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LOS
VALORES
ESPIRITUALES SIRVEN MÁS
QUE LAS CUENTAS BANCARIAS
Alocución
pronunciada por el obispo de Concordia,
monseñor Héctor Sabatino Cardelli, en
el tedéum celebrado
en la catedral concordiense el 25 de mayo de 2001.
Hoy, otra vez, estamos aquí reunidos ante el Dios de todos,
pero en especial, el que reconocieron aquellos padres que nos dieron la Patria,
para darle gracias por todos estos años de historia. Años en los que vimos la
pródiga y abundante mano del Creador que nos regaló un suelo privilegiado, y
una riqueza de climas y de condiciones que nos favorecieron siempre; no
registramos en nuestra historia ningún cataclismo que nos haya hecho dudar de
su Providencia un instante.
También queremos agradecer al Dios Altísimo el habernos
conformado como Pueblo libre, unido y animado de espíritu de Paz y
Solidaridad, que cada uno de nosotros sentimos en nuestro interior como notas
constitutivas de nuestro ser y valores de los que no quisiéramos desprendernos
a costa de no sentirnos nosotros mismos.
Este ser constitutivo como seres humanos hermanados en un
pueblo, debe hoy más que nunca, expresarse en su modo de obrar.
Por eso, hoy, otra vez estamos aquí para pedir a Dios la
capacidad y la generosidad de corazón para corresponder con nuestro obrar a
tanto don interior otorgado para que podamos constituir una patria justa,
solidaria, participativa, donde nadie se sienta excluido y donde todos tengamos
un lugar protagónico para poder desarrollarnos como personas en el ejercicio de
nuestros derechos y deberes que nos permiten vivir en la verdad y la justicia.
A mi entender, queridos concordienses, hoy estamos llamados a
crecer desde adentro, a revalorizar aquello que nos ennoblece y engrandece en
nuestra casi infinita capacidad de dar, más que en la búsqueda del poseer
egoísta que nos mata.
Hoy, los valores espirituales de cada ciudadano sirven más
que las cuentas bancarias. Hoy queremos solucionar con dinero nuestros
problemas, pero vemos con decepción que hasta el mismo dinero ganado dignamente
se hace inalcanzable por la gran corrosión de los valores interiores de las
personas.
Esta falta de crecimiento espiritual es la que provoca la
injusticia y la desigualdad que excluye y margina de toda posibilidad a la
mayoría.
Por eso estamos aquí, Señor, en tu presencia. Queremos
pedirte con humildad y con mucha confianza que nos ayudes a mirarnos por dentro,
a hacer cada uno de nosotros un serio examen de conciencia para descubrir
nuestros errores, que nos des la valentía de no achicarnos ante el desafío del
cambio de vida que ordenará mi conducta y que repercutirá en la relación con
los demás. Si hoy cada uno de nosotros nos disponemos a cambiar nuestras
actitudes erradas y nos decidimos, desde el lugar y función que ocupamos, a
hacer el bien, a buscar el bien de los demás, a establecer el bien como motivo
de fondo de nuestro obrar, volverá a brillar el sol en este nublado país, y la
claridad de los principios orientará nuestros pasos por el sendero de grandeza
para el que fuimos creados.
A María de Luján, que se quiso quedar con nosotros porque
sabía de nuestras necesidades, le pedimos nos acerque su mano de madre para
reanudar la marcha seguros y con firmeza en este camino nuevo. Amen.
Mons. Héctor Sabatino Cardelli,
Obispo de Concordia
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2320 del 6 de junio de 2001 |