Carta Pastoral con motivo de la Cuaresma 1999, del obispo de
Concordia, monseñor Héctor Sabatino Cardelli.
Queridos hermanos en Cristo con quienes quiero hacer el camino
cuaresmal, en este año de crecimiento en la vivencia del Padre
Misericordioso que nos envió a su Hijo para salvarnos.
Lo
que nos ayudará a vivir en esta comunión con Dios hasta
fusionarnos en El, será la oración. Los contactos
logrados con El durante la oración, pueden invadir poco a poco
nuestra vida cotidiana hasta instalarse como un estado continuo.
Sería
laudable que toda nuestra vida sea oración, pero no podremos lograr
este estado sino alcanzando cierto nivel de recogimiento y de paz.
No
se puede meditar mientras uno trabaja, en otra cosa, pero sí es
posible intercalar momentos de oración como jaculatorias, elevar el
corazón a Dios en un instante y luego seguir con la tarea y si la
oración ordinaria es de silencio y sin palabras, ni ebullición de
afectos, en el fondo del alma puede haber surgido una paz
acompañada de recogimiento en la presencia de Dios.
Esto
puede perdurar más allá de los momentos dedicados expresamente a
la oración.
Esa
paz acompañada por la presencia de Dios puede permanecer en el
tiempo como una música de fondo, no molesta ni exige atención, no
ocupa la mente pero queda como un vivir desde una profundidad mayor.
Es un apoyo interior que refuerza la capacidad del hombre.
Cuando
logramos este recogimiento interior sentiremos la necesidad de
soledad y de dedicar algún tiempo exclusivo a Dios. Este
recogimiento será como un estado que ilumina la vida desde adentro,
es como una visita del Señor que todavía no está en su casa. Para
que se quede como en su casa hay que dedicarle tiempo viviendo así
podremos hacer de toda nuestra vida una oración.
Este
estado de recogimiento desarrolla la percepción espiritual y nos
ayuda a descubrir a Dios que nos habla no sólo por la letra del
Evangelio, sino también por medio de los acontecimientos
históricos, dándole un sentido más profundo a lo que nos pasa,
ayudándonos a entenderlos como a Palabras que salen de su boca.
Será
necesario vivir esta experiencia para poder leer los signos de los
tiempos y ser capaces de percibir muchas cosas que en un estado más
superficial sería imposible notarlas.
Cuánto
más se logre la proximidad con Dios, más se aclaran los problemas
y por tanto las soluciones.
Hoy
las fuerzas vivas de nuestra sociedad están preocupadas por
resolver la situación social, para lo cual es preciso calar más
hondo en el corazón del hombre porque la sola filantropía no basta
para hacer crecer en la conciencia que todo hombre es mi hermano y
por tanto debo relacionarme con él como tal.
Cuaresma
es un tiempo fuerte, también lo es el fin del milenio con todos sus
desafíos y propuestas.
¿Será
posible volvernos más a Dios para poder llevar a Dios a los otros?
Los
muchos problemas que nos apliquen podrán esclarecerse más a la luz
de Dios y podremos ser más útiles en el servicio, brindando
soluciones conforme al plan del Padre Misericordioso, que nos hizo
sus hijos en Cristo y que nos hermanó por su Sangre. ¡La Pascua
será pasar de lo superficial a lo profundo para escuchar en los
acontecimientos el grito de Dios que nos dice que sólo la vida
interior potencia la capacidad del hombre, que "la caridad de
Dios se hace presente a través de la actuación de los
cristianos" (J.P.II) y que en nuestros gestos descubren la
ternura del Padre Celestial!
Para
ser leída y meditada en este sagrado tiempo de Cuaresma en toda la
comunidad diocesana. Los bendigo
Mons. Héctor S. Cardelli, obispo de Concordia