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SANTA ROSA NOS EXIGE ARRANCAR LOS VICIOS E
IMPLANTAR VIRTUDES
Homilía de monseñor
Rinaldo Fidel Bredice, obispo de Santa Rosa,
al presidir las fiestas patronales de la diócesis de Santa Rosa
(30 de agosto de 2005)
La Iglesia en
La Pampa, está representada en esta solemne liturgia, en que obispo, sacerdotes,
religiosas y pueblo santo de Dios, celebramos el acto más grande que vieron los
siglos: actualizamos el sacrificio de Jesús que murió en la cruz y resucitó.
Ciertamente hoy es un día
especial: es la fiesta de Santa Rosa de Lima, celestial patrona, ejemplo de
vida, e intercesora: para esta comunidad de la Catedral, para la Iglesia
particular diocesana, para esta ciudad, para la provincia y para la policía
provincial.
Santa Rosa resume en sí misma
la fe ardiente de los primeros cristianos, la austeridad de los padres del
desierto, la santidad alegre –ya que la alegría es la nota característica de la
verdadera santidad–.
Nació de padres españoles,
don Gaspar Flores y María Oliva, el 30 de abril de 1586 en la virreinal Lima del
nuevo mundo. El día del bautismo se le impuso el nombre de Isabel, pero muy
pronto la llamaron Rosa por la extraordinaria belleza de su rostro, y en la
confirmación Santo Toribio de Mogrovejo añadió al nombre de Rosa "de Santa
María".
Rosa de Santa María fue
ejemplo para los españoles, a quienes mostró mediante su vida que Dios debe ser
el primer servido y que amarlo a Él con todo el corazón y con toda el alma es el
primero y principal mandamiento.
Así mismo indicó a los
indígenas idólatras el camino que debían seguir para llegar al cielo,
mostrándoles la falsedad y crueldad de los ídolos y la verdad y suavidad del
Evangelio.
A los 20 años, impulsada por
el Espíritu Santo, se consagró a Dios vistiendo el hábito de la Tercera Orden de
Santo Domingo, y tomando a Santa Catalina de Siena como modelo de amor a Cristo
y servicio a los pobres. Vivió en medio de su gente, de su pueblo, sin apartarse
de la sociedad, conjugando una intensa piedad con una ardiente caridad, llena de
iniciativas en favor de los necesitados.
Su piedad fue tan profunda
que alcanzó alturas sublimes de experiencias místicas; con el Señor adornó a su
alma.
Ella tuvo como centro de su
vida a la persona de Cristo en la humildad de su encarnación, en el dolor de su
pasión y en la misteriosa cercanía de su presencia eucarística.
Iluminada por la fe y el amor
descubrió el rostro de Cristo en sus hermanos los pobres, los enfermos y
abandonados; hizo de su amor a Jesús un servicio de compasión y de ternura hacia
aquellos que reflejaban más directamente su imagen, prodigándose en todas las
obras de misericordia para consolar, curar, educar y elevar espiritual y
humanamente a cuantos acudían a ella.
¡Qué bien se cumple en esta
joven cristiana las palabras del Evangelio: 'cuanto hicisteis a un hermano más
pequeño, a mí me lo hicisteis'!
Podemos resumir la vida de
Santa Rosa diciendo que fue una mujer eucarística, que se alimentó de la doble
mesa que el Señor nos prepara: la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía.
Con gusto escuchaba la
Palabra de Dios en los sermones, en las pláticas de los retiros espirituales, en
la dirección espiritual y se alimentaba con frecuencia de la Santa Comunión:
según las costumbres de entonces, estaba autorizada a comulgar dos veces por
semana, los jueves y los domingos, y pasaba largos momentos en adoración ante el
sagrario de las iglesias.
Quiero aprovechar esta
oportunidad para recordarles los dos grandes propósitos señalados por el Papa
Juan Pablo para el Año Eucarístico: la misa dominical 'no podemos vivir sin el
domingo' y las visitas al Santísimo Sacramento.
El sábado 15 de octubre
tendremos el 'Encuentro eucarístico' de las parroquias del Decanato Centro: a
las 16, se expondrá el Santísimo en la Iglesia Catedral y luego realizaremos una
marcha eucarística por la Av. Roca hasta la laguna Don Tomás para concelebrar
allí la misa de clausura del Año Eucarístico.
El Decanato Norte, el 10 de
octubre, en la parroquia Sagrado Corazón de Eduardo Castex, realizará una
jornada eucarística con ese mismo motivo.
El Decanato Sur también está
preparando la clausura del Año Eucarístico.
Santa Rosa fue una mujer que
encontró a Jesús en la cruz, con quien quiso configurarse, aceptando 'la cruz de
cada día', es decir, la vida tal como se presentaba con las obligaciones del
propio estado; además, llevada por el Espíritu Santo, se impuso voluntariamente
grandísimas penitencias corporales que nos admiran por la generosidad de su
corazón.
También en esto Santa Rosa es
un modelo para nosotros, en este momento de posmodernismo, hijos de una sociedad
sensual y caprichosa, buscamos el confort a toda costa, que invita
constantemente a 'gustar' y a 'disfrutar', que empuja a huir del esfuerzo, del
dominio de las pasiones, queriendo hacernos olvidar que el seguimiento de Cristo
exige arrancar vicios e implantar virtudes, y que esto se hace imposible sin un
esfuerzo constante de la voluntad, auxiliada por la gracia.
Santa Rosa fue una mujer que
vivió al servicio a los pobres, viendo en ellos la imagen viviente de Jesús.
En el atardecer de la vida
seremos juzgados en el amor; las obras de misericordia resumen el Evangelio, son
como el corazón del mismo. El amor a Dios se hace visible en el amor al prójimo,
por eso les pido que leamos y meditemos el capítulo 25 de San Mateo.
Cumpliendo los mandamientos
recién somos un buen hombre del Antiguo Testamento. Jesús nos invita a practicar
las obras de misericordia y a vivir las bienaventuranzas que deben ser nuestra
norma de vida.
En esta misa, unidos en la
misma fe, esperanza y caridad, que nuestra oración sea una súplica ardiente a
Dios nuestro Padre, por Jesús, en el Espíritu Santo, acompañados por la
intercesión de Santa Rosa para que seamos cada vez más: eucarísticos, dueños y
señores de nosotros mismos, por un dominio constante sobre el egoísmo y la
sensualidad y que veamos en cada prójimo una imagen de Jesús a quien queremos
atender por las obras de misericordia.
Monseñor Rinaldo Fidel Bredice, obispo de Santa Rosa |