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MENSAJE DE NAVIDAD


Mensaje de Mons. Alejandro Buccolini, obispo de Río Gallegos
para la Navidad de 2003


El camino desde Dios hasta el hombre, ha significado un camino desde Dios hasta el corazón mismo de la creatura  humana.

Por cierto que los caminos que Dios recorre, nos resultan  desconcertantes. Nos parecen complicados precisamente por lo simples que son, o complicados porque no se adecuan al modo que tiene de mirarse a sí mismo el hombre, que sí es extremadamente complicado, pues descarta por principio la esencia de su origen: tierra. Nada más que tierra. Pero nada más simple que “tierra “.

El misterio de la Navidad, muestra el recorrido de ese camino, emprendido por Dios hasta nosotros.

Llegamos a las celebraciones navideñas una vez más, con sentimientos de alegría, de alivio y de gratitud porque Cristo se ha hecho uno de nosotros. Pues Dios, no vive sobre el hombre en infinita lejanía dejando que la vida siga la ruta que le trazara de una vez y para siempre. En un determinado momento traspuso el umbral, la frontera. Dios, el infinito, el inaccesible y trascendente ingresa personalmente en la historia de los hombres a través de la Encarnación. Este es en el fondo el meollo del misterio de la Navidad.  Y  no se nos escapa el significado profundo y sobre todo el impacto con que este camino elegido por Dios, ha tocado la fibra humana.

Se nos aparece en concreto, en la forma visible de un niño: niño como todos los demás: primera frontera rebasada del modo pensado por el humano:   lo sumo, lo poderoso, lo intocable lo superior, lo omnipotente, lo autosuficiente. Sin embargo, Dios  : lo más concreto y sencillo, lo más a la mano, lo más indefenso y lo más impotente: NIÑO! Niño, es lo más  necesitado, lo más vulnerable! Lo más opuesto también a lo que el hombre desea: poder, grandeza, dominio, gran equívoco pues no consiste en esto su dignidad. Su verdadera dignidad, es poder ser, llegar a ser. Ser lo que es: humano: de carne y hueso. Limitado y frágil. Por ello, la Navidad nos plantea volver al principio: a la pequeñez, a la desnudez y a la apertura esperanzada. “Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni mis caminos los caminos de ustedes”.( Mc. 8,33) Dios ha dignificado al hombre, asumiendo al hombre todo, en su pequeñez, la que es su verdadera dignidad. ¡Seguimos un poco miopes! Es verdad que siempre pensamos que fuimos redimidos para ser perdonados. Pero estábamos perdonados desde el principio. Para eso nos creó, para hacernos partícipes de su Vida, para besarnos con su Gratuidad. Necesitábamos ser rescatados, sí, de la poca fe en nosotros mismos y en quien nos habita. Nos alejamos demasiado de nuestra grandeza y dignidad humana, nos degradamos, nos perdimos al buscar fuera los tesoros que llevamos dentro. Por eso nos envió un bebé. El venido Niño nos está susurrando dos mensajes esenciales para nuestra naturaleza humana: “camino” y “nacimiento”. ¿Nos hemos percatado de que el alumbramiento sucede en el camino? En el camino ordinario hacia el terrenal cumplimiento de una ley civil, la de empadronarse. ¿Vemos cómo manan los milagros en el polvo de nuestro pisado mundo? . Podemos sembrar el bien en nuestro barro terrenal, podemos cultivar la plenitud, podemos rebosar luz y abrazos. Eso es lo que significa “nacimiento”: desde nuestra pequeñez inicial podemos germinar, madurar, fructificar. En nuestro interior nace el reino de los cielos y su energía fluye continuamente. Basta con estar atentos, con dejarnos impulsar, con caminar por nuestra preciosa cotidianidad. ¿Entendemos ahora la lección de “camino” y “nacimiento”? ¿Por qué el Sublime nos llegó naciendo y en camino?

El tiempo siguió su andar y nos preguntamos si esa iniciativa de Dios de dignificar al hombre en su esencia, sigue su curso , si la humanidad se renueva hacia un nuevo modo de ser. Contemplando este mundo humano en esta Navidad, pareciera despertar en nosotros un sentimiento de vacío y despojo de esa dignidad primera. Una planetaria geografía del dolor, de la discriminación, de la exclusión, de la explotación, de la guerra devastadora, de la manipulación de la vida y de la implacable trituradora de mercado, ofrecen a nuestros ojos un panorama sombrío. Es la geografía de la no dignificación.

Navidad! Camino de Dios hacia el hombre...Navidad! Camino del Hombre hacia...qué? Sin duda no hacia Dios, pues habría que recorrerlo hacia la pequeñez. ¿Podría serlo hacia el no ser, hacia la mortandad? Todos quisiéramos que no! De hecho, Navidad y mortandad, se oponen

Vivamos el misterio navideño, todos unidos, sin divisiones y buscando el bien común.

¿No podremos celebrar de veras la Navidad? Sí que es posible y esperanzador! Que Navidad sea camino de retorno! Camino hacia el sentido, hacia la vida, hacia la cuna! El camino de ida, fue iniciado por Dios, el camino de vuelta es el del hombre hacia El, es decir hacia la dignidad!  Y curiosamente, este camino también ha sido iniciado por Dios, que se hace NIÑO: Natividad. Navidad.

Adeste fideles! Vayamos hermanos, jubilosa el alma. Vengan!, vayamos hacia Belén!  “Natum videte”. Ved al Nacido. Camino y Nacimiento: he ahí nuestra dignidad!


Mons. Alejandro A. Buccolini,
obispo de Río Gallegos



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