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MENSAJE DE CUARESMA


Carta de Mons. Emilio Bianchi di Cárcano,
obispo de azul para la Cuaresma de 2003


El próximo miércoles 5 de marzo la Iglesia comienza el tiempo de Cuaresma. Tiempo fuerte de preparación para la Pascua, marcado con el sugestivo rito de la imposición de la Ceniza, que nos exhorta a convertirnos y a creer en el Evangelio. Tiempo enriquecido con la oración, la limosna y el ayuno, tradicionales prácticas de piedad que vienen desde el judaísmo, a las cuales el mismo Jesús (Mateo,  cap. 6) devolvió el profundo sentido interior y espiritual.

La Pascua es el comienzo de una humanidad nueva, que en cada uno de nosotros se vive desde el bautismo, que es muerte y resurrección a imagen de Jesucristo (Romanos cap. 6). La Cuaresma nos alienta a caminar, con la ayuda de la Palabra de Dios y los Sacramentos, hacia la renovación de nuestro compromiso bautismal en la noche pascual.

Pero cada Cuaresma, además de esta finalidad general, puede presentar características propias para hacer frente a alguna problemática especial, teniendo en cuenta lo que en un tiempo dado está viviendo la Iglesia universal. Por eso el Papa nos ha invitado en estos días “a dedicar con particular intensidad la jornada del próximo 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, a la oración y al ayuno por la causa de la paz, especialmente en Oriente Medio”. (Ángelus del 23 de febrero).

Demás está recordar la delicada situación en que se encuentra la paz en distintos puntos de la tierra; se trata ahora de la amenaza de una guerra internacional que, por los bloques que se enfrentan y la potencia letal de las armas que pueden emplearse, corre el gravísimo riesgo de producir tanta destrucción y muerte como el mundo no ha experimentado hasta ahora.

Conocidos son los esfuerzos que la Santa Sede y en particular, el Papa personalmente, están desplegando para encontrar soluciones más razonables para los puntos en desacuerdo, sin necesidad de recurrir a la guerra, que siempre es un mal para todos y ganancia para nadie. Pero el Papa pide el apoyo, la colaboración de todo el pueblo cristiano; no para intervenir en planes diplomáticos, sino recordando que “los cristianos estamos llamados a ser los centinelas de la paz, en los lugares en que vivimos y trabajamos”.

En respuesta al llamado del Papa, dispongo que en todas las parroquias y comunidades, bajo la responsabilidad de los párrocos y demás sacerdotes encargados, se realice la Jornada de oración y ayuno el próximo miércoles 5 de marzo, Miércoles de Ceniza. Con las modalidades que parezcan apropiadas a cada lugar, que se dé realce a la Misa con la imposición de la ceniza, explicando su sentido y exponiendo el pedido del Papa; que se dé también a los fieles la oportunidad de celebrar el sacramento de la reconciliación en horarios adecuados.

El Papa también nos pide que “vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia”. El Papa ora y pide oraciones por la conversión de los corazones, no sólo de aquellos que ejercen el poder y deben intentar la solución pacífica y dialogada de los conflictos, sino también de todos nosotros, a quienes llama “centinelas de la paz” en el ámbito de nuestras pequeñas o grandes responsabilidades. Trabajar por la paz exige la práctica frecuente y hasta heroica de la paciencia y la mansedumbre, como también de la fortaleza y de la valentía que sólo pueden darse en aquellos que aman a su prójimo de verdad. “Felices los que trabajan por la paz –dice el Señor (Mateo 5, 9)– porque serán llamados hijos de Dios”.

El Papa añade a este mensaje una expresa mención de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, en cuanto poderosa intercesora de nuestras peticiones. “En todo santuario mariano se elevará hacia el Cielo una ardiente oración por la paz con el rezo del Santo Rosario. Confío que también en las parroquias y en las familias se rece el Rosario por esta gran causa de la que depende el bien de todos”. Hay que transformar a nuestras parroquias y capillas, a nuestras familias y corazones en verdaderos santuarios marianos, de donde se eleve al Cielo un ruego constante, comprometido y confiado.

Deseando a todos los queridos hijos de la Diócesis de Azul una generosa y provechosa Cuaresma, los bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Azul, 25 de febrero de 2003.

Mons. Emilio Bianchi de Cárcano, obispo de Azul

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