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ACERCA DE LOS LEFEBVRISTAS EN SALTA



I. Los hechos


1.
Durante el año 1998 recibí en una oportunidad al P. Luis Canale, sacerdote lefebvrista que actúa en Salta como responsable del llamado «Priorato Inmaculado Corazón de María» - Fundación San Pío X - Fraternidad San Pío X - con sede en Castellanos, Lesser, Salta.


2.
En diversas ocasiones, sacerdotes miembros del Presbiterio de la Arquidiócesis de Salta, presentaron sus quejas por la actuación de los lefebvristas en el seno de la comunidad salteña. Dicha actuación, al presentarse como si fuera en plena comunión con la Iglesia, induce a confusión a los fieles, la mayoría de los cuales ignoraría la falta de comunión del movimiento lefebvrista con la Iglesia Católica. Los sacerdotes hablan de celebraciones litúrgicas y de administración de sacramentales, además de catequesis presacramental y de formación permanente que se imparte sin ninguna comunión pastoral ni relación jurídica alguna con la Arquidiócesis de Salta.


3. En calle Uriburu y Obispo Romero, en territorio de la parroquia de la Santa Cruz de la ciudad de Salta, está siendo construido un templo. Al frente del mismo se ha colocado un cartel que reza lo siguiente: «Aquí se construye la Capilla NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN - Fundación San José - Fundación San Pío X - Fraternidad Sacerdotal San Pío X - Iglesia Católica Apostólica Romana».


4. He recibido la visita del Sr. Cura Párroco de Nuestra Señora del Huerto, vecina al territorio donde se construye el templo antes nombrado, pidiéndome que clarificara a la feligresía la situación de la Fraternidad «San Pío X».


5. Carteles colocados en la puerta del templo mencionado invitan a niños de 9 a14 años a participar en un campamento Organizados por sacerdotes y seminaristas lefebvristas.


6. Se ha invitado a la Primera Misa Solemne de un sacerdote lefebvrista –se supone que fue celebrada– el 26 de diciembre ppdo. a las 10. Dicho sacerdote, según testimonia un recuerdo de su ordenación, fue ordenado irregularmente por Mons. Bernard Tissier de Mallerais, obispo cismático sobre el que pesa la excomunión reservada a la Santa Sede, según el decreto de la Congregación para los Obispos del 1 de julio de 1988 –de esto se habla en el n. 14 de este escrito–.


7. He recibido una cordial corta del P. Luis Canale, fechada el 22 de noviembre de 1999 en la cual:

7. 1. Me anuncia la finalización de la ‘edificación de la capilla.

7.2. Me comunica el nombre de la misma: «Nuestra Señora del Carmen»

7.3. Me informa del cartel –cfr. 3– que expresa su convicción de pertenecer a la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana.

7.4. Afirma su convicción de que la comunión es imperfecta agregando: «no es conforme a la verdad afirmar que no somos católicos, que estamos excomulgados o que somos cismáticos".

7.5. Me pide que aclare estos términos («cismáticos», «excomulgados») con que los sacerdotes acusan a los lefebvristas. Esta acusación sería «no sólo mentirosa, sino calumniosa».

7.6. Se presenta una defensa de su tarea litúrgico-catequística «en fidelidad a sus estatutos aprobados oficialmente por la Iglesia» y una queja contra los sacerdotes que los califican «injustamente».

7.7. Se concluye afirmando: "No está en nuestras manos dar una solución total al problema de fondo de la Fraternidad y el Vaticano. Pero sí podemos y debemos trabajar por el honor de Nuestro Señor y su Iglesia».



II. Nuestra respuesta


8.
Los hechos relatados anteriormente me colocan ante la exigencia de presentar la verdad histórica y doctrinal del movimiento lefebvrista y de cumplir con mi obligación de promover la disciplina que es común a toda la Iglesia y vigilar para que no se introduzcan abusos en la misma (CIC c 392).


