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MISA EN HONOR DE LA VIRGEN DEL MILAGRO
Homilía de
monseñor
Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta,
en la
misa
en Honor a nuestra Virgen del Milagro
(Catedral de Salta, 13 de setiembre de 2005)
El día 13 de setiembre nos reúne. El pueblo de Salta celebra a la
Santísima Virgen del Milagro. Las fibras mas hondas del corazón del
hombre y de de la mujer salteños, experimentan la emoción de la
llamada y se unen a nosotros los peregrinos y devotos de Maria. Es el
día de nuestra Madre, por eso aquí estamos.
Este
año, como hijos de la Iglesia en la que encontramos a Maria,
celebramos estas fiestas en un ámbito eucarístico, especialmente
eucarístico. En este año en el que queremos tomar conciencia del
tesoro incomparable que Cristo ha confiado a la Iglesia dándonos la
Eucaristía, queremos con los ojos y la escuela de Maria aprender a
celebrar el sacrificio y alabar la presencia de Cristo resucitado con
mayor fervor y que ello se traduzca en la vida cristiana transformada
por el amor, como nos enseñara el Papa Juan Pablo II al inaugurar este
Año de la Eucaristía.
También este trece de septiembre, a 313 años de aquel que diera
origen a este vinculo de amor, los pasos de los salteños se dirigen
al Templo Mayor, hoy Catedral Basílica y Santuario para ver a Maria y
confiarle nuestra vida, nuestro pueblo y nuestra historia.
En
esta oportunidad, también encontramos su imagen al lado de la de
Jesús, y al lado de la presencia de Jesús en la Eucaristía. No es el
sagrario, pero si es el altar, rodeado por el pueblo de su Hijo. El
esta presente resucitado en medio de nosotros. Venimos a celebrar con
Ella, venimos a confiarnos a Ella. Venimos a escuchar a Jesús, venimos
a aprender con ella. Venimos a cantarle.
Como
en aquella primera ocasión, Maria nos lleva a Jesús en el Santísimo
Sacramento, Maria puede guiarnos hacia el Santísimo Sacramento porque
tiene una relación profunda con El, como nos enseñara el Papa, se
trata de una relación que marca toda su vida, y en esto también ella
es modelo para toda la Iglesia. Estando en esta, su casa, nos ponemos
en la Escuela de Maria, para aprender de ella a tomar en serio el don
de la Eucaristía.
Cuatro
líneas para reflexionar:
1)
María es la mujer creyente: Cuando Jesús instituye la Eucaristía, nos
dice: ‘Hagan esto en memoria mía’. Volver sobre la Palabra de Dios nos
hace descubrir en el mandato de Jesús no solo el de perpetuar la
celebración de la Eucaristía, sino también el de vivir como cristianos
en su memoria. Las palabras del Señor en la Última Cena nos recuerdan
lo que la santísima Virgen dijera en Canann: ‘Hagan lo que Él les
diga’.
Maria
en el comienzo de la vida publica de Jesús, presentándonos al Señor se
abandona a la voluntad de Jesús, y Ella, que es la mujer de la
confianza en su Hijo nos dice ‘Fiate de la Palabra de Jesús, cree en
la Eucaristía, descubre su proyecto y vívelo desde la Eucaristía’.
Toda su vida se fue modelando en la voluntad del Padre, expresada en
la persona y en el proyecto de Jesús.
Maria,
mujer creyente nos impulsa a ser también nosotros desde la Eucaristía
hombres y mujeres creyentes, que confiamos en el Señor, que nos fiamos
de su Palabra y de su presencia que brota de la Palabra y del
Espíritu, y que por eso nos lanzamos a construir cada día un mundo
nuevo porque sabemos que este mundo esta sostenido en el amor de Dios.
Por eso no podemos de dejar de sembrar el bien, porque creemos en
Jesús, porque confiamos en El con Maria.
2)
Maria es la mujer entregada, su confianza se hace un fiat permanente.
Toda la vida de María esta orientada a Jesús. Desde la Anunciación
hasta la Cruz, y desde la Cruz hasta el final de los tiempos. Maria es
el amen de la humanidad a Dios, y nos invita a vivir esta actitud
desde el amen de cada Eucaristía.
Repetidas veces, el Papa Juan Pablo II invito a descubrir desde el
amen de la Eucaristía, un proyecto de vida. Cuando toda la Iglesia
eleva el sacrificio al Padre por Cristo, con Él y en Él, se confía con
y como María respondiendo: Amén.
Cumplir la voluntad de Dios en el ejercicio diario de nuestro deber,
desde el amén de cada domingo, desde el amén de cada eucaristía, es un
modo concreto de vivir nuestro amor a la Santísima Virgen.
3)
Maria es la mujer mártir, es la mujer del Sacrificio de la cruz, desde
la Presentación hasta el Calvario. ‘Una espada atravesara tu alma’, es
el anuncio del Simeón. Nuestro San Bernardo, el gran cantor de Maria,
decía: ‘Es verdad Madre Santa, una espada santa atravesó tu alma, la
punzada del dolor atravesó tu alma y por eso con toda razón te
llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión
superaron tu dolor corporal. El martirio en Maria se traduce en una
compasión que se prolonga en la compasión con los hermanos de Jesús a
lo largo de la historia.
Vivir
nosotros una espiritualidad eucarística, significa un compromiso de
aprender a compadecernos de los demás. No podemos vivir indiferentes
ante el sufrimiento de los otros. Si queremos de verdad a Maria,
debemos aprender de su corazón. Los grandes hijos de Maria, han sido
cristianos que descubrieron la presencia de Jesús en la Eucaristía y
en los pobres. La historia de la Iglesia lo testifica. La vida de los
santos, hace resplandecer esta verdad.
4)
Maria es la mujer de la Iglesia: Es la madre de los Apóstoles, que los
reúne, que se reúne con ellos y que reúne a los fieles de su hijo en
torno a los Apóstoles. El lugar de Maria es la Iglesia. Nunca en
nombre de la Virgen podríamos dividir a la Iglesia. No es digno de
devoción mariana olvidar nuestra pertenencia a la Iglesia. Maria
siempre nos reúne en torno a la Iglesia. Así nació la devoción a la
Virgen del Milagro. El pueblo vino al Templo, el pueblo se encontró
con Maria que nos dirigía hacia la Eucaristía y hoy nos sigue
dirigiendo. El pueblo se encontró con que tenia que retomar y
redescubrir la imagen del Milagro, que la Iglesia, en la persona de
Fray Francisco de Vitoria se la había legado a esta Salta y así lo
vivió desde siempre. Maria llega a este pueblo, en este gesto de
mujer compasiva que al pie del Sagrario muda de colores. Ella nos hace
ser más Iglesia y siempre fue así. Aparte celebremos la Eucaristía,
queridos hermanos, ella está con nosotros, con Jesús. Siempre
comparte nuestra Eucaristía, aunque este día pareciera que sintiéramos
más fuerte su presencia. Al celebrar en este día la memoria de la
cruz, recibamos a la Virgen en nuestra casa, en nuestro corazón, y
vivamos en la unión con Cristo en el espíritu de Maria que se expresa
en el Magnificat, que cantamos respondiendo a la Palabra de Dios. El
Magnificat es alabanza, memoria y anticipación escatológica. ‘Mi alma
canta la grandeza del Señor’. ‘El Señor ha hecho cosas maravillosas’,
‘Él derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes’.
Somos también nosotros hombres de la alabanza, de la memoria y de la
escatología. Aprendamos a mirar mas allá de nuestros limites y
descubrir la presencia del Señor que nos es traído por Maria.
Renovemos la confianza en el Señor que sigue obrando. Alabémoslo con
Maria y alabemos a ella, la nueva Ester. Hagamos memoria. En estos
días hemos hablado mucho de la memoria cristiana. Cristo es la memoria
que recrea la posibilidad de vivir un presente, no desde los fracasos
sino desde su palabra. Y anticipemos el cielo, viviendo como hijos de
Dios y de María.
Queridos hermanos, el 13 de septiembre, nuestro corazón se hace más
familia, porque la Madre resplandece en todo el espacio de Salta y
resplandece uniéndonos, acercándonos, abrazándonos para que nos
tendamos la mano para que aprendamos a hacernos cargo los unos de los
otros; para que aprendamos a servir. Vamos hacia el encuentro
definitivo de Jesús, en sus brazos, en los brazos de Maria que
anticipamos en nuestra Eucaristía.
Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
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