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NAVEGANDO MAR
ADENTRO
Carta pastoral de Mons. Alejandro Buccolini, obispo de Río Gallegos
31 de enero de 2004
A través de esta Carta Pastoral me dirijo a todos los agentes Pastorales de la
diócesis: Párrocos, Catequistas, Movimientos de Iglesia, Educadores,
Asociaciones Apostólicas, Grupos, Familias, Jóvenes, para reflexionar juntos y
orientar el trabajo que demanda para este año nuestro Proyecto Pastoral
Diocesano.
Con el receso de vacaciones
hemos podido descansar un poco, nos sentimos renovados y fortalecidos física y
síquicamente. En nuestras parroquias y comunidades miles de personas viven,
gozan, sufren y trabajan. Hay padres que educan o no, contienen o expulsan a los
hijos, familias que viven en fidelidad y otras que se han dispersado y dividido,
innumerables jóvenes libres o amordazados... No es correcto llegar a pocos que
nos están esperando, sí en cambio son muchísimos más los que no se acercan a
nuestras orillas. Es personal y comunitaria la invitación de Jesús a Navegar Mar
Adentro, conformando una y acogedora red, con ardor misionero y esperanzador.
El Proyecto Pastoral es un
instrumento válido, en este momento casi único, para trabajar mejor. Nos ayuda a
clarificar objetivos, a generar un clima de comunión y amplia participación. Nos
ofrece pautas y metodologías para convertir los desafíos en esperanza concreta.
Nos ayuda indudablemente a remar juntos y en la misma dirección.
En el mes de Octubre, han
tenido lugar las asambleas decanales, tal como los sacerdotes lo solicitaran en
el encuentro de Agosto en Caleta Olivia. Es el segundo año consecutivo en el que
las asambleas son de carácter decanal: ello nos reduce el horizonte más dilatado
del mar de la diócesis, con todo, lo aceptamos así, dada la disparidad de ritmos
de cada decanato y a fin de nivelarnos todos para una marcha acompasada.
Nos preguntamos ahora: ¿Qué
incidencia habrán de tener en adelante en el Pueblo de Dios, los cuatro
objetivos de nuestro Proyecto Pastoral? Tal incidencia estará dada por el
impacto concreto que tengan los diversos programas y proyectos a poner en
marcha, de modo que activen cambios verificables ( a lo mejor pocos pero muy
profundos), dentro de una pastoral orgánica y articulada, iluminada por los
objetivos, coordinada metodológicamente, y llevada adelante por todos, en la
medida de la función o rol a que ha sido llamado cada uno en la iglesia.
Para acompañar este proceso
de “amerizaje” en el concreto mar en el que se nos llama a navegar, sintetizo
brevemente, en líneas de fuerza para la proyección del Plan, aquellos elementos
de los encuentros decanales, que son coincidentes y definen rumbos certeros de
incidencia.
Antes, deseo indicar que
considerados los trabajos de síntesis que han llegado a mis manos, puedo
advertir el “distinto ritmo”y el diverso paso de los decanatos. Estuvo en
nuestro proceso desde el 1993 hasta el 2000, el deseo de elaborar un Plan
Pastoral. La etapa analítica, los marcos teóricos, y la diagnosis, fueron de
alguna manera sistematizados. Nos ha quedado en devenir, la proyección: cómo
aterrizar, cómo concretar. Aquí aparecen las tendencias decanales: un decanato,
volvió sobre el Deber ser, otro sobre el Diagnóstico, un tercero alcanzó a tocar
pista en lo Proyectivo. Por ello, me valgo del aporte de este último, para darle
consistencia y precisión a lo proyectivo, integrando los valiosos elementos de
los otros dos decanatos, en los aspectos analíticos.
Me parecen iluminadores
cuatro ejes dinámicos trabajados en uno de los decanatos, y que pueden ayudar a
todos a reorientar la marcha y producir la etapa de planeación que es la que
precisamente permite la concreción de una pastoral. Cada eje dinámico, recorre
las cuatro opciones pastorales del Plan Diocesano.
Re-descubrir que
En la FAMILIA: aún está la
llama del hogar, el sentido y el valor de pertenecer. No todo está deshecho. Que
hay muchísimas familias de verdad cristianas y que en ellas existe la dimensión
educadora de la fe y cuya misión y testimonio, son significativos y proféticos,
para el hombre de hoy, sensible a la búsqueda de valores.
En Los JÓVENES: hay valores
intactos (justicia, sinceridad, generosidad, alegría) que son semillas de Verbo.
Que en sus gritos y lenguajes reclaman la necesidad de expresarse y defienden el
valor de sí mismos. Que su misión y su aporte a la Iglesia y a la sociedad es
indispensable y valioso. Que son un potencial renovador en las comunidades que
los acogen y les dan espacio y que salen a su encuentro.