A. ¿Quiénes son los lefebvristas?

9. Se trata de un movimiento que adhiere al Obispo Marcel Lefebvre, fundador, en el año 1970, (de la «Fraternidad Sacerdotal San Pío X». Actúa en varios lugares del mundo. En nuestro país tienen un priorato en Buenos Aires y uno en Salta. En Córdoba tienen también una casa.

De inspiración integrista, este movimiento se opuso permanentemente al, espíritu del Concilio Vaticano II (1962-1965) y a las reformas que el mismo inspiró, cuestionando la autoridad de los Papas Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. De modo particular atacó la doctrina conciliar sobre la libertad religiosa.

A partir de la publicación de una «profesión de fe» firmada por el Obispo Lefebvre el 21 de noviembre de 1974, ha agudizado su rechazo de someterse a la autoridad del Papa a pesar de los reiterados pedidos que por sí o por sus delegados, el mismo Santo Padre le presentara.


10.
La Santa Sede procuró con paciente diligencia, a lo largo de varios años, obtener la ubicación regular de este movimiento en plena comunión eclesial con el Sumo Pontífice, guardián de la Unidad en la Verdad. Se trató de un largo camino de búsqueda de unidad durante el cual los Papas hicieron gala de especial paciencia y exquisita caridad «hasta el límite de lo posible» 1.


11.
La Sede Apostólica perseguía un solo objetivo en las conversaciones con Mons. Lefebvre: «favorecer y salvaguardar la unidad en la obediencia a la Revelación divina, traducida e interpretada por el Magisterio de la Iglesia, concretamente en los veintiún concilios ecuménicos, desde Nicea al Vaticano II» 2.


12.
Los coloquios se intensificaron a comienzos de mayo de 1988 urgidos por la amenaza presentada por Mons. Lefebvre de ordenar obispos a presbíteros sin el mandato apostólico.


13.
Mons. Lefebvre rechazó todo lo conseguido en los coloquios retractándose del acuerdo de reconciliación con la Santa Sede por él firmado el 5 de mayo de ese año de 1988 junto con el Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. A pesar de la invitación y súplica «por las llagas de Cristo y en su nombre» del Papa, de volver a la obediencia al Vicario de Cristo y no proceder a ordenaciones episcopales, ordenó obispos a cuatro presbíteros el 30 de junio de 1988. Con esa acción «cismática por naturaleza» incurrió en la pena prevista por el canon 1364, parágrafo 1 y canon 1382 del Código de Derecho Canónico.


14.
El 1 de julio de 1988, el Prefecto de la Congregación para los Obispos, Card. Bernardin Gantin, firmó el Decreto que declaraba la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica a Mons. Lefebvre y a los cuatro ordenados por él, a saber, Mons. Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Ricard Williamson y Alfonso de Galarreta. También se declara la excomunión de Mons. Antonio de Castro Mayer por haber participado directamente en la celebración litúrgica como co-consagrante y haber adherido públicamente a la acción cismática. Allí se advierte a los fieles que no adhieran a la acción cismática de Mons. Lefebvre para no incurrir en la misma pena.


15.
Al día siguiente, 2 de julio, Juan Pablo II firmó la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio «Ecclesia Dei». En ella el Santo Padre afirma que el acto de ordenar obispos sin mandato apostólico «ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia -que lleva consigo un rechazo del Primado romano- constituye un acto cismático» 3. «Al realizar este acto», continúa el Papa, «han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica» 4, remitiéndose al canon 1382 del CIC.


16. En el párrafo 5 c de la Carta Apostólica el Papa dirige una llamada a los que han estado vinculados de diversos modos con las actividades del arzobispo Lefebvre, «para que cumplan el grave deber de permanecer unidos al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia Católica y dejen de sostener de cualquier forma que sea esa reprobable conducta. Todos deben saber que la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión debidamente establecida por la ley de la Iglesia» 5.


17. El 18 de julio de 1988 se fundó la llamada «Fraternidad San Pedro", en el marco de lo prescripto por la Santa Sede, formada por ex lefebvristas que no quieren separarse de la Iglesia y por seminaristas deseosos de una formación «tradicional» que quieren permanecer en la comunión de la Iglesia católica.


