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JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES


Mensaje de monseñor Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul
20 de abril de 2004



Queridos hijos e hijas de la Diócesis:


1. Un poco de historia

 En numerosos oportunidades me he dirigido a Vds. con motivo de la Jornada mundial de oración por las vocaciones, establecida por el Papa Pablo VI hace más de 40 años y continuada fielmente por Juan Pablo II. Especialmente en los años 2002 y 2003 he enviado a toda la Diócesis más extensas reflexiones sobre el tema. No quería dejar de hacerlo también este año, cumpliendo con mi obligación a la cual he atendido con especial dedicación y alegría, y para recordarles a todos que “el deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana” (Vaticano II, sobre la formación sacerdotal, OT, 2).


2. Orar por las vocaciones

La oración por las vocaciones no puede reducirse a esta jornada, el próximo 2 de mayo, que a veces sólo cumplimos apurados agregando una intención a la oración de los fieles en la Misa dominical, o a lo sumo organizando un acto en la parroquia o en el colegio. La recurrencia anual quiere reavivar nuestro celo apostólico frente a la necesidad de abundantes y santas vocaciones al sacerdocio, interpelados por el Papa, el Obispo, pero sobre todo por la Palabra de Dios: “La cosecha es abundante pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mateo 9, 37-38).


3. ¿Por qué hay que pedir vocaciones sacerdotales?

En primer lugar nuestras peticiones deben responder al mandato del Señor que nos ha transmitido el Evangelio. Pero además, porque está comprometida la vitalidad e incluso la misma vida de la Iglesia. En su última Carta encíclica de hace un año, el Papa Juan Pablo II proclamaba solemnemente: “La Iglesia vive de la Eucaristía”. Como consecuencia, si no hay sacerdotes para celebrarla, si no hay número suficiente de sacerdotes para responder a las necesidades de las diversas comunidades, la vida cristiana pierde fuerza y puede llegar a desaparecer. Cualquier bautizado puede transmitir la fe con su testimonio, enseñar y catequizar, incluso bautizar en caso de necesidad; nadie puede celebrar la Eucaristía ni perdonar los pecados en nombre de Dios sino quien ha sido ordenado sacerdote.


4. Los fieles saben suplicar a Dios

Nuestro pueblo practica con humildad y constancia la oración de petición. Así demuestra su fe y confianza en la paternidad de Dios, y las necesidades en que la mayoría se encuentra. La salud, el trabajo, la familia, la paz, la justicia, el descanso en Dios de los difuntos son objeto de la oración personal y comunitaria de nuestros fieles. Con menos frecuencia aparecen las intenciones que tocan más profundamente la vida espiritual: la conversión de los pecadores, la reconciliación, la evangelización de los pueblos. Si bien no dudo que muchos cristianos: sacerdotes, consagrados y simples fieles, sobre  todo los ancianos y los enfermos, rezan por la vocaciones, no es un tema frecuente en la oración común, porque en el fondo no es asunto que preocupe a la mayoría. Quizás alguno repara en la falta de sacerdotes cuando un pueblo queda sin sacerdote residente, o se suprime una Misa dominical en la parroquia.


5. La preocupación por las vocaciones sacerdotales

No todos los católicos tienen esta preocupación porque no han sido suficientemente catequizados al respecto. Quienes han tenido la experiencia de que algún joven de la familia o de la parroquia ha ingresado al Seminario conocen más de cerca el misterio de una vocación. Por un lado hay que saber que la vocación sacerdotal es un regalo, un don libre de Dios que enriquece en primer lugar a quien lo recibe pero se da en beneficio de toda la Iglesia. Es un llamado que debe ser aceptado, de modo que todo lo que pueda favorecer a que sea escuchado y tenido en cuenta puede ayudar a una respuesta consciente y generosa.

