|
NAVIDAD 2002
Mensaje de Mons. Héctor Cardelli, obispo de concordia,
para la Navidad de 2002
Queridos Cristianos!
Celebremos en esta
Navidad a Cristo, nuestra esperanza. El es verdaderamente quien puede
gestar en nosotros todo lo que esperamos en esta fiestas: ser felices,
tener un mundo más humano, que tengamos paz, pan, trabajo, educación,
salud, seguridad, justicia, verdad, amor!
No sólo gestarlo en
nuestros corazones, sino también hacerlo posible desde el misterio de
su encarnación! Se hizo uno de nosotros para hacernos como El; vino a
quedarse, a tomar nuestra condición para rescatarla y transformarla
con su gracia en una vida Nueva.
¿Qué debemos hacer?
Aceptar a Jesús en nuestras vidas, tristes y desesperanzadas,
reconocerlo como nuestro único salvador y ofrecerle la decisión de
seguirlo, de imitarlo, de calcar en nosotros sus criterios, sus
valores y hacerlos vigentes en nuestras relaciones, en nuestros
ambientes!
¿Cómo podremos
lograrlo?
Ante todo conociéndolo, leyendo y meditando el evangelio donde El se
revela, donde están sus dichos, palabras y sus hechos. Esto sin dudas
despertará en nosotros un movimiento interior provocado por la gracia,
por la fe que se profundiza y nos capacita e invita a dar respuestas.
¿Qué pasará
entonces?
Comenzará a leudar el Reino primero en nuestros corazones y después en
nuestro medio.
Como Francisco
diremos: donde haya odio, pongamos Amor; donde haya tristeza, alegría;
donde haya mentira, verdad! Donde haya miedo, confianza; donde haya
egoísmo, entrega!
Así el Reino de Dios
irá desplazando el Reino de las tinieblas y ese Jesús que nació en
Belén haciéndose semejante a nosotros, nos vaya haciendo cada vez más
parecidos a El.
Por eso decimos que El
es nuestra esperanza porque adhiriéndonos a El esperamos un mundo
nuevo, en el que todos seremos felices porque habremos comenzado a
vivir el Reino de Dios que ya comenzó aquí entre nosotros y que
disfrutaremos plenamente en el Cielo.
Navidad está
estrechamente vinculada a la respuesta que cada uno de nosotros le dé
al Señor; para los cristianos es un imperativo porque ya somos
depositarios de la fe, no podemos decir que no lo conocemos; de
nosotros depende que los que aún no lo conozcan, lleguen a conocerlo y
amarlo.
Aquí están los
verdaderos augurios para nuestra Navidad 2.002.
Otra vez resuenen en
nuestros corazones las palabras del maestro: Ud. son la sal de la
tierra, si ella se vuelve insípida, con qué se la volverá a salar? Ya
no servirá sino para ser pisoteada ...
Si vivimos como si no
hubiera nacido, es imposible que nazca el hombre nuevo que nos
proponemos con su nacimiento!
Abramos nuestro
corazón al Señor que viene y Feliz Navidad!
Mons. Héctor Cardelli,
obispo de Concordia |