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MILAGRO 2002


 Mensaje de Mons. Mario Antonio Cargnello en la Procesión de Penitencia
13 de setiembre de 2002


¡Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos!

También este año, Señor, en el camino que marca el tiempo de esta ciudad que te reconoce suyo, venimos hasta Ti para decirte: ¡Te necesitamos!. ¡A Ti, Jesucristo, Señor de nuestra historia!. ¡A Ti, Señor del Milagro!. ¡A Ti te necesitamos!. En tu imagen del Milagro resplandece tu señorío sobre la historia porque es el signo de tu estar con nosotros desde que Salta nació, en los albores mismos de la historia de nuestra patria.

Ayer fue el temor grave ante el terremoto que nos recordó que éramos frágiles hoy es la experiencia dolorosa de una patria sin esperanzas que nos hiere y nos agobia.


Nos sentimos heridos y agobiados

Sentimos la fatiga de un pasado que pesa en sus consecuencias de injusticia y de exclusión.

Sentimos la molestia de un presente que contempla azorado cómo el tejido social se ha roto. No confían en nosotros, no confiamos entre nosotros. La ley del “¡sálvese quien pueda!” alimenta un egoísmo narcisista que es incapaz de mirar a los demás. En lo económico y en los compromisos ciudadanos, la amistad social ha sido sustituida por el amiguismo arribista que alimenta envidias y desconfianzas. ¡Nos sentimos agobiados!.

Se ha sustituido la sagrada ley del trabajo por el imperio de la dádiva y el bíblico salmo que canta el dulce sabor de las lágrimas de los que siembran para cosechar entre canciones (cfr Sal 126, 5-6) ha dejado lugar a la tristeza de ver las manos menesterosas de niños, de jóvenes, de familias que están aprendiendo a hacer de la mendicidad un trabajo. El hambre en un país lleno de tus dones como el nuestro nos destruye en nuestra dignidad e hipoteca nuestro futuro mutilando la esperanza de los jóvenes. ¡Nos sentimos agobiados!.

En muchos centros formadores de opinión y de cultura, sometiéndose a cualquier precio al culto del éxito, se ofrece al pueblo el ideal del placer sin compromiso, de la persona sin familia, de la vida sin riesgos verdaderos, de un hombre que potencia no lo mejor sino lo peor de sí.. Nos sentimos heridos y agobiados.


Precisamos tu alivio y fortaleza.
Muéstrate, Señor, entre nosotros.

Tú, Señor Jesucristo del Milagro y de la Pascua, Hijo del Padre y dador del Espíritu Santo, eres la clave, el centro y el fin de toda la historia, también de nuestra historia. Tú eres el el gozo del corazón humano y la plenitud total de sus aspiraciones. Tú eres aquél a quien el Padre resucitó, exaltó y colocó a su derecha, constituyéndote juez de vivos y de difuntos. Vivificados y reunidos en tu Espíritu, caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana (1). Delante de tu templo estamos aquí, como ciudadanos de esta patria, para pedirte: “danos tu alivio y fortaleza”.

Necesitamos verte. También nosotros, hoy, como aquellos griegos en Jerusalén, le decimos a Felipe, tu apóstol y nuestro patrono: “Queremos ver a Jesús, necesitamos ver a Jesús” (cfr Jn 12,21).

Necesitamos contemplar tu rostro, fuente perenne de alivio y fortaleza. Y en la experiencia de este encuentro contigo en una procesión de penitencia y de súplica sentir que brota la confianza del encuentro contigo, hermano y amigo nuestro, decirte:


Queremos ser nación
Una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.


Preguntarnos por la identidad es preguntarnos por nuestro origen. ¿Quién soy? ¿Quiénes somos los argentinos?

“Así como en origen de la vida de cada ser humano está Dios como Padre, así también en el principio de la vida social está Dios. El existir con otros y el vivir juntos no es el fruto de una desgracia a la que haya que resignarse, ni un hecho accidental que debamos soportar; ni siquiera se trata de una mera estrategia para poder sobrevivir. Toda vida en sociedad tiene para las personas un fundamento más hondo: Dios mismo... En el misterio de Dios uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, descubrimos que pluralidad y diálogo, intercambio y apertura; unidad, valores comunes e idiosincrasia como nación, no son alternativas entre las que hay que optar sino dimensiones en las que hay que vivir. Diversidad en la unidad entre grupos, etnias, partidos políticos y organizaciones intermedias. Unidad en la diversidad entre provincias y regiones. Diversidad en la unidad entre la Argentina y nuestra patria grande latinoamericana. Unidad en la diversidad en América y el mundo. Fundados en el misterio de Dios hemos de construir cada día, entre nosotros, la historia común” (2)

Con nuestros obispos argentinos “creemos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, un regalo de amor que debemos cuidar y mejorar” (3), nuestra patria es una tarea ética que nos convoca a todos, sin debilitar nuestra voluntad de ser nación y, al mismo tiempo, con capacidad de abrirnos con solidaridad a las dimensiones de un mundo cada vez mas interrelacionado.

Por ser una tarea ética, el compromiso de la patria con la verdad y con el bien es ineludible e insoslayable.

¡Señor del Milagro!. Que  no temamos a la verdad. Que no nos cansemos de ofrecer a los hermanos el testimonio de la verdad de lo que somos y de lo que decimos.

Los argentinos tenemos la obligación de devolverle la verdad a nuestra patria. Los sacerdotes debemos entregar la verdad que salva, la verdad de Dios entregada en su Iglesia y no el sustituto de opiniones personales. Los gobernantes deben entregarle al pueblo la verdad de un diagnóstico realista, sin miedo a perder y de una propuesta posible acompañada por el ejemplo de su vida austera y transparente. Los partidos políticos deben entregar a la comunidad la verdad de ser escuelas de civismo. Los profesionales deben entregarle la verdad de su empeño y capacitación permanente. Los empresarios la verdad de una empresa al servicio del trabajo y del hombre y no del lucro sin medida. Los trabajadores la verdad de un trabajo honesto, sin cálculos. Cada argentino debe ofrecer la verdad de lo mejor de su vida. La enfermedad que padece nuestra patria y que nos sacude con mas fuerza que los terremotos de 1692 tiene en la mentira instalada una de sus causas mas importantes. Sólo la verdad hará de nosotros un pueblo libre y por lo tanto un pueblo digno y creíble.

Los argentinos tenemos que asumir la ineludible tarea de servir al bien común. La realidad social es responsabilidad de todos, de todos. Superar la actitud egoísta, cerrada, amiguista, es una urgencia. Se trata de aprender a sentir como propio el presente y el futuro de todos los argentinos, en particular de los más pobres, de nuestros niños y de nuestros jóvenes y sentir como propia la desilusión triste de nuestros ancianos.

Por eso venimos hasta Ti, Señor crucificado y resucitado.

En el corazón de la vida y de la historia queremos encontrarnos contigo.

Queremos compartir con nuestros hermanos argentinos la convicción que tenemos que este tiempo es una visita de Dios, de un Dios que quiere sorprendernos si somos capaces de creer en la fuerza vivificadora de su presencia. Porque El Padre Dios es Bueno y la fuente de todo bien. Porque El es Padre y sólo en El podremos encontrar la fuente de la fraternidad. Porque El es el Señor y la fuente de toda valentía para enfrentar el bien.

En esta noche solemne nos parece escuchar al Resucitado: ¡No teman!. No temeremos, Señor.


Danos la valentía de la libertad
de los hijos de Dios
para amar a todos sin excluir a nadie,
privilegiando a los pobres
y perdonando a los que nos ofenden,
aborreciendo el odio y construyendo la paz.
Queremos ser libres, Señor.
Queremos ser un pueblo libre.


Pero para ser libre es necesario tener la valentía de enfrentar las decisiones con responsabilidad, la lucha contra nuestras pasiones y egoísmos con fortaleza, la mentira con decisión, porque “sólo la verdad nos hará libres”.

Enséñanos a ser libres. Enséñanos a rechazar las formas sutiles pero engrillantes de esclavitud que se esconden detrás de una cultura exitista, hedonista y pornográfica, porque sólo la verdad y la dignidad nos harán libres.