Tenemos que reconocer que el ambiente de hoy no favorece especialmente una vocación de este tipo. Hoy el mundo convence a los jóvenes poco formados que no es necesario el esfuerzo para triunfar en la vida y que los proyectos a largo plazo no son factibles, ni valen la pena. Sin embargo Dios quiere seguir llamando, como si tuviera necesidad de nosotros, y nos responsabiliza a todos para que su llamado sea escuchado.

Por eso tenemos que rezar, pero también actuar, ubicar el tema “vocación” en el pensamiento y la conversación diaria entre los cristianos. Y aunque no llegáramos a “instalarlo” profundamente, daríamos ocasión para que los jóvenes, y algunos que quizás no lo sean tanto, se puedan preguntar sinceramente si el Señor no tiene necesidad de ellos en una vida de servicio exclusivo por amor al Él y a los hermanos.


6. La situación diocesana

La diócesis de Azul nunca ha tenido un número suficiente de sacerdotes, pero esta situación se ve agravada hoy por el alto promedio de edad de los sacerdotes que ejercen su ministerio, y las pocas ordenaciones que pueden esperarse en el futuro. En el Seminario de Mercedes se está formando 10 seminaristas de nuestra Diócesis, pero sólo 5 cursan el estudio de la teología, que coincide con la segunda parte del período de formación.

Para mayor conocimiento, de estos 10 seminaristas, 4 provienen de Olavarría y alrededores, tres de Tandil, dos de Saladillo y 1 de Bolívar. No hay seminaristas de los partidos de Azul, Las Flores, Rauch, Ayacucho, Benito Juárez, Lamadrid, Laprida, General Alvear y Tapalqué. Si cada parroquia con sacerdote residente tuviera al menos un seminarista, serían en total 32. Si cada parroquia enviara un seminarista cada tres años, ingresarían 10 todos los años. Este año 2004 ingresó un solo seminarista, en 2003 ingresaron tres, en 2002 fueron 2, en 2001 también dos, en 2000 no hubo ingresos al Seminario


7. Conclusión

Si bien el panorama en cifras no parece alentador, debemos agradecer a Dios porque tenemos seminaristas, porque hemos tenido tres ordenaciones sacerdotales en los últimos tres años, porque hay muchos sacerdotes que se esfuerzan por suscitar vocaciones en su comunidad, porque hay mucha gente que reza fuerte, de verdad, con paciencia y esperanza, por el aumento y perseverancia de las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis.

Exhorto a todos a perseverar con confianza en esta obra, que es prioridad en la Iglesia, y que la celebración de esta Jornada mundial de oración por la vocaciones, movilice al pueblo cristiano y lo haga más responsable en su misión.

Aparte les alcanzo algunas sugerencias que pueden ser útiles para la celebración de esta Jornada.

Los encomiendo a la protección de nuestra Patrona Nuestra Señora del Rosario y les envío con todo afecto mi bendición: en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


Azul, 20 de abril de 2004, en el septuagésimo aniversario de la creación de la Diócesis.

Mons. Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul


Sugerencias

1. Que en cada parroquia al menos en la iglesia parroquial, se celebre una Misa al que se invite especialmente a los fieles a rezar por las vocaciones sacerdotales. También sería bueno hacerlo en las capillas, sobre todo las que tienen feligresía más numerosa, aunque no fuera ese mismo Domingo.

2. Por los medios que parezcan oportunos, que se difunda este mensaje para que las familias, grupos de oración, instituciones de apostolado y de piedad, grupos de enfermos, hagan una oración especial por esta intención.

3. Que los catequistas, en el encuentro de fecha más cercana al 2 de mayo, tengan en su grupo una oración por las vocaciones con una motivación adecuada.

4. Que los responsables de colegios católicos motiven en toda forma la oración por las vocaciones (carteleras, catequesis, charlas y paneles) y se realice en fecha cercana un acto comunitario (Misa, celebración de la palabra, acto eucarístico) con el mismo fin.

5. Que todos los fieles se unan ese día especialmente con su oración y su sacrificio a las intenciones del Papa y del Obispo.

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