CARTA PASTORAL PARA LA PASCUA
Carta del obispo de azul, monseñor Emilio Bianchi di Cárcano,
para la Pascua de 2003
Queridos hijos e hijas de la Diócesis de Azul:
1.
Felices Pascuas
Cuando esta carta
llegue a Vds. ya habrán celebrado la Semana Santa en sus comunidades, y habrán
festejado la solemnidad máxima del Año cristiano, el glorioso Domingo de Pascua
de Resurrección. Pero aunque haya pasado la fiesta, mi saludo tiene plena
vigencia, porque la Pascua no se reduce a un solo día sino que se prolonga todo
un período: son 50 días en que la Iglesia se regocija cantando su “aleluia” y
meditando lo que ese acontecimiento, siempre presente, significa en la vida de
un cristiano. La Iglesia vive constantemente el Misterio pascual de la Muerte y
Resurrección de Jesús, pero de diverso modo: mientras que en los 40 días de
Cuaresma invita a recorrer su aspecto negativo, de muerte al pecado, en los 50
siguientes, que van hasta Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, celebra el
mismo misterio en su aspecto positivo, la nueva vida en Cristo resucitado.
2.
Las cartas anteriores
Cuando en el mes
de enero les escribí la primera carta del año en la fiesta del Bautismo del
Señor, les ofrecí algunos puntos de reflexión para que, recordando nuestro
propio bautismo, contempláramos “la gracia y la misericordia de Dios que nos ha
recibido como hijos en Cristo”. Cuando más tarde les escribí sobre la Cuaresma,
la presenté como una peregrinación penitencial hacia la luminosa noche pascual.
Allí renovamos nuestras promesas bautismales para retomar el ritmo de la vida
cristiana.
3.
Retomar el ritmo
Hablo bien al
decir “para retomar el ritmo”. Nos sucede que después de vivir, quizás
fervorosamente, la Semana Santa, y llegar entusiasmados a la Pascua, al
disponernos a entrar de nuevo en la vida ordinaria, se produce un descenso
inexplicable, como si desde la cima de una montaña, en vez de quedarnos a
contemplar el amplio horizonte, cayéramos rápidamente en un oscuro valle y en
una árida llanura.
¿Dónde han quedado
nuestras vivencias que acompañaron a la Pasión del Señor? ¿dónde nuestros
propósitos con motivo de una sincera confesión pascual, que no han echado raíces
en la vida diaria y se diluyen en una triste rutina?
El mundo de hoy
quiere impresiones fuertes, “flashes” impactantes, como se dice ahora; buscamos
nuestro placer en sensaciones pasajeras y gustos personales. Así olvidamos que
el camino del cristiano, que requiere resistencia y paciencia, es el
seguimiento de Cristo, no de un Cristo superficial y blando, sino de un
Cristo fuerte y exigente, que nos invita a tomar la cruz de cada día que Él tomó
primero para poder morir y resucitar.
4.
Los discípulos de Emaús
El Evangelio de
San Lucas nos presenta (22, 13-35) una hermosa catequesis sobre el sentido de la
Pascua. Dos discípulos de Jesús vuelven de Jerusalén agobiados por la trágica
muerte del Maestro, y con paso cansado y la desesperanza en el alma regresan a
Emaús, su pueblo natal, a la vida de siempre. Todo ha terminado para ellos, y
tan cerrados están en su dolor y abatimiento, que no advierten que un caminante
que se les acerca e interroga es el mismo Señor resucitado. Es necesario que
Jesús les recuerde el mensaje de la Escritura y los reúna en la mesa de la
Eucaristía para que lo descubran en el gesto familiar de partir el pan. Los ojos
se les abren, y dejando de lado sus lamentos por la pérdida sensible que los
hacía sufrir, parten presurosos para reencontrarse con los hermanos y compartir
con ellos la buena noticia de la Resurrección. Jesús les ha cambiado el corazón:
el centro de la vida ya no es mirar el yo egoísta sino, iluminados por la fe en
el Resucitado, concentrar su empeño en el amor fraterno.
5.
La Pascua vivida en la vida ordinaria
El Papa Juan
Pablo II nos dice en su Carta sobre el Nuevo Milenio, que después del Jubileo la
Iglesia debe experimentar renovado impulso en la vida cristiana, en la vida
ordinaria, la de todos los días, en los quehaceres comunes. Esto se dará si nos
dejamos guiar por el rostro de Cristo, rostro doliente en la Pasión y en los
hermanos sufrientes, rostro radiante del Señor Resucitado, que apacigua nuestros
temores y nos anuncia la paz.
El tiempo pascual,
convenientemente vivido, nos anima en el camino a la santidad, por la
contemplación del rostro de Jesús Resucitado, Él nos envía a la evangelización
del mundo con su Palabra y nos da confianza: “¡Navega mar adentro!”; en su
nombre, la barca se llenará de peces.
6.
Los cristianos y la actualidad argentina
Quizás Vds. habrán
pensado que la carta de este mes hablaría de la actualidad del país. Como
cristianos no podemos desentendernos de lo que viven los demás, y creo que los
obispos argentinos hemos estado presentes en las difíciles situaciones creadas a
lo largo de estos dos últimos años. Es evidente que, en general, nuestros
dirigentes no saben interesar al tan sufrido pueblo argentino, cansado de
desaciertos, engaños, fracasos, inoperancia y corrupción. Pero no podemos actuar
como los discípulos de Emaús antes de su encuentro con Cristo resucitado, y
dejarnos paralizar por la desesperanza.
En su último
documento del 13 de marzo de este año, dicen los obispos: “Las elecciones son
ocasión para crecer como ciudadanos; lo que concretamente ahora debemos hacer
bien es cumplir con nuestra obligación de acudir a las urnas... Si bien no se
puede depositar una confianza excesiva en ellas, pueden ser un instrumento para
seguir cultivando la esperanza de que somos capaces de construir
una Argentina más allá de la magia y del desánimo”.
7.
Conclusión
Vivamos nuestra
Pascua contemplando con la Virgen María el rostro de Jesús Resucitado, fuente de
paz y de esperanza. Crezcamos diariamente en santidad trabajando por el bien de
todos y orando por nuestra Patria Argentina, que quiere ser Nación justa y
libre.
Los bendigo
afectuosamente en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Azul, 21 de
abril, Lunes de Pascua.
Emilio Bianchi di Cárcano,
obispo de Azul
Para considerar individualmente o comentar en grupo:
1) ¿Qué significa
para mí vivir la Pascua en la vida ordinaria?
2) ¿Qué cosas debo
hacer o evitar para no caer en la rutina?
3) ¿Cómo insertar
la Pascua en la realidad argentina? |