18. El Pontificio Consejo para la Interpretación de los textos legislativos, en nota sobre la excomunión por cisma en que incurren los adherentes al movimiento del Obispo Marcel Lefebvre, firmada el 24 de agosto de 1996, enseña que «hasta que no haya cambios que conduzcan al restablecimiento de la necesaria "comunión" todo el movimiento lefebvrista debe considerarse cismático, existiendo al respecto una formal declaración de la Suprema Autoridad» -n.3-.


19. En el mismo documento, después de aclarar en qué consiste la adhesión formal, se afirma: «En el caso de los diáconos y de los sacerdotes lefebvristas parece indudable que su actividad ministerial en el ámbito del movimiento cismático es un signo más que evidente del hecho que se den los requisitos mencionados y que, por lo tanto, exista una adhesión formal» 6. Esto, significa que caen bajo la excomunión que indica el canon 1364.


B. ¿Qué es un Cisma?

20. Para. entender la gravedad del pecado del cisma se ha de recordar que, por voluntad de Jesucristo, la Iglesia es una, santa, católica y apostólica.

La Iglesia es Una debido a su origen: la Santísima Trinidad, a su fundador: Jesucristo, a su «alma»: el Espíritu Santo. Desde el principio esta Iglesia Una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de dones de Dios y de la multiplicidad de personas que los reciben.

La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También San Pablo debe exhortar a «guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz» (Ef 4,3).7


21. «¿,Cuáles son estos vínculos de la unidad?. «Por encima de todo esto revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección» (Col 3,14). Pero la unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión:

- la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles,

- la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos; sobre todo de los sacramentos; sobre todo de los sacramentos;

- la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna dé,! la familia de Dios" 8 que conserva la concordia fraterna dé,! la familia de Dios" 8 que conserva la concordia fraterna dé,! la familia de Dios" 8


22. De hecho, «en esta una y única Iglesia de Dios, ‘aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol reprueba severamente como condenables; y en los siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica». Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo no se producen sin el pecado de los hombres. 9


23. Entre los pecados que lesionan la unidad de la Iglesia, se, encuentra el pecado del cisma. Cisma es el rechazo del la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a. él sometidos». 10


24. Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, estudia el cisma dentro del tratado de la caridad y lo ubica como un Vicio que se opone a la paz, acto de la caridad. 11

El santo doctor de la Iglesia nos enseña que el cisma «suena a desgarro» y habla de escisión porque se opone a la unidad.

Se llama pecado de cisma al que directamente y de por sí contraría a la unidad eclesiástica y parece ser el mas grave pecado de los que se corneten contra el prójimo porque va contra el bien espiritual de la comunidad de la Iglesia. El pecado de cisma intenta separar de la unidad que realiza la caridad, que no solamente une con vínculo espiritual de amor una persona con otra, sino a toda la Iglesia en unidad de espíritu.

La unidad de la Iglesia radica en dos cosas:

a. En la conexión o comunicación de los miembros de la Iglesia entre sí, y

b. En la ordenación de todos los miembros de la Iglesia a una cabeza. Esa cabeza es Cristo cuyas veces hace el Sumo Pontífice.

Por eso se llaman cismáticos a aquellos que rehusan someterse al Sumo Pontífice y a quienes ¡lo quieren comunicarse con los miembros de la Iglesia a él sometidos.

También nos enseña Santo Tomás que el cisma es senda para la herejía -pecado que atenta directamente contra la fe- («no hay cisma en que no se forjen herejías, de suerte que a las claras se, vea que se ha. apartado de la Iglesia’; -San Jerónimo, In Tit 30-).


¿Qué significa excomunión?

25. Frente a algunos delitos particularmente graves, la Iglesia se ve en la necesidad de aplicar sanciones penales con las cuales castiga a los que los cometen intentando la enmienda del que delinquió. Esta sanción se llama también medicinal o censura. Una de las censuras que la Iglesia aplica es la excomunión.


