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“USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA, USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO”
Mensaje de monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
en la misa que se llevó a cabo en el Congreso Arquidiocesano de Laicos
(13 de noviembre de 2005)
Introducción
Durante estos días,
el laicado de la provincia de Salta se ha reunido, porque han querido
pensar juntos y aunar esfuerzos comunes pensando en el bien de todos
los argentinos.
Les agradezco el
esfuerzo de reunirse. En verdad, es un consuelo para mi corazón de
Pastor y para todos los sacerdotes, ver a nuestros laicos dispuestos a
renovar el corazón y mirar adelante, desde esta Iglesia de Salta.
Demos gracias a
Dios porque hemos podido celebrar este Congreso. Doy gracias a todos
los laicos, al Consejo Arquidiocesano y a la Comisión Organizadora de
este Congreso porque han puesto el alma y el corazón, el esfuerzo y el
tiempo para que este encuentro fuera una realidad. Gracias a los
sacerdotes que apoyaron la realización de este Congreso, al Sr.
Intendente y a las autoridades presentes en este día.
Ustedes me desafían
a confiar en que la celebración de los doscientos años de la diócesis,
no va a ser un peso, sino un proyecto de renovar el corazón de la
Iglesia de Salta. Ustedes muestran que la devoción profunda y sincera
del pueblo de Salta, al Señor y la Virgen del Milagro, no es una
excusa, sino un desafío para hacer que en verdad el amor del Dios sea
el principio de un tiempo nuevo.
Abriendo el corazón
y la mente al Espíritu que nos ha puesto en sintonía con Cristo, hemos
escuchado Su Palabra, y Ustedes han buscado los signos de su presencia
en este hoy y en este lugar de nuestra Patria, sin prejuicios y con
aptitud de entrega y Dios nos ha hablado, hemos vislumbrado su luz,
que nos hace descubrir con nuevo vigor que Ustedes son luz, y hemos
experimentado el fuego de su amor que nos hace vibrar y descubrirnos
sal. El pasar de Cristo no nos deja indiferentes, al escuchar su voz
revivimos lo que somos, y es su voz la que ha resonado en este dia.
Hurgando en el corazón hemos avivado el fuego del bautismo, hemos
escuchado una voz que nos dijo: “Ama”. Hemos avivado el fuego de la
confirmación y hemos escuchado esa voz que nos decía: “Comprométete”.
Hemos atizado el fuego del matrimonio, y la misma voz de Jesús nos
decía: “Vive la alianza con el amor y con la vida”. El Señor se nos
hace fuerte en su presencia y cercanía; y queremos compartir la mesa;
necesitamos volver a sentir la presencia del Señor resucitado.
El laico y la Iglesia
Queridos laicos:
Esa presencia de Jesús que necesita de Ustedes para hacerse visible en
medio del mundo, la hemos intentado mirar en la Iglesia, en el mundo
de la política, de lo social y de la Iglesia. Respecto a su vida y
presencia en la Iglesia.
Quiero decirles un
“gracias” sincero, por su trabajo en las parroquias, en los
movimientos y en las instituciones. Soy testigo; conozco todas las
parroquias de nuestra ciudad y de la arquidiócesis –casi de la
provincia- y puedo testimoniar la vida cristiana, que late y vibra en
el corazón de Ustedes los laicos, que nos permite mostrar una Iglesia
viva, cercana y servidora. Por eso les digo: “Muchas gracias”. Ahora
bien, desde la gratitud quiero comprometerlos para que trabajemos; en
primer lugar con un empeño serio por formarnos de verdad, cada día
mas, para que podamos reflejar la mirada, el rostro mismo de Jesús en
el mundo que hoy lo necesita mas que nunca.
Tenemos que
comprometernos desde nuestra condición de bautizados, formarnos de
verdad en un cristianismo maduro, que vibra y vive desde la
participación sacramental, y que transmite la enseñanza y la presencia
de Jesús, porque estamos verdaderamente cerca, como buenos discípulos,
al pie de Jesús, formándonos a su sombra para poder ser luz.
En segundo lugar,
les pido un compromiso serio de trabajar por la comunión dentro de los
movimientos, entre los movimientos, y entre nuestras parroquias. Somos
Iglesia, somos la Iglesia que peregrina en Salta. La fuerza de la
presencia de Jesús no se destaca por el brillo de cada uno, porque a
veces cuando nos miramos demasiado a nosotros mismos, terminamos
mirándonos en un espejo y nos destruimos. Seamos comunidades vivas,
fuertes, testimoniales trasmitiremos la presencia de Jesús.
Tenemos que vivir
en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, un estilo de
comunión, de verdadera comunidad en comunión para poder mostrar al
Señor resucitado que sirve y es fuerte con esa fortaleza que nos hace
capaces de escuchar y de perdonar. El ser fuertes, no se manifiesta
por la cantidad de masa muscular que acumulamos para dar una
‘trompada’; nuestra fortaleza se mide por la capacidad de escucha, por
la capacidad del perdón, por la paciencia y por la conciencia de
nuestra identidad que no agrede, sino que escucha, acompaña y crece
con el otro. Cuando soy débil, decía Pablo, entonces “Soy fuerte”.
