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LA IGLESIA ESTÁ VIVA
Palabras de bienvenida de monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo
de Salta en el Encuentro Nacional de Catequistas ENAC 2005 –Región NOA–
13 de agosto de 2005
¡Jesús es el Señor, con alegría lo anunciamos!
¡Bienvenidos, queridos hermanos!
La presencia
multitudinaria de ustedes, queridos catequistas de las diez
circunscripciones eclesiásticas del Noroeste Argentino llena de
profundo gozo el corazón de los pastores todos de esta región y de los
cristianos de esta Salta que con entusiasmo cristiano y cordial los
recibe. ¡Bienvenidos a la tierra del Señor y de la Virgen del Milagro
que este año, desde los tronos preparados por sus hijos les abren los
brazos para acogerlos con especial cariño!
También nosotros
podemos decir con el querido Papa Benito: ¡La Iglesia está viva! Lo
que hacemos al mirarlos y reconocer en Uds. la magnifica carga de
comunión y amor que cada uno trae como don del Espíritu y fruto maduro
de una historia de fidelidad.
En este instante
vemos conjugarse en este lugar la historia de un servicio privilegiado
de la Iglesia en nuestro noroeste argentino: la historia de la
catequesis.
Como un primer
fruto en nuestro NOA del paso penetrante del Espíritu Santo en el
Concilio Vaticano II, la catequesis fue asumida con particular
esfuerzo, preocupación y organicidad en nuestras diócesis. Todos los
obispos del NOA la apoyaron. El recuerdo de sus nombres se hace
presente en nuestros corazones. Permítanme traer a la memoria de
todos, el nombre de Mons. Carlos Mariano Pérez de venerada memoria,
entonces Arzobispo de Salta, cuyo 20º aniversario de su fallecimiento
estamos celebrando en este año. Junto a ellos, sacerdotes de
generosísima entrega dieron lo mejor de sí para formar catequistas en
seminarios, encuentros, conferencias. Generosos cristianos se fueron
formando y plasmaron su vida en una espiritualidad de autentica y
diáfana resonancia de la Palabra de Dios en sus corazones. De este
modo, la Iglesia en nuestras diócesis y prelaturas fue respondiendo al
mandato del Señor: “Vayan… anuncien… bauticen… enseñen”. El gozo de la
bienvenida nos impulsa a dar a todos los que nos precedieron, a los
que ya se fueron a dejarse enseñar directamente por Jesús y el Padre
en el cielo abrazados en el amor del Espíritu a los que están en este
mundo, algunos de ellos aquí, en este encuentro, a darles –digo- un
enorme gracias que se hace aplauso en esta tarde.
Han pasado varios
años que se hicieron décadas. Hoy estamos aquí, convocados por el
Episcopado Argentino, para celebrar el Encuentro Nacional de
Catequistas en esta región del NOA y poner en el centro de nuestras
vidas las personas de nuestros catequistas, su espiritualidad, su
formación. Reunidos en el nombre del Señor sabemos que es Él quien
esta en medio de nosotros y nos convoca. Queremos proclamarlo como
Señor para anunciarlo con alegría. Necesitamos hacerlo. Estamos
convencidos de lo que nos enseña el Papa Benito: “únicamente donde se
ve a Dios comienza a vida. Solo cuando encontramos en Cristo al Dios
vivo, conocemos lo que es la vida… Nada hay más hermoso que haber sido
alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada mas
bello que conocerlo y comunicar a otros la amistad con Él”
(1).
Necesitamos decírnoslo, escucharlo, celebrarlo para anunciarlo desde
la más profunda alegría del corazón. Eso es lo que queremos vivir en
Salta en estos días. Queremos vivirlo escuchando las cadencias del
noroeste que nos hablan de la cordialidad paciente y firme de los de
Añatuya y de Santiago, del corazón mariano de los catamarqueños, del
trabajo empeñoso y dulce de los de Concepción y de Tucumán, del canto
hecho vino para la Eucaristía de los de Cafayate y hecho madera en
Oran, del sonoro cantar de quebradas, valles y surcos de los de Jujuy
y de Humahuaca, abrazados todos por el afecto de los salteños.
Agradezco a mis
hermanos obispos, los que están y los que no pudieron venir, por haber
elegido a Salta para este encuentro. Gracias, especialmente a Mons.
Juan Carlos Maccarone, quien nos preside en la conferencia Episcopal
Argentina y en la región del NOA en esta responsabilidad primera de
los obispos, que es la catequesis. Agradezco a todos los catequistas,
laicos, religiosos y sacerdotes –de modo particular a los párrocos,
primeros catequistas en sus comunidades parroquiales– el esfuerzo
realizado para estar aquí. Agradezco a mi gente de Salta, a la Junta
de Catequesis y a todos los que se pusieron a su lado para hacer de
este espacio una casa que acoge al hermano. Ruego al Padre de Jesús
que nos abrace especialmente en estos días, que al darnos a Jesús en
medio por la Palabra, por la enseñanza, por la oración, por la
Eucaristía y por la Reconciliación, la presencia vivificante del
Espíritu Santo nos haga mas eclesiales, mas fraternos, mas fuertes en
la fe, alegres en la esperanza y comprometidos en el amor. Queremos
que Cristo este en este espacio eclesial del ENAC-NOA porque “quien
deja entrar a cristo no pierde nada, nada, absolutamente nada de los
que hace la vida libre, bella y grande. Solo con esta amistad se abren
realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Solo con
esta amistad experimentamos lo que es bello y los que nos libera”
(2)
Un especial saludo
de bienvenida le quiero dar al Padre Alejandro Puiggari y decirle un
gracias sincero por su tarea generosa, perseverante y fiel al servicio
de la catequesis en nuestra patria. Todos te decimos: gracias, Padre
Alejandro.
Al reunirnos en la
tierra de Maria del Milagro, a cuya protección encomendamos este ENAC,
quiero recordarles que también en el cielo de Salta resonó el sonido
melodioso de la flauta (que después lo convirtieron en violín) de
nuestro Patrono, San Francisco Solano, pero sobre todo se escucharon
los acordes evangélicos de su voz. Que sea esa voz la que les dice:
“¡Están en su casa, hermanos!” Permítanme hacerme eco de la misma y
repetirlo: “¡Están en su casa!”
Notas:
(1)
BENITO XVI, Homilía en la Misa de inicio
de su Pontificado. LOR edición española 17/05 29/04/05, página 7.
(2)
Ibíd.
Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta |