Documentos  
.

RECOMENDACIONES PARA UNA BUENA COMUNIÓN


Carta pastoral de monseñor Rinaldo Fidel Bredice, obispo de Santa Rosa,
a los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de la diócesis
(5 de mayo de 2005)



Santa Rosa, 5 de mayo de 2005

Queridos Sacerdotes, Religiosos (as) y Fieles:

El Papa Juan Pablo II nos indicaba que el centro de la vida de una familia cristiana es la participación en la misa dominical; esta participación es completa cuando recibimos la Santa Comunión con las debidas disposiciones. Comulgar es recibir al mismo Jesús bajo las apariencias de un poco de pan y de vino.

Recordamos las palabras de Jesús: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes” (Jn. 6, 53) y San Pablo nos advierte diciendo: “El que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe el Cuerpo del Señor sin discernir, come y bebe su propia condenación” (1 Cor. 11, 28-29).

En esta carta, queridos fieles, quiero recordarles la primera de las tres condiciones necesarias para hacer una buena comunión: estar en gracia de Dios, tener una hora de ayuno previo y acercarse a comulgar con devoción.

Por eso les recuerdo que no pueden acercarse a comulgar los bautizados que viven vida matrimonial sin estar casados por Iglesia, es decir, unidos solo por el matrimonio civil; los divorciados vueltos a casar, las personas solteras que viven “en pareja” con una persona soltera o divorciada; varones o mujeres “conviviendo en pareja”.

Recuerdo que para la Iglesia y ante Dios no existe lo que llamamos “divorcio”, es decir, matrimonio válido que ha sido anulado.

Por eso la Iglesia fundándose en la Sagrada Escritura, reafirma con la enseñanza del Papa, la costumbre de no admitir a la Sagrada Comunión a los divorciados que se vuelven a casar; son ellos, los que no pueden ser admitidos dado que su situación de vida contradice la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía; y continúa diciendo el Papa Juan Pablo: “Al recordar y urgir la prohibición de acercarse a recibir la comunión a los fieles que viven en situaciones irregulares, no hago otra cosa que cumplir con la misión encomendada por la Iglesia a sus pastores. No es, pues, cuestión de intolerancia o de más o menos apertura” (Familiaris consortio, 84).

La Iglesia enseñó siempre con claridad que nadie puede acercarse a la Sagrada Comunión con conciencia de pecado mortal, por muy arrepentido que parezca estar, sin la previa confesión sacramental. El sacerdote, que conociendo a alguna persona que está en situación irregular y se acerca a comulgar tiene la obligación de negarle la comunión.

Esta conciencia debe existir también en aquellos que, sin motivo alguno, no asisten habitualmente a la misa dominical, y por tanto antes de comulgar deben realizar la confesión sacramental.

En la Comunión recibimos el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre ¡Oh admirable misterio! y no solamente “una cosa santa”, por eso la imprescindible exigencia de tener el alma en gracia de Dios.

Queridos fieles, impedidos de recibir la comunión sacramental, les digo con el corazón en la mano, recordando las palabras del Papa, no se consideren separados de la Iglesia, únanse a Jesús para cultivar la fe y la esperanza, escuchando la Palabra de Dios, frecuentando la Misa, perseverando en la oración, educando a los hijos en la religión, practicando las obras de misericordia que tanto agradan al Señor e implorando de este modo, día a día, la gracia de Dios.

Jesús viviente en la Hostia Consagrada viene a nosotros; a Él nuestra adoración y profunda reverencia; recibámosle con más frecuencia con las debidas disposiciones.

Próximos a la fiesta del Corpus Christi preparemos con la mayor diligencia la misa y procesión exhortando a los fieles, especialmente a los adolescentes que se han confirmado en años anteriores a acercarse a la confesión y comunión; que en los días próximos a la fiesta en todas las parroquias se exponga a la pública adoración el Santísimo Sacramento y se facilite a los fieles la confesión sacramental, intercambiándose los sacerdotes para prestar este servicio.

Jesucristo es el centro de nuestra religión; que nos comprometamos cada vez más a ser y buscarle adoradores; con mi afectuosa bendición les saludo en el Señor: ¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!


Monseñor Rinaldo Fidel Bredice, obispo de Santa Rosa



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.