En los LAICOS de nuestras
comunidades susbsiste la identidad de bautizados y su rol en la Iglesia es
crucial y su necesidad de ser protagonistas en la Iglesia y en la sociedad
posmoderna es indispensable. Que hay laicos con capacidad de gran compromiso y
que los pastores les deben atención y deben ofrecerles la formación que demandan
los desafíos presentes.
En la COMUNICACIÓN, es
preciso mejorar la interpersonal y la vitalidad (gracia y eficacia) para la
Iglesia se deriva de una pastoral orgánica que utiliza los Medios de
Comunicación masiva para evangelizar “desde los tejados”. Que nos ofrece muchos
canales para llegar a la comunidad y verter los valores del evangelio penetrando
en los hogares. Y que el fotomensaje, las carteleras y los boletines, son medios
para la siembra y la ampliación de los valores. Que es Comunicación, la actitud
de acogida, saludo y despedida.
Des-aprender
Que en la FAMILIA, la
paternidad-maternidad prescinda o implique saber educar. Que “esto es así y
basta!”, que siempre en la Iglesia fue servicio como “poder”. Que es suficiente
y alcanza a las familias sólo lo que reciben en la Catequesis familiar.
Desaprender a emitir juicios inamovibles ante la vida de los demás.
Que para los JÓVENES, la
experiencia de los adultos no es la misma que la de los jóvenes. Desaprender la
discriminación por la apariencia (piercing, tatuaje, música, melena).
Desaprender la actitud paternalista respecto de su atención pastoral, y la
muletilla de que “son incapaces para el compromiso” y “que están en la diversión
y en la superficialidad solamente”. Desaprender todo un manejo de los tiempos de
los adultos hacia los jóvenes, y dejarlos solos porque son “in-bancables”.
Que la condición de LAICOS
se reduce a un gueto de privilegiados que se arriman a la jerarquía. Desaprender
el monopolio del servicio por parte de los clérigos y que sea indispensable una
excelente formación para todo servicio posible en la Iglesia. Desaprender la
crítica por la crítica y el basar el status laical en puro sacramentalismo sin
conocimiento de Dios, reduciendo su presencia a la pura ejecución de actividades
ordenadas por la jerarquía. Desaprender que cada cambio de sacerdote al frente
de una comunidad implique un cambio de criterios en la conducción pastoral.
Que la COMUNICACIÓN, no debe
boquearse en respetos humanos, susceptibilidades ante la diversidad de
pensamiento y enfoque y en la suposición de que todos saben todo y están
informados de todo. Desaprender que no se limita la Comunicación a avisos
parroquiales o que se trata de ser simples informantes ante nuestras bases. Que
no se puede dar por sabido todo, o que por dicho, todos están enterados.
Re-afirmar
LA FAMILIA como opción y
núcleo evangelizador y concentrador de lo pastoral y que los padres son los
primeros catequistas y la validez metodológica de la Catequesis Familiar. Que
los eventos pastorales deben darse en contexto de procesos. Reafirmar la validez
y la sublimidad del sacramento del Matrimonio y la necesidad de espacios de
encuentro, reflexión, maduración y celebración para las parejas de esposos.
La confianza de la Iglesia en
los JÓVENES como pueblo de la bienaventuranza y que por ello la Iglesia opta por
ellos como prioridad. Reafirmar la oferta de espacios para los jóvenes en
nuestras comunidades, salir a su búsqueda en los ambientes en los que ellos
viven, trabajan, se divierten y sufren, con ellos, desde ellos, para ellos.
Reafirmar que es preciso darles apoyo y acompañamiento valorando sus búsquedas,
su generosidad, sus gestos, y lenguajes en lo que tienen de positivo, o
descubriendo bajo ellos las profundas necesidades de sus vidas y los valores
positivos que persiguen aunque por caminos errados.
El imperioso servicio de la
FORMACIÓN DE LOS LAICOS y su acompañamiento. La vocación y misión del laico en
la Iglesia y la sociedad, su participación indispensable con crecimiento de
responsabilidad y compromiso. Reafirmar lo valioso de establecer una experiencia
de comunicación y de corrección fraterna de los laicos para con sus pastores.
Reafirmar la importancia de
los MEDIOS DE COMUNICACIÓN en la evangelización y asumir la Comunicación como
estilo y medio. La necesidad de generar innumerables pequeños grupos en torno a
la PALABRA, la oración en el respeto de los distintos carismas con la
valorización de las expresiones de religiosidad popular. La convicción de que es
preciso mejorar la comunicación interpersonal y establecer bases de diálogo
maduro y responsable, con capacidad para resolver conflictos y generar consensos
en la diversidad.
Re-organizar
Para la PRIORIDAD FAMILIA:
Consolidar la Pastoral Familiar con pie de apoyo en la Catequesis Familiar,
volviendo a los Fundamentos Metodológicos. La Planificación Pastoral parroquial,
en comunión y participación diocesanas. La atención pastoral de las familias en
sus distintas etapas y situaciones vitales, mediante una pastoral abierta y
aterrizada.
Para la PRIORIDAD JÓVENES:
Replantear la Pastoral Juvenil con, desde y para ellos. Con confianza y
servicios de acompañamiento, guía espiritual y formación. Estructurarla sobre
Proyectos de Vida “en el seguimiento de Jesús” y según las vocaciones diversas
que suscita la Gracia, y con proyección a todas las realidades que viven.
Revisar incluso los presupuestos financieros, de los que sistemáticamente los
jóvenes son excluidos, involucrándolos en el acopio de recursos propios que
permitan su movilidad, su capacitación y el desarrollo de sus instancias
individuales, grupales, diocesanas, regionales, nacionales e internacionales.
Para la PRIORIDAD LAICOS:
Estructurar canales de participación más activa y cualificada. Llamarlos a la
corresponsabilidad y no privarlos del acompañamiento como medio de atender la
crisis de comunión y vínculos dentro y fuera de las parroquias. Desarrollar una
fuerte conciencia eclesial a través de los Consejos Pastorales. Al momento de
pensar y actuar su formación esgrimir criterios que no sean de orden conceptual
solamente sino que basen prioritariamente su vida en el encuentro vivo y
personal con Jesús, generando un acompañamiento en su vida espiritual. Arbitrar
medios para una mejor distribución de responsabilidades y tareas con previo
desprendimiento de los sacerdotes de áreas e incumbencias que los laicos están
capacitados para llevar adelante.
Para la PRIORIDAD
COMUNICACIÓN: Definir una metodología de la información y de la comunicación
particularmente interpersonal, con canales eficaces de relación ad intra y ad
extra, formando para la comunicación. Establecer criterios para la designación
de personas en la animación pastoral, siempre en comunión con los pastores y/o
responsables de las comunidades. Cuidar sobremanera el modo de comunicarnos,
teniendo presente la claridad (forma) y la motivación con que se transmiten los
mensajes. La Planificación Anual, es un resorte indispensable de la
Comunicación. Permanecer abiertos y difundir, conocer y aplicar la Planificación
Diocesana, Decanal o Local.
Una cuestión delicada
Incluyo la siguiente
advertencia: Me preocupa grandemente, que la Pastoral de Jóvenes haya perdido su
consistencia, aunque esto es un fenómeno también nacional y dicha pastoral, está
en crisis aún mundialmente. Los especialistas están revisando las causas y nos
van entregando pistas para navegar entre las nuevas condiciones, situaciones y
turbulencias presentes.
Estado de situación
Respecto a ello, me parece
percibir en nuestra diócesis un estancamiento o una apatía general de pastores
y agentes de pastoral, frente a la nueva cultura juvenil, que se expresa
particularmente en una falta de acogida, acompañamiento y diálogo con los
jóvenes. Desaparecieron casi en todas partes, los encuentros de impacto que
tanto motivan a los jóvenes, su organización flexible y funcional frente al
desmañado talante de las relaciones juveniles, sus fiestas, sus noches, sus
expresiones musicales, sus códigos de comunicación y dejaron de verse aquellas
manifestaciones juveniles numerosas y festivas que tanto provocan a sus
coetáneos a preguntarse ¿qué es esto? ¿qué sucede? haciendo sumarse nuevos
jóvenes en la búsqueda comunitaria de horizontes posibles y esperanzadores. Se
redujeron considerablemente, los grupos o comunidades juveniles en la
experiencia asociativa; hay parroquias que se cerraron parcialmente a darles
espacio y el laicado adulto mira con desconfianza y descree de la capacidad de
compromiso de los jóvenes.
Pistas de solución
Esto merece ser tenido en
cuenta. Por ello, he iniciado una ronda de conversaciones con los líderes
juveniles en cada decanato y he llegado a la conclusión de que es preciso
modificar sustancialmente la orgánica del sector. Estos son los criterios
rectores:
1. Poner en manos de los jóvenes la animación y coordinación de sus
planes y actividades, en consonancia con el Plan Pastoral. Por ello el
Coordinador de Pastoral Juvenil no debe ser un sacerdote, sino un Laico Joven:
es su rol específico.
2.
Trabajar durante el año 2004
en dar consistencia a la pastoral de juventud en cada decanato, cuya base es la
pastoral juvenil parroquial o local.
3.
Para el 2005 iniciar la tarea de comunión Inter-decanal favoreciendo el
encuentro de revisión y planeación conjunta a través del Coordinador Decanal
surgido de las bases en instancias conjuntas de jóvenes de cada decanato.