Cuando costándome perdonar, porque la herida que tengo es grande, me
puedo doblar ante el Señor para pedirle que me dé fuerza, y empiezo
quizás rezando por el otro pero abierto al perdón que Dios me va a
dar, y la capacidad de perdón que Dios me va a dar, entonces soy
fuerte. Entonces, la comunidad crece y se hace viva.
Yo quiero, en este
momento, recordar a un Cura que ha dado mucho por la comunión y la
conciencia de la comunión en Salta, es el Padre Mallea. Lo recuerdo y
le rindo mi homenaje en este momento.
El laico y la política
Dijo muy bien el
Padre Barrionuevo, que jamás podríamos convertir en una palabra mala,
aquello a los que nos envía el Señor. Necesitamos que ahí, en el mundo
de la política, nuestros laicos sean sal y luz. No es justo que
después de veintiocho años de democracia, nuestro diagnostico solo
sea: “Aquello esta mal”,¿Qué hicimos? ¿Qué hicieron Uds.? El
protagonismo del laico no acaba en el poner el voto en el cuarto
oscuro. Cuando se abre la puerta del cuarto oscuro, ahí comienza el
compromiso de participación, de control de gestión, de servicio, de
vida de respeto a las leyes de la Nación, de justicia y de equidad.
Los valores que nosotros decimos que proclamamos tienen que ser fuerza
de vida, y no es justo que en nuestro país como en el mundo dominen
minorías, que con la fuerza del dinero quiebran la voluntad de muchos
cristianos, que están inmersos en el mundo legislativo y que no tienen
fuerza para defender valores.
El Papa Juan Pablo
II, hombre de Dios como pocos, ha sido el primer impulsor de este
compromiso cristiano, Él ha querido legarnos, casi como un testamento,
aunque no escrito por Él, pero si ordenado, el Compendio de Doctrina
Social.
Ayer ha sido
entregado al pueblo de Dios en nuestra Patria, en nombre de todos los
Obispos de la Republica Argentina, un mensaje que quiere ser una
presentación del Compendio; una invitación a darnos cuenta que vivir
la Doctrina Social de la Iglesia no es una cosa menor. Es el Evangelio
aplicado a la vida, y los grandes principios que forman como el
fundamento de la vida social. Estos principios tienen que ser para
nosotros un motivo de examen de conciencia y de confesión de mis
pecados. El respeto por la dignidad humana, que me convierte en un
buscador del bien común, respetuoso del destino universal de los
bienes, llamado a vivir la solidaridad, la participación y la
subsidiaridad nos indican me marcan todo lo que nosotros pensamos
cuando decimos en el mandamiento: “No robar” o “No mentir”.
Los mandamientos no
son para que uno piense que lo tiene que cumplir el niño. No, son una
medida para ver si de verdad tomamos en serio los talentos que Dios
nos ha dado y, en base al uso de ellos vamos a ser juzgados y somos
juzgados todos los días, en la balanza del Señor. Esa balanza que no
tiene la volatibilidad de la noticia, que hoy es y mañana muere. Esa
balanza, es la que nosotros tenemos que aprender a mirarnos como en un
espejo siempre.
El compromiso
social y político, exige tener claro estos cinco principios, que son
el sustento, el fundamento y los cimientos a ellos los acompañan los
cuatro grandes valores que nos presenta la Doctrina Social de la
Iglesia: la verdad, la libertad, la justicia y el amor.
Tenemos que
impregnar la vida social, la familia, las instituciones intermedias,
el mundo de la cultura, el mundo de la política, el mundo del arte, de
la economía, de la ciencia con estos grandes principios. No podemos
mirar para otro lado. Esto es propio del cristiano. A diferencia de
otras religiones, nosotros creemos que Dios ha querido tener un rostro
humano, Cristo no es una imagen de bronce, más o menos artística, o de
cera. Cristo se hizo hombre, verdaderamente hombre y se unió con cada
uno de los hombres. Y si se hace pan en la Eucaristía, es para que
pueda descubrirlo y comprometerme, para ser luz y fuerza, para hacerme
luz y sal. Ni más ni menos.
El laico y lo social
Tercer ámbito, el
ámbito social. Es decir recién que en nombre de minorías se imponen
criterios que destruyen, lo que significa en el mundo de la sexualidad
y de la familia, el concepto de género comporta el no querer aceptar
como el primer don de Dios, el que me haya hecho varón o mujer, se
niega la primera aceptación de nuestra, condición humana que es la
aceptación del sexo que el Señor nos ha dado. Como un derivado de esto
no se acepta lo que significa ser una familia, como unión de un hombre
y de una mujer. Esa mentalidad se impone progresivamente. Es en esta
cuestión donde nosotros, con nuestra actitudes, con un juicio critico
con nuestra formación, con el estudio, tenemos que ser sal y luz.
El compromiso con
la vida social, nos exige una formación, no solo de la cabeza sino del
corazón. No solos, sino con la esposa, con los hijos, con los amigos,
con el club, con mi patria, para pensar un mundo mejor y pensado y
proponerlo sin agresión, es porque nuestra fortaleza, está en la
verdad que exponemos en el amor con que la entregamos. En la Iglesia,
en la política y en la sociedad: Sal y Luz. Con qué confianza podemos
emprender la marcha hermanos, si sabemos que el Señor se ha hecho pan.
Él los invita a la Misa, Él se nos da en el pan, Él está, Él es el
aceite de sus lámparas. Él es la luz. Él confía en Ustedes.
Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
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