Documentos  
 

CUARESMA 2004

Carta pastoral del obispo de Azul,  Mons. Emilio Bianchi di Cárcano  los fieles de la diócesis en el comienzo de la Cuaresma 2004


Queridos hijos e hijas de la Diócesis de Azul:


1. Conviértanse y crean en el Evangelio

Con estas solemnes palabras junto con el signo de la ceniza, la Liturgia nos invita a reemprender el camino de la conversión, una actitud constante en la vida del cristiano que encuentra su tiempo especial en la Cuaresma, que nos encamina hacia la Pascua.


2. El anuncio de Jesucristo

Jesús comienza su ministerio en Galilea anunciando la Buena Noticia de la Salvación: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Marcos 1, 15). Toda su predicación, continuando y dando plenitud a los Profetas del Antiguo Testamento, será una permanente exhortación a “volver a Dios” para poder creer en su Enviado Jesucristo y alcanzar la Vida eterna.


3. El entrenamiento cuaresmal

Nuestra frágil condición, inclinada a desviarse, y expuesta a múltiples tentaciones sobre las cuales Jesús en el Evangelio nos muestra su victoria, necesita continuamente la ayuda de la gracia de Dios. Para conseguirla, debemos practicar el constante entrenamiento que el Evangelio nos propone especialmente para este tiempo: la oración, la limosna y el ayuno (ver cap. 6 de Mateo).

Quien se da todos los gustos, quien vive sin exigencias, quien no piensa en los demás antes que en sí mismo, se va alejando de Dios y pierde el apetito de las cosas espirituales. A este tipo de hombre, en su carta a los Romanos (cap. 8) San Pablo lo llama “ hombre carnal”, el que no vive según el Espíritu. “Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios”, es decir, no se pueden salvar. Observemos que San Pablo no se refiere sólo a los así llamados “pecados de la carne” (los que tienen que ver con el 6º y el 9º mandamiento) sino a todo lo que nos aparta de nuestra vocación de hijos de Dios.


4. La acción del Espíritu Santo

“Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”. El Espíritu Santo quiere llevarnos por el camino recto, pero somos nosotros los que nos rehusamos, no hacemos caso, ofrecemos resistencia, y preferimos una existencia mediocre al camino de Jesús, que es el camino del amor y de la cruz.

¿Cómo podemos conocer y seguir ese “camino recto”? escuchando al Espíritu Santo  que nos ha sido dado en el bautismo y en la confirmación, que habita en nuestros corazones y nos habla a través de la Palabra de Dios, de la vida de la Iglesia, de las necesidades de nuestros hermanos pobres, débiles y sufrientes. Y  para poder escuchar este lenguaje de Dios es necesario el entrenamiento de oración, sacrificio y amor fraterno que nos recomienda el Evangelio.


5. La Cuaresma en un tiempo de crisis

La Iglesia quiere que vivamos la Cuaresma todos los años,  pero no de la misma manera, sino teniendo en cuenta el mundo en que nos encontramos, los problemas y necesidades del momento.

Tiempo de crisis lo llamamos hoy, cuando pensamos sobre todo en el aspecto económico (miseria, falta de trabajo) y social (injusticia, desprecio de la ley, corrupción en casi todos los niveles). Pero se nos escapa otra dimensión de la crisis, que está en la base de todas las demás: estamos padeciendo una verdadera crisis moral. Cuando hablamos de moral nos referimos a todo el obrar humano, en que podemos ser dominados no por la Ley de Dios, sino por los ídolos fabricados por nosotros: el ídolo del dinero,  el ídolo del placer, el ídolo del poder.


6. Todos necesitados de conversión

Al considerar esta crisis el peligro sería excluirnos. Pensamos que no somos tan malos, que nos acordamos a veces de Dios, que hacemos alguna obra buena, que no somos grandes pecadores y, en consecuencia, no tendríamos necesidad de un cambio interior.

Cuando Jesús predicaba la conversión, lo siguieron los humildes, los pobres, los que reconocían sus pecados. No lo recibieron los soberbios, los cumplidores sin amor de una ley sin espíritu, que por su cerrazón no comprendieron el sentido del verdadero arrepentimiento del hombre y de la inmensa misericordia de Dios.

Tomemos el ejemplo del Apóstol Pablo, que enseña: “Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en Él para alcanzar la vida eterna” (Primera a Timoteo, 1, 15-16).


7. La Cuaresma y nuestra Patria

Al mismo tiempo que luchamos para cambiar interiormente, nuestro esfuerzo de conversión significará, sin duda, una importante contribución para la paz en nuestra Patria, esta Patria que pedimos tenga como “identidad la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común” (oración por la Patria).

Alguna vez he escuchado este reproche: en la Argentina habita un alto porcentaje de católicos bautizados; sin embargo, la corrupción se ha adueñado de gran cantidad de ellos. ¿Imaginamos cómo sería nuestra Nación si todos los bautizados cumplieran con el Evangelio, y escucharan las palabras “conviértanse y crean en la Buena Noticia”?


8. Navega mar adentro

El Papa, y siguiendo su línea, los Obispos argentinos, invitamos a nuestro pueblo a “navegar mar adentro”, para hacer participe a toda la humanidad de esa “Buena Noticia”. No tenemos que acobardarnos ante las dificultades que nuestro mundo presenta y nuestras propias miserias y falencias. El Papa nos exhorta: “Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el que hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo” (“Al comienzo del nuevo milenio” n. 58).


9. La Cuaresma, tiempo de esperanza

La Cuaresma es entonces un tiempo de esperanza. Esperanza en la gracia de Dios que es capaz de cambiarnos en auténticos cristianos; esperanza en un mejoramiento de nuestra Patria, a través de una toma de conciencia de todos para convertirse de verdad por la misericordia de Dios. Esperanza de caminar juntos para llegar a la Noche pascual, en la que renovaremos nuestras promesas bautismales a fin de poder dar al mundo el testimonio que de nosotros está esperando.


10. La Virgen María nos acompaña

Que la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Madre de la nueva evangelización, nos acompañe en esta marcha de fe.

Los bendigo de todo   corazón en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Azul, 25 de febrero de 2004, Miércoles de Ceniza


Mons. Emilio Bianchi di Cárcano,
obispo de Azul

<< Volver


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.