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FIESTA DE SAN PEDRO
Alocución de Mons. Rinaldo Fidel
Bredice en el Teatro Español de Santa Rosa,
en una función de gala para festejar los 25 años de pontificado de Juan Pablo II
(27 de junio de 2003)
Quiero traer al corazón de cada uno de Uds. –quisiera hacerlo a todos los
pampeanos y al mundo entero si pudiera–
aquellas palabras de Jesucristo que recoge el Evangelio: “Tú eres Pedro y sobre
esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán
contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que atares sobre
la tierra yo lo ataré en los cielos y lo que desatares sobre la tierra será
desatado en los cielos” (Mt. 16, 18-19). Pedro y sus sucesores los Papas, son
los Vicarios de Cristo. El Papa, sea quien fuere, representa visiblemente a
Nuestro Señor.
Este tema merece particular atención,
porque casualmente hoy, muchos –aunque se digan cristianos- lo niegan; algunos
expresamente, otros, con los hechos.
Papa
viene del diminutivo griego de “padre” aplicado desde la antigüedad a los
sacerdotes, pero este término se ha convertido en el título por excelencia del
obispo de Roma.
Jesucristo, cabeza invisible de la Santa
Iglesia, deja en San Pedro y sus sucesores su representación visible. El Papa es
el centro de la unidad católica y la cabeza visible de la Iglesia.
Desde el inicio más remoto la Iglesia de
Roma reivindica para su Obispo, como sucesor de San Pedro, esta función especial
en el seno del episcopado universal. Los primeros cristianos tenían muy claro
que Pedro era quien había recibido directamente del Señor Jesús esta misión.
La teología de la función papal está,
pues, ligada por una parte a la teología de los poderes propios de San Pedro y
por otra, a la teología de la sucesión apostólica.
Juan Pablo II, sucesor de Pedro Apóstol,
es el Vicario de Jesucristo, “el dulce Jesús en la tierra” como lo designaba
Santa Catalina de Siena; de aquí nace la gran responsabilidad que tenemos todos
los bautizados escucharle y obedecerle.
La Iglesia no es solamente una especie de
corriente meramente espiritual, es también visible, jerárquica y organizada.
Fruto del mandato de nuestro Señor, el Papa tiene autoridad universal, inmediata
y ordinaria. Nosotros los obispos, que somos sucesores de los Apóstoles,
representamos a Jesucristo vicariamente en cada diócesis –o Iglesia particular-.
Por ejemplo: La Pampa entera constituye la Diócesis de Santa Rosa; unidos al
Papa somos parte viviente de ese cuerpo místico que es la Santa Iglesia
Católica, cuya cabeza es el Señor.
Podríamos citar autores, concilios y
grandes santos sobre este tema tan importante, pero no me parece que éste sea el
momento para hacerlo. Sólo rápidamente recordemos a San León I, pontífice del
s.v, que habla de sus antecesores como una realidad por entonces ya muy clara en
el seno de la Iglesia, del poder extendido en toda ella del Pastor Supremo del
Pueblo de Dios. Educando escribe al concilio de Calcedonia, donde los orientales
tenían mayoría; al escuchar su carta, unánimemente exclamaron: “¡Pedro ha
hablado!”.
El Concilio Vaticano I (1871) nos
recuerda y enseña esta verdad que los cristianos desde el comienzo vivieron y
creyeron.
Las notas características de la Iglesia
son: una - santa - católica - apostólica; sus cualidades son: visible - perpetua
- inmutable - infalible.
Su visibilidad consiste en que es una
sociedad organizada y exterior. En efecto, Jesucristo estableció un signo
visible para entrar en Ella: el bautismo. Puso a su cabeza autoridades visibles:
San Pedro y los demás Apóstoles y sus sucesores. Le procuró medios exteriores de
santificación: la predicación, loos sacramentos, l obediencia a la autoridad. Se
equivocan quienes afirman que no fue la intención de Cristo el formar una
sociedad exterior y visible. Él quiso que su Iglesia fuera visible para que los
hombres pudieran identificarla, reconocer su autoridad y acudir a sus ministros.
De modo específico, ante tanta confusión,
la Iglesia se identifica con Pedro, el Papa, Pastor Supremo; así lo enseñaban
los santos: “donde está Pedro, ahí está la Iglesia, ahí está Dios”.
Al Papa se lo llama vicario de Cristo
porque hace sus veces en el gobierno de la Iglesia. Vicario viene del latín
vices agere (hacer las veces).
Al Papa se lo llama también Sumo
Pontífice esto es, sumo sacerdote, porque tiene en su poder –por mandato y
voluntad de Cristo- todos los poderes espirituales con que Jesús enriqueció a la
Iglesia, que Él rige con la misma autoridad de Cristo que es la cabeza
invisible.
Toda la vida de Jesucristo estuvo
orientada a fundar la Iglesia. Podemos distinguir los siguientes momentos:
preparó su fundación instruyendo a sus discípulos y a sus apóstoles
durante tres años; fundó la Iglesia cuando, después de haber
instruido a un número amplio de discípulos (Lc.6,17; 19,37-39) de entre ellos
elige a doce “para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” (Mc. 3,
13-14); constituyó definitivamente la Iglesia en la cruz.
Sacrificándose por su pueblo, el Siervo y Salvador que sella con su Divina
Sangre la nueva y definitiva Alianza. Constituye así su Iglesia como realidad
eficiente de salvación.
Jesucristo, que nos ama con amor infinito
y siendo Dios y Hombre verdadero, manifiesta este amor sin límites en su
Iglesia. La funda jerárquica y esto es lo que hoy queremos recordar y agradecer
al celebrar la fiesta del Príncipe de los Apóstoles: San Pedro. A él -y a sus
sucesores- Cristo le deja la misión de confirmar a sus hermanos en
la fe para que no desfallezcan (Lc. 22,32). Le manda gobernar como
Pastor (Jn. 21, 25) y enseñar como Maestro de la fe.
Debemos estar atentos porque nos toca un
tiempo donde pareciera que el hombre no quiere comprometerse con nada, prefiere
lo liviano y fácil del momento. Esta actitud peligrosa y errónea también quiere
desdibujar a la Iglesia y a la vida misma de los cristianos negando u olvidando
esta visibilidad y jerarquía de la Santa Iglesia, transformando el cristianismo
en un mero momento o corriente sensible o -en el mejor de los caso- en un
espíritu envolvente que reúne.
Hoy, desde aquí y muy unidos a todos
nuestros hermanos pampeanos que formamos la familia diocesana, queremos celebrar
la fiesta confesando en comunión con toda la Iglesia Católica, nuestro amor,
obediencia y respeto al Papa, sucesor de San Pedro, Pastor y Sumo Pontífice, el
vicario de Jesucristo en la tierra.
Que María, Madre inmaculada de la
Iglesia, lleve hasta el corazón del Papa Juan Pablo nuestras oraciones y filial
alegría de hijos.
Monseñor Rinaldo Fidel Bredice, obispo de Santa Rosa |