Enséñanos a luchar contra cualquier forma de esclavitud que nace de dádivas, de prebendas, de extorsiones indignas, porque sólo la verdad y el trabajo honesto nos harán libres.

Purifica nuestras conciencias para descubrirte niño indefenso en Belén en el rostro de los niños y jóvenes sin pan, sin hogar y sin esperanza y hombre indefenso en la cruz en los cada día mas marginados por la pobreza, la enfermedad y la ignorancia.

Madura, Señor, nuestra libertad en el amor, para que todos los hombres tengan cabida en nuestro corazón. Que nadie se sienta extraño en esta patria pensada “para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino”. Que nuestra buena voluntad sea la fuerza que recree la confianza del mundo en nosotros.


Que aborrezcamos el odio y construyamos la paz

Mira, Señor, el deseo de paz que en estos días han expresado tantos argentinos en gestos de rechazo a toda forma de violencia.

Ayúdanos a descubrir que el orden del amor verdadero es el único capaz de sostener una patria de hermanos. Que el caos nos destruye y que sólo un empeño fuerte y solidario por una educación de calidad para todos habrá de ponernos de pie ante Ti y ante la historia.


Concédenos la sabiduría del diálogo.
Y la alegría de la esperanza que no defrauda

Los cristianos sabemos que en Ti y de Ti hemos de aprender a dialogar. La historia de la salvación narra precisamente el largo y variado diálogo que parte del Padre y que te tiene a Ti como la expresión máxima de esta búsqueda de un Dios que quiere conversar con el hombre.

Diálogo gratuito, fruto del amor de Dios, sin límites y sin cálculos, oferente y respetuoso de la libertad personal y civil, ofrecido a todos, respetuoso de los procesos y de los tiempos de las personas, ha de hacer gala de claridad, de mansedumbre, de confianza y de prudencia (4)

Claridad para exponer las verdades sin guardar la carta en la manga. Claridad para informar a los demás una situación sin miedo a asumir responsabilidades y con capacidad para pedir perdón y para asumir consecuencias. Mansedumbre para buscar y compartir verdades sin creernos salvadores, sin generar falsos mesías, sin alimentar prepotencias basadas en la violencia y el desprecio. Confianza dada y ofrecida. Confianza indispensable para poder ser nación  Prudencia para saber decir ayudando y no aplastando, ofreciendo y no agrediendo.

Sólo Tú eres la esperanza que no defrauda. Sólo Dios tiene capacidad para no defraudarnos. Y la esperanza nace de la Cruz, del sacrificio, del trabajo, de la entrega, de la capacidad de morir para dar vida. Lo demás son sólo palabras vanas.


En la Cruz del Viernes Santo encontramos a María

La que  en el origen del Milagro dejó la corona por nosotros. Para hacerse nuestra servidora. Ella, a quien coronamos como Reina en la medida en que nos hacemos servidores de los demás.


Convocados por Ti, aquí estamos, Señor,
Cercanos a María, que desde el Milagro nos dice:
¡Argentina! ¡Canta y camina!


María es el signo de nuestra esperanza

Es la mujer orante, que reúne en su corazón el dolor y los anhelos de todos nosotros.
Su oración sostiene nuestra esperanza. Su oración y su presencia entre nosotros.
Por eso le decimos: ¡Esperanza nuestra, refugio y consuelo! 

En los comienzos del siglo los obispos argentinos ratificaron su amor a María y su confianza en ella en este lugar y en un día como éste hace hoy cien años. Hoy nosotros hacemos lo mismo. Ella es la aurora de un tiempo nuevo que nace cada día en su corazón de Madre que nos recrea, en su corazón de cristiana que se hace modelo y guía, en su corazón de Virgen que es capaz de amor sin límites y llevarnos a la Patria del Cielo comprometiéndonos en el servicio a esta patria en la que crecemos cada día.


Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos. Amén.


Notas:

(1) Cfr. GS 45

(2) Cfr. CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Jesucristo, Señor de la Historia, 5 (JSH)

(3) JSH 6

(4) Cfr. PABLO VI, Enc. Ecclesiam Suam ,  nn 60-76


Mons. Mario Antonio Cargnello,
arzobispo de Salta



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