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PEREGRINACIÓN DIOCESANA AL CALVARIO DE TANDIL

Homilía de Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul
21 de marzo de 2004


1. Importante ocasión. Hoy por gracia de Dios participamos de uno de los grandes acontecimientos diocesanos del año: junto con el encuentro pastoral de agosto en Azul y nuestra reunión de octubre en Luján, esta peregrinación al Calvario de Tandil nos identifica como Iglesia diocesana, camino hacia la Pascua.


2. La Iglesia es reflejo de la Trinidad. La Iglesia, según la más antigua tradición cristiana, es el pueblo congregado en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es iniciativa gratuita de Dios, fruto y manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que nos comunica Jesús muerto y resucitado (NMI 42). La Iglesia nace y vive reflejando a la Santísima Trinidad (cfr. NMA 60).


3. El corazón de la Iglesia es la caridad que viene de Dios. La Iglesia crece convocada por la Palabra y alimentada con los sacramentos, reunida en la caridad. Si ella faltara, todo sería inútil, como afirma San Pablo en su hermoso “himno de la caridad” (I Corintios 13). El amor que viene de Dios es verdaderamente el corazón de la Iglesia (NMI 42).


4. La Iglesia  debe ser la casa y la escuela de la comunión. Estos conceptos del Papa al inaugurar el nuevo siglo y milenio, después de celebrar el Gran Jubileo del año 2000, se ven reproducidos y explicitados en las nuevas líneas pastorales aprobadas por los obispos argentinos hace ya casi un año bajo el título “Navega Mar Adentro”. La Iglesia debe ser “la casa y la escuela de la comunión” al servicio de la unidad de toda la familia humana: éste es el gran desafío que se nos presenta, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo (NMI 43 y NMA 83-84).


5. Nuestro mundo no está animado por la caridad. La realidad del mundo que nos toca vivir no parece dirigirse de por sí hacia ese ideal. Si nos limitamos a nuestra Patria argentina, tenemos que deplorar que la sociedad presenta tales gérmenes de discordia y disgregación, fruto del pecado, que corre peligro de desintegrarse. El egoísmo, la violencia, el olvido del bien común, aunque aparezcan aquí y allá chispazos de auténtica solidaridad, nos va convirtiendo insensiblemente en grupos en los que reina la indiferencia, la desconfianza, la exclusión y hasta el verdadero odio.


6. Nuestra vocación personal es reproducir la imagen del Redentor. Sin embargo, acabamos de escuchar la Palabra que nos recuerda nuestra condición de criaturas nuevas, porque Dios nos reconcilió con Él por medio de Jesús y nos confía el ministerio de la reconciliación. La Cuaresma es el tiempo oportuno para considerar la realidad de nuestro bautismo y nos prepara para renovarlo solemnemente en la Pascua, y ejercer nuestro servicio de amor hacia la unidad.

La vocación y el sentido de la vida de cada persona humana es reproducir la imagen del Redentor (Romanos 8, 29). Todo ser humano está llamado a transformarse cada vez más en Cristo, desde el bautismo hasta la resurrección final (NMA 52).


7. Queremos comprometernos para desarrollar una pastoral familiar. A partir de las líneas pastorales de 1990, a través de la oración y la reflexión que suscitó el Jubileo del 2000, y que desembocan en “Navega Mar Adentro” del año pasado, la Diócesis de Azul se ha ido disponiendo, con ayuda del Consejo diocesano de pastoral, a comprometerse en un esfuerzo común. Desde una concepción y vivencia de la Iglesia como familia de Dios que vive la alegría de la comunión, queremos desarrollar una pastoral familiar que acompañe y atienda las diversas situaciones que viven las familias de hoy.

Hemos elegido la realidad familiar por varios motivos:

- En primer lugar, es algo que está presente en todas las áreas de la pastoral; la catequesis, la educación, la liturgia, el apostolado laico, la pastoral juvenil, la caridad organizada, la pastoral vocacional, no pueden prescindir de la familia.

- Además, la familia tiene una importancia fundamental en la vida del hombre y en la construcción de la sociedad. La institución familiar es proyecto de Dios como lugar donde nace, se desarrolla y se educa la vida humana. Es necesaria para formar personas sanas; en ella crecen las primeras experiencias de convivencia social; es el lugar privilegiado donde se transmiten los valores religiosos; allí se despiertan el compromiso social y las diferentes vocaciones.

- Por último, no podemos dejar de considerar la profunda crisis que está sufriendo la familia: desunión de matrimonios, gran cantidad de familias incompletas, con parejas inestables o madres solas; repercusión en el ámbito familiar de la crisis social y económica; el ambiente de violencia, la crisis religiosa, los comportamientos errados y con frecuencia aberrantes que se proponen públicamente.


8.
Queremos acompañar y conducir a nuestras familias desde su situación concreta hacia el proyecto de Dios. No se trata de tomar a la familia como realidad aislada e independiente del mundo contemporáneo. Queremos acompañar y conducir a las familias de nuestra Diócesis desde su situación concreta hacia el proyecto de Dios, que es al mismo tiempo exigente y misericordioso, y convocar a todas las instituciones y agentes pastorales para que desarrollen lo más posible la dimensión “familia” que les corresponde. Todos los miembros de la Iglesia deben sentirse convocados a trabajar por la familia en el aspecto humano y sobrenatural.


9. Iglesia-comunión y pastoral familiar deben ser el hilo conductor de toda la pastoral de la Diócesis. El tema Iglesia-comunión se ha elegido entre nosotros por la experiencia de nuestra propia Iglesia diocesana, y porque es el sustento necesario de la propuesta sobre la pastoral familiar.

Estas dos ideas: Iglesia-comunión y pastoral familiar son propuestas muy claras de “Navega Mar Adentro”, que iremos desarrollando a medida que las parroquias, las comunidades, las instituciones y los movimientos se sientan protagonistas de esta propuesta pastoral. Estas dos líneas deberán ser el hilo conductor de toda la pastoral de la Diócesis y el tema unificante de nuestro encuentro diocesano de agosto.


10. La espiritualidad de comunión alimentada por la Eucaristía. Esta Eucaristía dominical diocesana debe fomentar en nosotros una auténtica espiritualidad de comunión. La Eucaristía colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad fraterna que alberga el corazón humano. No es casual que el término “comunión” se haya convertido en uno de los nombres específicos de este sublime sacramento. Del mismo modo, esta actitud del corazón se alimenta en la escucha constante de la Palabra de Dios, en la liturgia dominical, en la celebración gozosa del sacramento del perdón, en la oración personal y en la vida comunitaria con todas sus exigencias (NMA 85).


11. Recibamos con responsabilidad y alegría esta propuesta pastoral. A los pies de Jesús Crucificado, signo eficaz de reconciliación, y confiándonos a la intercesión de Nuestra  Señora del Rosario, Patrona de la Diócesis, recibamos con alegría y responsabilidad este llamado a la acción pastoral, para ir transformando a nuestra Diócesis en casa y escuela de comunión.

En el Nombre de la Santísima Trinidad, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Calvario de Tandil, Domingo 21 de marzo de 2004.

Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul

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