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PACTO DE FIDELIDAD
Renovación del pacto de fidelidad del pueblo salteño con sus patronos
Solemnidad del Señor del Milagro - 15 de setiembre de 2003
“Jesucristo, Señor del Milagro y de la historia,
Tú, imagen del Dios invisible,
Eres el primogénito de toda creatura
Todo fue creado por Ti y para Ti”
I
Reunido en esta tarde, como tu Pueblo al pie del Sinaí, hoy tu
Iglesia, en esta Salta que es tuya desde su nacimiento, está al pie
del Cerro “San Bernardo”, marcado desde hace más de una centuria por
la Cruz, para renovar su pacto que, asume nuestro bautismo, ratifica
nuestra unión contigo y nos proyecta en un compromiso de comunión con
todos nuestros hermanos.
Hoy tu Iglesia
acoge con alegría en la comunión a los hermanos peregrinos. Desde este
lugar de Alianza que te preparó en 1.974 reiniciando en La Argentina
el ritmo de los Congresos Eucarísticos, quiere ratificar ese Pacto que
la marca como servidora de un pueblo que quiere ser libre, que vive la
comunión y se proyecta en solidaridad.
II
“Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel,
después de aquellos días –oráculo del Señor–: pondré mi Ley dentro de
ellos
y la escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios y ellos serán mi
pueblo” (Jer 31,)
“Señor del Milagro, oigo que me llamas con ternura, me invitas a
conseguir el perdón y a esperar todo de Ti... Espero que me recibirás
como hijo tuyo”. Volvemos a repetirte como en el segundo día de la
Novena, porque “te consuelas abrazando a tus hijos que están
perdidos”. Eres el Rostro del Padre dirigido a los hombres y
convirtiéndote en hermano nuestro nos haces hijos, elevando nuestra
humanidad de modo inaudito, nos haces libres. ¡Queremos ser un pueblo
que vive el desafío de una libertad que nos dignifica! ¡Queremos ser
un pueblo que camina buscando la verdad que nos hace libres!.
Aceptamos que este
camino es un camino permanente de conversión, de una conversión
personal más decidida hacia una fidelidad evangélica más generosa.
Queremos revisar nuestro modo de actuar a la luz de los criterios
evangélicos dirigiéndonos hacia una vida nueva en la que superemos la
separación entre la fe y las obras y respondamos con una esperanza
activa, a tu llamada a ser santos.
No ignoramos,
Señor, que no podemos estar tranquilos si no nos preocupamos por el
prójimo. Queremos revisar todos los ambientes y dimensiones de nuestra
vida y comprometernos para ser buenos ciudadanos, nobles ciudadanos,
comprometidos permanente y efectivamente por el bien común.
Sentimos la amenaza
de muchas tentaciones pero vamos a renovar nuestro entusiasmo por
vivir los valores evangélicos que contrastan con las tendencias
dominantes del mundo. Nos empeñaremos por ser justos, austeros,
transparentes, solidarios. Ayúdanos a ser veraces, a empeñar la vida
amando cada día a quien es nuestro prójimo.
Hemos de alimentar
nuestra espiritualidad en la oración asumiendo la cruz de cada día
fortalecidos en la Reconciliación y en la Eucaristía.
En este pacto
renovamos el compromiso de caminar diariamente hacia la verdadera
libertad exigida por ser hijos del Padre Dios.
III
“Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes,
para que vivan en comunión con nosotros.
Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa” (1 Jn
1,3-4)
Es la Iglesia con su anuncio la que nos lleva a la comunión contigo,
Señor y en Ti con el Dios Uno y Trino. Porque a la comunión con Dios
se accede a través de la realización de la comunión de Dios con el
hombre que eres Tú en persona. El encuentro contigo es comunión con tu
Persona y, por lo tanto, con el Padre en el Espíritu Santo, y, a
partir de ahí nos unimos con los hermanos. Todo “para que nuestra
alegría sea completa”. La alegría que es el Espíritu Santo, tu
Espíritu. Aquí descubrimos, Señor, el fundamento mas hondo de nuestra
vida en sociedad.
También nosotros
nos hemos empeñado en hacer de nuestra arquidiócesis “casa y escuela
de comunión”. Advertimos la gravedad de este compromiso ya que en él
se juega nuestra fidelidad al designio de Dios y nuestra respuesta a
las profundas esperanzas del mundo.
La tarea nos
supera. Somos pobres. Somos débiles y pecadores. Sólo Tú puedes
forjarnos interiormente como hombres de comunión porque eres el Dios
de la comunión benigna y misericordiosa y eres capaz de gestar
comunidades maduras donde la espiritualidad de comunión es ley de
vida. ¡Ayúdanos, Señor del Milagro!. ¡Que tu Santo Espíritu nos
sorprenda, que estemos dispuestos a dejarnos sorprender por El!.
Queremos ser fieles
a tu pacto. Por ello te pedimos una mirada capaz de dirigirse a la
Santísima Trinidad que habita en nosotros. No podemos forjar nuestro
proyecto de vida desde la autosuficiencia y el orgullo. Tú eres don
para nosotros. En Ti aprendemos que “hay más felicidad en dar que en
recibir”.(Hch. 20,35).
Queremos ser fieles
a tu alianza. Por ello te suplicamos que nos des capacidad de sentir
al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo Místico y, por
tanto, como “uno que me pertenece”. Que crezca en nosotros el sentido
de pertenencia a tu Iglesia que vive en esta Arquidiócesis y en toda
la superficie de la tierra. Que podamos compartir un renovado esfuerzo
en las parroquias, instituciones y movimientos buscando la fraternidad
que nos da capacidad de ver lo que hay de positivo en el otro y nos
hace “dar espacio” al hermano, como nos enseña sabiamente nuestro
querido Papa Juan Pablo II a quien queremos recordar y honrar en el
histórico 25º aniversario de su Pontificado que muy pronto
celebraremos. Que nuestra Iglesia local sea capaz de colaborar con la
sociedad generando espacios de diálogo y de encuentro.
Al renovar el Pacto
de Fidelidad contigo escucha nuestro clamor: ¡Queremos ser hombres de
comunión!.
IV
“Porque todos me conocerán, del más pequeño al mas grande
–oráculo del Señor–” (Jer 31,34).
Experimentamos la fuerza de la comunión que nos lleva a la
solidaridad. La solidaridad se expresa en el amor cristiano que busca
el bien de los otros, especialmente de los más necesitados.
Son muchas las
situaciones que testimonian la insolidaridad entre nosotros. Los
pecados sociales dejan sus secuelas de injusticia, marginación y
miseria que nos golpea desde el rostro de los niños que no nacen
porque los excluimos, de los que naciendo mendigan para comer en
tantos comedores que no pueden ni deben sustituir el hogar, comedores
que nacieron para ser una alternativa temporal y se van convirtiendo
en testimonio de una civilización de pobreza sin familia, de los
jóvenes que se evaden en el alcohol o la droga, de los matrimonios y
familias destruidos por costumbres que niegan el proyecto de Dios
sobre ella y van dejando marcas de tristeza, resentimiento y
frustración en las nuevas generaciones, de los sin trabajo, de los sin
futuro.
Son pecados que
manifiestan una crisis profunda porque hemos perdido el sentido de
Dios y de tu cercanía y están ausentes en la cultura que atraviesa el
tejido social los principios morales que deben regir la vida del
hombre. La ambición y el apetito de poder nos enceguecen. ¡Danos tu
luz!.
Danos tu fuerza
para ser promotores de la paz y de la solidaridad que hagan real la
justicia respetuosa de la dignidad del hombre de donde nacen los
derechos y las obligaciones. Danos tu fuerza para imitarte en tu
cercanía a los pobres y excluidos. Danos tu fuerza para luchar contra
la cultura de la muerte promoviendo la civilización de la vida y del
amor. Danos tu fuerza para “dar de comer” el pan de la justicia y el
pan de la paz. Nos queremos empeñar en este camino hacia el Xº
Congreso Eucarístico Nacional que celebraremos en Corrientes.
V
Señor, el regalo de tu presencia es un detalle del amor del Padre que
nos sobrepasa. No podemos no anunciarte.
En el corazón de la
Santísima Madre del Milagro te descubrimos “Buena Nueva” y queremos,
necesitamos anunciarte. También nosotros “hemos visto y oído”. Lo
gritaremos sabiéndonos misioneros en tu Iglesia misionera. Lo
ratificaremos en el 3°
Congreso Misionero
de Salta. Lo testificaremos en el pacto que vamos a renovar con
vibrante entusiasmo.
Con María,
recorriendo el gozo y la luz, el dolor y la gloria de nuestras vidas,
desde este lugar Eucarístico de Salta, ratificamos la Alianza contigo.
¡Quédate con
nosotros! El lapacho va entregando sus flores a la primavera. ¡Es el
Milagro! ¡Quédate!
Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta |