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PUNTO DE LLEGADA Y DE PARTIDA
Palabras de
monseñor
Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás,
al abrir en
la madrugada del 25 de setiembre de 2005, las fiestas en el santuario
de la Virgen del Rosario de San Nicolás
San Nicolás de los Arroyos, 0:00 horas del
domingo 25 de setiembre de 2005.
¡Hace
ya 22 años que los caminos de nuestra Patria convergen en San Nicolás!
En unos años más, celebraremos el bicentenario de nuestra
Independencia y, a pesar de ser jóvenes como Nación, desde antes de
que fuera constituida como tal, quisiste quedarte en Luján para que
sintamos que en casa, estaba desde el comienzo la presencia de la
mamá. Luego te hiciste presente en Itatí, en El Valle, En Salta y en
todas las provincias y poblaciones de este bendito suelo querido por
vos, donde vivimos y compartimos los argentinos y los hombres de buena
voluntad que la habitamos.
A nosotros va
dirigido tu amor maternal y por nosotros debe ser correspondido. Al
ser la Madre de Jesús, nos asumes a cada uno como a tus hijos; esto
nos acrecienta en la conciencia de que somos hermanos, cobijados en el
mismo manto maternal.
Esta noche es un
signo fuerte y elocuente de este querer concentrarte con tus hijos y
darnos la gracia de sentirnos hermanados entre todos.
En este bendito
lugar que elegiste, se está constituyendo la casa materna donde
acudimos tus hijos a recibir tu aliento y tu fuerza para seguir
viviendo como hermanos.
Este lugar es ya un
punto de llegada para abrevar en tu regazo de madre y un punto de
partida para irradiar en nuestra patria y en el mundo, un testimonio
de vida que quiere inspirarse en los valores evangélicos, *aquellos
que nos acompañaron desde antes de ser Nación, *que sostuvieron a
nuestros matrimonios y familias, *nuestra educación, *a nuestros
jóvenes y trabajadores, *a nuestras leyes morales y sociales, *a
nuestra convivencia de paz y concordia, *a nuestros anhelos de cambiar
el mundo por Amor!
Esta noche
queremos, querida Madre, pedirte que lo que estamos viviendo aquí en
la fe y el amor, lo podamos extender hasta cada lugar donde vivimos y
desde donde venimos.
Si bien llegar
hasta aquí nos demandó un esfuerzo físico, que también tengamos la
voluntad de no recortarnos en el esfuerzo por dar continuidad a esta
tarea de la evangelización y comenzar a vivir con mayor entusiasmo
cada día, el estilo de vida que exige el Reino.
María, en esta
vigilia de oración y de alabanza, te abrimos nuestro corazón para
llenarnos del Amor de tu Hijo, a fin de que podamos redimir nuestro
sufrimiento, dolores y luchar asociados a los de Él, que nos amó
primero.
¡Que la paz y el
silencio de esta noche nos recuerden al grano de trigo que, desde el
silencio y la oscuridad de la tierra, surge para multiplicarse en el
fruto que sacia el Hambre del Mundo!
Mons. Héctor Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos |