de trabajo, de quienes están solos, separados o enemistados, de quienes no lo conocen, y no se sienten amados ni aceptados.

Cuenta con nosotros, los que nos decimos cristianos, para hacerse ver a todos a través de nuestra palabra y nuestro testimonio.

María y los Apóstoles se prepararon orando para la venida del Espíritu Santo, que abrió para la Iglesia los caminos del mundo para la primera evangelización.

Hoy también junto a María, junto al Papa y los obispos de todo el mundo y en especial de la Argentina, queremos prepararnos para ser enviados al mundo del tercer milenio y mostrarle a través de nuestra vida el rostro de Jesús.

Con todo afecto les envío la bendición, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Azul, 20 de julio de 2003.

Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul



Algunas preguntas para aprovechar mejor el texto:

1. ¿qué quiere decir evangelizar?

2. ¿quiénes son los destinatarios de la nueva evangelización?

3. ¿quiénes deben sentirse comprometidos como agentes de esta nueva evangelización?

4. ¿cómo organizar en nuestra comunidad el estudio orante de estas nuevas líneas “Navega mar adentro?

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