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¡CRISTO VIVE!
Mensaje de Mons. Alejandro Antonio Buccolini, obispo de Río Gallegos para la
Pascua de Resurrección de 2003
Jesús está vivo, ha resucitado. Mateo subraya el hecho diciendo “verdaderamente” ha
resucitado y se apareció a Simón.
No tenemos experiencia de la
resurrección y aunque creamos firmemente, nos es difícil imaginarla pues tiene
algo de extraño y lejano como para que incida en nuestra vida. Es más fácil
pensar en Jesús Niño, en la gruta de Belén. En imaginarnos a Jesús que enseña,
que hace milagros para socorrer a los pobres, los hambrientos, los enfermos.
Sin embargo este es el
mensaje, escueto y profundo, misterioso y real que estamos celebrando. Tan
esencial es, que Pablo aseguró con lapidaria afirmación: “Si Cristo no ha
resucitado, entonces vana es nuestra fe.”
Jesús entró en la historia
de la humanidad a través de la Encarnación; vivió en este mundo , predicó y
sembró la paz , la justicia en la verdad, obró milagros orientados a poner en
pie al hombre caído, marginado, explotado y dividido y afrontó la muerte fiel a
la Misión recibida del Padre. En la resurrección volvió a trasponer las
fronteras de la temporalidad. En el marco de este destino El es plenamente una
figura histórica, pero a la vez sigue siendo Dios. Todo lo que hace tiene su
fuente en lo eterno. Y por eso todo lo que llega hacia El y lo experimenta se
integra a su vez en lo eterno.
Vive en el tiempo y de ese
modo está “bajo la ley”(Gal 4,4) Pero es también el Señor del tiempo y crea una
nueva historia que es la verdadera historia, la de los Hijos de Dios y de la
nueva creación. No se lo puede desprender de estas dos coordenadas, la del
tiempo y la de lo nuevo.
El evangelio nos trae una
buena noticia. La muerte ha sido derrotada. Cristo ha pasado el umbral de la
muerte y ha alcanzado una vida nueva para todos los que se unen a El. La
resurrección de Cristo no es el final del una novela triste que hemos leído en
estos días sino que es un hecho que nos envuelve y nos compromete.
Nos envuelve a todos
nosotros porque si creemos en Cristo y nos adherimos a El tenemos la promesa de
la inmortalidad en una vida semejante a la suya..
La resurrección de Cristo
también nos compromete porque debemos anunciar el Evangelio, la buena noticia
del triunfo de la vida. Por eso debemos
empeñarnos en trabajar por la vida. Recibamos con alegría este mensaje pascual.
¡Cristo Vive!:
* Ante la manifestación de
destrucción de la vida, patente en la guerra injusta y mentirosa, en la
industria armamentista y en la ambición de dominio financiero, de violencia
homicida, justificación del aborto criminal,
el
hombre y la mujer creyentes. optan por la defensa de la Vida!
Ante la hambruna planetaria,
la discriminación de las masas de pobres, la injusticia social reinante ignorada
en el escenario político, la corrupción institucional,
el hombre y la mujer
creyentes, optan por la solidaridad, la participación, la honestidad y la
responsabilidad.
* Ante la planificada
destrucción del núcleo familiar, con leyes inicuas y “rentables” para fines
inconfesables, ante la “idiotización” de muchos jóvenes a fines de manipulación
y alienación de una fuerza de cambio social como ellos lo son,
el
hombre y la mujer creyentes, optan por la educación en los valores, la formación
de la conciencia, del sentido crítico y de la responsabilidad social.
* Ante la contumacia de la
clase dirigente orientada al propio beneficio, a la depredación del patrimonio
nacional, a la venta de la soberanía y a la dependencia de los centros
financieros, a costa del sometimiento de la población con la hipoteca de lustros
de futuro,
el
hombre y la mujer creyentes, optan por un voto responsable hacia candidatos que
esgrimen programas posibles, y puntualmente dirigidos al bien común, a la
defensa de la vida y a la igualdad de oportunidades para la mayoría de los
marginados hoy.
También unamos nuestras
fuerzas para promover todo aquello que pueda llevar a un pleno goce de este don
de vida. Vivir es realizarse, es poner en práctica todas las capacidades y
potencialidades que el Eterno Hacedor nos da como patrimonio de dignidad y
progreso. Es gozar ordenadamente este don de la vida, es servir, es compartir,
es repartir y multiplicar.
El Hombre y la Mujer
vestidos de Pascua, impregnados de Pascua, están lanzados a la misión de crear
aquellas condiciones espirituales, políticas, sociales y económicas a partir de
las que todos puedan comenzar a gozar este don de la vida ofrecido en la Pascua
de Jesús. Nos queda además, la necesidad perentoria de alimentar nuestra
esperanza: por eso, se impone, vivir con fe y amor, para que podamos prolongar
esta alegría en el goce de la Vida Eterna.
Que la Santísima Virgen,
Madre de Cristo Crucificado y Resucitado, nos acompañe a construir la paz y
defender la vida.
En este contexto deseo para
todos una feliz y santa Pascua.
Mons. Alejandro Antonio Buccolini,
obispo de Río Gallegos |