26. En orden a lo que nos preocupa en nuestra Arquidiócesis, conviene recordar que a los que están excomulgados se les prohibe tener cualquier participación ministerial en la celebración del Sacrificio Eucarístico o en cualquier otra ceremonia de culto y celebrar los sacramentos o sacramentales y recibir los sacramentos. Además, teniendo en cuenta que la excomunión ha sido declarada -cfr. Nn 18 y 19- los ministros realizan ilícita e inválidamente los actos de régimen (es decir, la administración del sacramento de la reconciliación y la bendición de los matrimonios).12



III. Pautas pastorales


27.
Atentos a todo lo hasta aquí expuesto recordamos a nuestros queridos feligreses de la Arquidiócesis de Salta lo siguiente:

1. La comunidad del sacerdotes lefebvristas que atienden la llamada capilla «‘Nuestra Señora del Carmen» no están en comunión con la Iglesia católica porque

a. No están en comunión con el Papa puesto que continúan en el movimiento creado a partir del cisma provocado por la ordenación de obispos sin autorización de la Sede Apostólica y, según el documento citado en el n. 19 de este escrito, caen bajo la figura de cisma formal.

b. Por ello no están en comunión con la Iglesia arquidiocesana. Como consecuencia de ello no se someten a la autoridad episcopal ni a las disposiciones existentes.

A partir de esto puedo afirmar que parece abusivo, por inducir a error, la proclamación presentada en el cartel al que hace alusión el n 3 del presente escrito: «Iglesia Católica Apostólica Romana».


2. La catequesis que allí se imparte no es válida ni suficiente para la formación presacramental de los fieles católicos. Desaconsejamos a nuestros queridos fieles, participar en dichas propuestas formativas.


3.
Los bautismos que allí se administran son ilícitos. Los fieles que desean bautizar a sus hijos cuentan con el servicio de un número suficiente de parroquias en la ciudad y Arquidiócesis de Salta y deben hacerlo normalmente en su propia parroquia.


4.
Es inválida, para los fieles católicos, la celebración del sacramento de la reconciliación (o penitencia o confesión) administrada por los sacerdotes lefebvristas.


5. Es inválido para los fieles católicos, el matrimonio bendecido por sacerdotes lefebvristas o en la capilla atendida por ellos. Se recuerda que el lugar ordinario para la celebración de dicho sacramento es la parroquia de uno de los contrayentes


6.
Salvo en caso de peligro de muerte, no se ha de solicitar a los sacerdotes lefebvristas el servicio del sacramento de la Unción de los Enfermos y/o Viático.


7.
En cuanto a la participación en la Santa Misa presidida por un sacerdote lefebvrista:

a. Si se hace ocasionalmente y sin ánimo de negar la validez de la Santa Misa celebrada según el rito aprobado por Pablo VI -es decir, la Santa Misa según se celebra en todos los templos de Salta y del mundo católico-, puede no considerarse que haya actitud cismática... Sin embargo, aconsejamos a los fíeles católicos a abstenerse de frecuentar una comunidad que los ha de formar en un espíritu ajeno a la Iglesia. No se puede ser la Iglesia contra la Iglesia.

b. Si se hace despreciando la Celebración Eucarística según el rito aprobado por Pablo VI, el fiel ha de revisar sus actitudes en un clima de oración y consultar en el fuero interno con un confesor.


8. Se informa que no es lícito invocar a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, de parte de los le-febvristas, para pedir limosna a los fieles católicos.



IV. Concluyendo


28.
Debo precisar la respuesta, a la carta del P. Canale que fue presentada en el Nº 7.

1. Respecto a su convicción de pertenecer a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y a su afirmación que la comunión es imperfecta se ha de afirmar lo siguiente:

El movimiento lefebvrista afecta a la unidad de la Iglesia en los tres vínculos visibles de comunión de la Iglesia (ver el n 21). En efecto:

a. Ataca la sucesión apostólica por el sacramento del orden porque se alimenta desde la ordenación cismática de los obispos.

b. No acepta la celebración común del culto divino según lo dispuesto por el Concilio Vaticano II y aprobado por Pablo VI.

c. Pone en duda la autoridad del Papa afectando el contenido de la fe.

Dice Santo Tomás que la esencia del cisma está en no obedecer con cierta rebelión13 lo cual puede deducirse del no aceptar el camino abierto por la Santa Sede a través de la Fundación San Pedro a la que se hace alusión en el n 17.


2. Respecto a la verdad o no del carácter cismático del movimiento lefebvrista y de la excomunión que pesa sobre los sacerdotes me remito a la afirmación del Santo Padre en el documento «Ecclesia Dei» -ver n. 15- y a lo enseñado por el Pontificio Consejo para la Interpretación de los textos legislativos -ver nn 18 y 19-.


3. Respecto a la afirmación final de la carta «No está en nuestras manos dar una solución total al problema de fondo de la fraternidad y el Vaticano. Pero sí podemos y debemos trabajar por el honor de Nuestro Señor y su Iglesia», debo decir que el problema lefebvrista no es una cuestión política entre un estado y un grupo cualquiera. Se trata de una cuestión que hace a la unidad de la Iglesia, unidad querida por Jesucristo y de la cual el Papa es el garante. Mal podría yo, obispo de esta Iglesia de Salta, trabajar por el honor de Jesucristo y de su Iglesia no respetando la voluntad santa del Señor que eligió a Pedro y a su Sucesor. La verdad es el fundamento de la unidad de la Iglesia. No podría construir la unidad al margen de quien constituye su centro visible, que es el Papa, el cual, además, es el Maestro de la Verdad cristiana.


4. Por último, hago un llamado a todos los fieles cristianos, en particular a los sacerdotes, diáconos y religiosos, a empeñar nuestras vidas en la tarea de hacer que nuestra Iglesia de Salta sea Iglesia: creyente, caritativa y misionera. Hemos de empeñarnos en formar a nuestros cristianos en la fe alimentada por la Palabra de Dios y madurada en la enseñanza de la Iglesia. Hemos de celebrar los mis-terios de la fe según el espíritu y la liturgia de la Igle-sia. Hemos de dinamizar la vida de nuestras comunidades en un hondo fervor misionero que reavive la entrega generosa de los primeros cristianos.


5. A los sacerdotes lefebvristas y, si los hubiera, a los fieles, los invito humilde pero firmemente a aceptar los caminos que la Iglesia les propone para su reinserción plena en su seno. El lugar de ustedes está en la Iglesia con nosotros, con nuestro Papa Juan Pablo II. A ustedes los sentimos como una rama del árbol que se ha desgajado. La herida nos duele profundamente. El dolor lo ofrecemos como una plegaria por la unidad. Como nos enseñó el Señor.


6. Al Señor y la Virgen del Milagro entrego esta preocupación pastoral.


Mons. Mario Antonio Cargnello,
arzobispo de Salta

Salta, 19 de enero de 2000, miércoles de la segunda semana durante el año del Gran Jubileo de la Encarnación.


Notas

(1)   Juan Pablo II, "Carta apostólica en forma de Motu Proprio «Ecelesia Dei» (2 de junio de 1988). ED

(2)   Carta de Juan Pablo II a Mons. Lefebvre (9 de junio de 1988)

(3)   ED 3

(4)   Id.

(5)   ED 5c.

(6)   Pontificio Consejo para la interpretación de los textos legislativos. Nota sobre la excomunión por cisma en que incurren los adherentes al movimiento del Obispo Marcel Lefebvre, 24.8.96 -a partir de ahora NOTA 6.

(7)   Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica -CIC-, 811-814.

(8)   CIC 815

(9)   CIC 817

(10) Cfr. CIC 2089 que remite al Código de Derecho Canónico -CDC- c. 751

(11) Suma Teológica II-II q.39

(12) Cfr CDC e 1331

(13) ST 2-2 q 39 a 1 ad 2

Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2255, del 8 de marzo de 2000


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