4.
Para el 2006, integrar la orgánica diocesana, flexible, ágil y sin pérdida de
autonomía decanal, pero con hondo sentido de pertenencia diocesana.
5.
Definir y asignar a los sacerdotes, religiosos y consagrados su específica tarea
de dirección espiritual, acompañamiento y orientación, que les compete por
vocación. La pastoral de jóvenes debe ser ejecutada por ellos, pero con, y desde
ellos a través del servicio específico de la animación-formación.
6.
No soslayar un estudio presupuestario ya en el mismo nivel parroquial y por
supuesto, decanal y diocesano, para que este sector tenga medios suficientes
para desarrollar su tarea y los mismos jóvenes deberán superar el clientelismo
fácil de esperarlo todo sin esfuerzo, involucrándose en el acopio de sus propios
recursos. Estimo, que no aterrizará nunca la pastoral de sector, si no hay
compromiso en invertir y mover recursos para capacitación, movilidad,
crecimiento y apoyo.
7.
Pastoralmente en consonancia
con “Navega Mar Adentro”, se deberán navegar todas las aguas: los centros de
estudio, los barrios, los clubes, las discotecas, las noches, la calle...y todas
las profundidades: situaciones de marginación, de riesgo, de desvalimiento, de
explotación, de pobreza...y esto deberá hacerse con capacitación y entre todos:
jóvenes, adultos, sacerdotes y con vínculos con cuanta asociación, ONG,
sociedades intermedias, centros comunitarios, profesionales e instituciones, que
trabajen en el sector juvenil y familiar.
Se puede tener la impresión
de que estoy concentrando toda la fuerza pastoral en la prioridad Jóvenes,
pasando a segundo plano las de Familia, Laicos y Comunicación. Pero no es esta
mi intención. Estando transversalmente implicadas las cuatro prioridades, la
articulación pastoral que estoy proponiendo para Jóvenes, debería
imaginativamente aplicarse a cada prioridad. Cada una deberá trasvasar los
límites propios (si los hay),para rebasarse sobre las otras tres. Esto puede
constituir un modelo operativo, que denota una pastoral orgánica y de conjunto.
No cabe duda, que el sector
juvenil me preocupa especialmente, por la situación de disolvencia que
atraviesa.
Conclusión
Cuando Jesús invita a los
discípulos a volver a la pesca, éstos, desmotivados, estaban lavando y reparando
las redes. Iba cayendo la noche y con ella la esperanza.
Si miramos la institución
familiar, el desvalimiento de los jóvenes, el impase de un laicado acomodado al
modelo posmoderno y las gruesas deficiencias en nuestra Comunicación, podría
darnos la sensación de que no hay otra cosa que hacer más que lavar y emparchar
las redes. Va cayendo la noche sobre muchos valores.
El cambio epocal y sus
consecuencias no constituyen un hecho sino un proceso y será necesario
precisamente un proceso lento pero inexorable para revertir y reconducir al
mensaje evangélico como respuesta adecuada a las búsquedas de la humanidad,
porque se trata de una “metanoia”: cambio de mentalidad. Es un cambio difícil.
Ojalá nuestro humilde
proyecto pastoral nos encamine hacia proyectos sencillos, pero concretos capaces
de morder la realidad y provocar cambios de fondo y sobre todo de corazones.
Algunos esquemas recogidos de diversos talleres en los decanatos, podrán servir
para acertar la metodología simple que subyace y atisbar formas creativas de
llegada, pues estamos ahora en la etapa de la PROYECCIÓN. Este material que
desplazamos a un anexo informático para quienes lo requieran a secretaría, puede
ayudar a elaborar proyectos simples e incisivos, nucleares algunos e
interconectados otros, tendientes siempre a participar y a establecer vínculos
de comunión en las bases parroquiales.
El Espíritu Santo que nos
anima es el mismo que impulsó a Jesús. El, nos hace partícipes de la vida y de
la misión de nuestro Salvador y Maestro. Sin El, la evangelización es imposible.
A lo largo de su vida Jesús, lleno del Espíritu fue acompañando y enseñando a
sus discípulos y lo hizo en modo que las actitudes de los discípulos se fueron
asemejando a las suyas. Es decir, estando “delante de Cristo”, luego vivían “en
El”. Antes “hablaban sobre Cristo”luego “obraban con las fuerzas de El”.
Augurando un año
particularmente fecundo, imploramos a Don Bosco nuestro patrono, nos dé su
creatividad, su celo eclesial, su santidad y su visión profética y a la
Auxiliadora su capacidad de permanente presencia comprometida junto a Jesús
teniendo como a su máxima expresión al pie de la Cruz.
Río Gallegos, 31 de enero de 2004
Mons. Alejandro A.
Buccolini,
obispo de Río Gallegos |