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PASCUA:
ACONTECIMIENTO Y COMPROMISO
Carta pastoral de monseñor Alejandro Buccolini, obispo de Río Gallegos
para la Pascua 2004
Con la luz de la Pascua recién estrenada, surge espontáneo considerar el impacto
que este acontecimiento debería producir en el corazón del creyente. En efecto,
Pascua no es una simple recordación histórica. Es un acontecimiento en devenir,
en el hoy de la vida, y el encargado de actuarlo, instalarlo y anunciarlo es
precisamente el creyente. Por eso, Pascua es también un llamado e involucra una
misión concreta.
Cuando Dios decidió irrumpir
en la vida del Pueblo, no fue sino para convocarlo desde una situación concreta
a un misión igualmente concreta; es decir, pasar de la esclavitud a la libertad.
Así Moisés transfirió a
Israel todo que eran llamados, elegidos, destinados, separados-seleccionados
para ser heraldos de la libertad. Tal concepto bíblico de elección, destino,
separación-selección, pasó al latín con el término: “sanctus “ ...
Pascua es precisamente la
fiesta de los llamados, de los convocados de los seleccionados: de los SANTOS.
En el imaginario de nuestra
cultura, de numerosos conflictos sociales, políticos, económicos, este término,
“santidad” suena a arcaico, incongruente y casi sin sentido aplicable. Cuanto
más, no pasa de ser el título que la Iglesia asigna cuando proclama la
canonización, la beatificación o heroicidad de virtudes de una persona. Es
decir, tenemos un concepto demasiado reducido de “Santidad”.
SANTO es todo aquél que
inundado de luz pascual, vive a pleno la elección de la que fue objeto y la
encarna en su proyecto personal de vida y en la misión a la que fue convocado.
Este don objetivo de
SANTIDAD, es ofrecido a cada bautizado-creyente en cualquier estado o
situación de vida “Sean santos, como el Padre Celestial, es santo”(Mt. 5).
“Esta es la voluntad de Dios, su santificación” (1Tes. 4,13). Todos los
creyentes de cualquier clase y condición están llamados a la plenitud de la vida
cristiana y a la perfección del amor (L.G. 40. NMI 30): es decir a la SANTIDAD.
Así pues, la santidad,
consiste en un modo de ser, un modo de existir en este mundo, en razón de una
misión específica que debe expresarse en frutos y signos de SANTIDAD. De vida
“vivida” en suma. Y ello tiene sus implicancias. La Pascua exige en si misma
una reforma interior y urgente en una sociedad corrupta, violenta, degradada y
con valores trastocados.
Reformarse significa
adquirir de nuevo la forma que se tuvo al inicio. El Cristo Pascual le dio una
nueva forma interna a su comunidad. La hizo servidora, despojada de las
riquezas y de todo modo altanero, más preocupada por los problemas de la
gente.
Naturalmente esto tiene
implicancias para nosotros Obispos: “antes purificarse, después purificar; antes
dejarse instruir por la sabiduría, después instruir; convertirse primero en luz,
después iluminar; primero acercarse a Dios, después acercar los otros a EL;
primero ser santos, después santificar (Pastores Gregis 12). Para Ustedes
hermanos sacerdotes: elegidos para el servicio humilde, no para ser servidos.
Para Ustedes hermanos laicos y laicas: elegidos para impregnar el mundo y las
realidades terrenas de los valores del evangelio. Para Ustedes consagrados:
llamados a ser preanuncio del Reino. Para Ustedes Jóvenes cristianos elegidos
para ser agentes de cambio y motivo de esperanza encarnada y para no perder de
vista nunca la utopía, la ilusión, el dinamismo y la alegría. Para Ustedes,
profesionales, políticos y funcionarios, sindicalistas y trabajadores que se
sienten creyentes, convocados para el bien común y el imperio de la justicia y
la paz.
Parece ser que la SANTIDAD,
es bastante más concreta, bastante más posible y bastante más necesaria de lo
que en realidad aparece. Podríamos darle acepciones más modernas igualmente
necesarias: compromiso, testimonio, valentía, coherencia, decisión, opción por
el Bien, solidaridad, fraternidad.
Como quiera que sea, un
hombre-mujer alumbrados por la Pascua, es un hombre-mujer para la SANTIDAD.
Sin pesimismo, nos hará bien
recordar y sentir en carne propia este llamado. Pues el reciente pasado, es a
las claras una síntesis de su ausencia: Empobrecimiento, desocupación,
represión, inseguridad, violencia, tristeza, y rostros sin luz, esperanzas
apagadas, la última de ellas con nombre propio: AXEL.
Y no cabe ninguna duda, que
planteárselo con seriedad, significa “seguimiento”, seguimiento del Maestro de
Santidad Jesús. El Cristo. Seguimiento de su reguero de Luz, y seguimiento de
todo un proceso vivido por El y marcado por esta Semana Santa que concluye:
Vida, Pasión, Muerte y Resurrección.
Consciente de haber
reflexionado sobre un tema poco usual y hasta molesto para la modernidad, me
auguro de haber sido interpretado y con el deseo de que nuestra comunidad
cristiana, viva la Pascua como llamado a la Santidad y la Santidad como
expresión de la luz de Pascua.
A todos auguro felices
Pascuas de Resurrección.
Mons. Alejandro A. Buccolini, obispo de Río Gallegos
Pascua
2004 |