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MARÍA, MUJER EUCARÍSTICA
Homilía de monseñor Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás,
en la misa central
por el vigésimo segundo aniversario de los acontecimientos marianos
de la Virgen del Rosario de San Nicolás (25 de setiembre de 2005)
Si yo les
preguntase a ustedes, si han venido hoy a San Nicolás por la
Eucaristía o por María, tal vez la mayoría me responda: “por María”.
Es ella la que nos convoca, pero es la Eucaristía Quien hace de Ella
la gran convocante.
• ¿Cómo podríamos
adorar a Jesús en la Eucaristía si Ella no lo hubiera concebido?
• ¿Cómo podría
hoy Jesús darnos su Carne y su Sangre, si no se hubiera Encarnado, si
no fuera hijo de mujer?
Jesús Encarnado,
hecho Eucaristía, comienza su historia entre nosotros, cuando Ella
dice que sí al Arcángel.
A partir de
entonces, María se convierte en custodia viviente del Salvador del
mundo, el Pan de Vida Eterna y el Cáliz de Eterna Salvación!
Madre e hijo, hijo
y madre asociados para siempre en el gran misterio del Dios con
nosotros.
El motivo final de
este sagrado intercambio es la gloria del Padre, pero también el bien
de cada uno de nosotros.
Cada vez que nos
acercamos a María, lo hacemos también con Jesús, porque Ella nos lleva
a su Hijo y cuando nuestra relación con Jesús se establece, Él
comienza a transformar nuestra vida, creando lo que podríamos decir
un estilo eucarístico en nosotros. Este estilo, en María, se dio
desplegado misteriosamente en el tiempo, desde la Encarnación a la
Resurrección, en nosotros, que vivimos después de su Pascua, Jesús
interviene en el Amén de la fe eucarística, como lo hizo en el de la
Encarnación vivido por Ella, por el que nos da su carne para la vida
del mundo.
Esa Comunión
eucarística de su Cuerpo y Sangre vivida en la fe y en el amor,
produce en nosotros ese estilo de vida eucarística que María
rápidamente asumió.
Consideremos
algunos aspectos de su vida para aplicarlos como modelo a la de
nosotros:
• ante la
propuesta de ser asociada al proyecto salvador del Padre, ella dice
“Amén”, de modo responsable e irreversible,
• ante la noticia
que Isabel lo necesitaba, corre sin demora a prestar su servicio
generoso y alegre,
• ante los elogios
que recibe de su prima, inmediatamente los refiere a Dios en un
cántico de gratitud y alabanza,
• ante las
respuestas de Jesús, que no entiende, Ella las guarda en su corazón
hasta entenderlas y adherir a la voluntad de Dios,
• fiel e intuitivo
adelanta “la hora”de Jesús en un gesto de amor supremo por nosotros, a
cambio de seguir teniendo consigo a su Hijo único, y aceptarnos en su
Casa a todos nosotros,
• se asocia en el
silencio y el dolor, iluminado por su Amor, cuando al Pie de la Cruz,
acepta esta voluntad de Dios, aunque espadas atraviesan su corazón de
Madre,
• cuando gozosa
comparte la alegría del triunfo y acompaña a la Iglesia naciente en
sus primeros pasos de misionera.
Adoptar estas
actitudes en situaciones similares por las que también nosotros
atravesamos, nos hacen amar como lo hizo Ella y sintonizar con la
voluntad de Dios.
Jesús hecho
Eucaristía, pan de Vida, cambia nuestra vida como la de María.
• Ella es la Mujer
Eucaristía, porque asimiló ese Pan de Vida hasta la transformación en
Él.
• Nosotros estamos
llamados a seguir ese camino y cada Comunión hecha con amor nos hará
más semejantes a Él, como lo hizo con su Madre.
¡Hermanos
y Amigos Peregrinos!
Hoy estamos aquí
por Ella y por Él, no podemos separarlos y al verlos desde aquí me lo
imagino como un trigal, maduro y abundante, en el que cada uno de
ustedes, como un grano de ese trigo forman un solo pan, una sola
hostia, una sola Iglesia.
Hermosa imagen del
Reino, imagen de Comunión para el mundo, imagen de unidad que sigue al
único Señor, nacido de María y hecho hermano de todos nosotros.
Hoy María en San
Nicolás, por vigésima segunda vez nos vuelve a decir que ese es el
camino, que nos pongamos de pie, aunque estemos cansados y agobiados,
porque cada paso que demos, por más insignificante que parezca, nos
acerca a Él, nos dignifica y nos construye como su Pueblo.
Gracias, María! te
queremos , porque nos diste a Jesús.
Gracias, Jesús!
por compartirnos a tu Madre! Amén.
Mons. Héctor Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos |