SUSCRIPCIONES

Inicio

Nosotros

Noticias

Actualidad

Santa Sede

Iglesia en la Argentina


Documentos


Santoral

Ediciones AICA

 

Copyright © 2006 AICA.
Todos los derechos
reservados.

 

 

 Documentos

 
   

 “USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA, USTEDES SON LA LUZ DEL MUNDO”


Mensaje de monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
en la misa que se llevó a cabo en el Congreso Arquidiocesano de Laicos (13 de noviembre de 2005)


Introducción

Durante estos días, el laicado de la provincia de Salta se ha reunido, porque han querido pensar juntos y aunar esfuerzos comunes pensando en el bien de todos los argentinos.

Les agradezco el esfuerzo de reunirse. En verdad, es un consuelo para mi corazón de Pastor y para todos los sacerdotes, ver a nuestros laicos dispuestos a renovar el corazón y mirar adelante, desde esta Iglesia de Salta.

Demos gracias a Dios porque hemos podido celebrar este Congreso. Doy gracias a todos los laicos, al Consejo Arquidiocesano y a la Comisión Organizadora de este Congreso porque han puesto el alma y el corazón, el esfuerzo y el tiempo para que este encuentro fuera una realidad. Gracias a los sacerdotes que apoyaron la realización de este Congreso, al Sr. Intendente y a las autoridades presentes en este día.

Ustedes me desafían a confiar en que la celebración de los doscientos años de la diócesis, no va a ser un peso, sino un proyecto de renovar el corazón de la Iglesia de Salta. Ustedes muestran que la devoción profunda y sincera del pueblo de Salta, al Señor y la Virgen del Milagro, no es una excusa, sino un desafío para hacer que en verdad el amor del Dios sea el principio de un tiempo nuevo.

Abriendo el corazón y la mente al Espíritu que nos ha puesto en sintonía con Cristo, hemos escuchado Su Palabra, y Ustedes han buscado los signos de su presencia en este hoy y en este lugar de nuestra Patria, sin prejuicios y con aptitud de entrega y Dios nos ha hablado, hemos vislumbrado su luz, que nos hace descubrir con nuevo vigor que Ustedes son luz, y hemos experimentado el fuego de su amor que nos hace vibrar y descubrirnos sal. El pasar de Cristo no nos deja indiferentes, al escuchar su voz revivimos lo que somos, y es su voz la que ha resonado en este dia. Hurgando en el corazón hemos avivado el fuego del bautismo, hemos escuchado una voz que nos dijo: “Ama”. Hemos avivado el fuego de la confirmación y hemos escuchado esa voz que nos decía: “Comprométete”. Hemos atizado el fuego del matrimonio, y la misma voz de Jesús nos decía: “Vive la alianza con el amor y con la vida”. El Señor se nos hace fuerte en su presencia y cercanía; y queremos compartir la mesa; necesitamos volver a sentir la presencia del Señor resucitado.


El laico y la Iglesia

Queridos laicos: Esa presencia de Jesús que necesita de Ustedes para hacerse visible en medio del mundo, la hemos intentado mirar en la Iglesia, en el mundo de la política, de lo social y de la Iglesia. Respecto a su vida y presencia en la Iglesia.

Quiero decirles un “gracias” sincero, por su trabajo en las parroquias, en los movimientos y en las instituciones. Soy testigo; conozco todas las parroquias de nuestra ciudad y de la arquidiócesis –casi de la provincia- y puedo testimoniar la vida cristiana, que late y vibra en el corazón de Ustedes los laicos, que nos permite mostrar una Iglesia viva, cercana y servidora. Por eso les digo: “Muchas gracias”. Ahora bien, desde la gratitud quiero comprometerlos para que trabajemos; en primer lugar con un empeño serio por formarnos de verdad, cada día mas, para que podamos reflejar la mirada, el rostro mismo de Jesús en el mundo que hoy lo necesita mas que nunca.

Tenemos que comprometernos desde nuestra condición de bautizados, formarnos de verdad en un cristianismo maduro, que vibra y vive desde la participación sacramental, y que transmite la enseñanza y la presencia de Jesús, porque estamos verdaderamente cerca, como buenos discípulos, al pie de Jesús, formándonos a su sombra para poder ser luz.

En segundo lugar, les pido un compromiso serio de trabajar por la comunión dentro de los movimientos, entre los movimientos, y entre nuestras parroquias. Somos Iglesia, somos la Iglesia que peregrina en Salta. La fuerza de la presencia de Jesús no se destaca por el brillo de cada uno, porque a veces cuando nos miramos demasiado a nosotros mismos, terminamos mirándonos en un espejo y nos destruimos. Seamos comunidades vivas, fuertes, testimoniales trasmitiremos la presencia de Jesús.

Tenemos que vivir en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, un estilo de comunión, de verdadera comunidad en comunión para poder mostrar al Señor resucitado que sirve y es fuerte con esa fortaleza que nos hace capaces de escuchar y de perdonar. El ser fuertes, no se manifiesta por la cantidad de masa muscular que acumulamos para dar una ‘trompada’; nuestra fortaleza se mide por la capacidad de escucha, por la capacidad del perdón, por la paciencia y por la conciencia de nuestra identidad que no agrede, sino que escucha, acompaña y crece con el otro. Cuando soy débil, decía Pablo, entonces “Soy fuerte”. Cuando costándome perdonar, porque la herida que tengo es grande, me puedo doblar ante el Señor para pedirle que me dé fuerza, y empiezo quizás rezando por el otro pero abierto al perdón que Dios me va a dar, y la capacidad de perdón que Dios me va a dar, entonces soy fuerte. Entonces, la comunidad crece y se hace viva.

Yo quiero, en este momento, recordar a un Cura que ha dado mucho por la comunión y la conciencia de la comunión en Salta, es el Padre Mallea. Lo recuerdo y le rindo mi homenaje en este momento.


El laico y la política

Dijo muy bien el Padre Barrionuevo, que jamás podríamos convertir en una palabra mala, aquello a los que nos envía el Señor. Necesitamos que ahí, en el mundo de la política, nuestros laicos sean sal y luz. No es justo que después de veintiocho años de democracia, nuestro diagnostico solo sea: “Aquello esta mal”,¿Qué hicimos? ¿Qué hicieron Uds.? El protagonismo del laico no acaba en el poner el voto en el cuarto oscuro. Cuando se abre la puerta del cuarto oscuro, ahí comienza el compromiso de participación, de control de gestión, de servicio, de vida de respeto a las leyes de la Nación, de justicia y de equidad. Los valores que nosotros decimos que proclamamos tienen que ser fuerza de vida, y no es justo que en nuestro país como en el mundo dominen minorías, que con la fuerza del dinero quiebran la voluntad de muchos cristianos, que están inmersos en el mundo legislativo y que no tienen fuerza para defender valores.

El Papa Juan Pablo II, hombre de Dios como pocos, ha sido el primer impulsor de este compromiso cristiano, Él ha querido legarnos, casi como un testamento, aunque no escrito por Él, pero si ordenado, el Compendio de Doctrina Social.

Ayer ha sido entregado al pueblo de Dios en nuestra Patria, en nombre de todos los Obispos de la Republica Argentina, un mensaje que quiere ser una presentación del Compendio; una invitación a darnos cuenta que vivir la Doctrina Social de la Iglesia no es una cosa menor. Es el Evangelio aplicado a la vida, y los grandes principios que forman como el fundamento de la vida social. Estos principios tienen que ser para nosotros un motivo de examen de conciencia y de confesión de mis pecados. El respeto por la dignidad humana, que me convierte en un buscador del bien común, respetuoso del destino universal de los bienes, llamado a vivir la solidaridad, la participación y la subsidiaridad nos indican me marcan todo lo que nosotros pensamos cuando decimos en el mandamiento: “No robar” o “No mentir”.

Los mandamientos no son para que uno piense que lo tiene que cumplir el niño. No, son una medida para ver si de verdad tomamos en serio los talentos que Dios nos ha dado y, en base al uso de ellos vamos a ser juzgados y somos juzgados todos los días, en la balanza del Señor. Esa balanza que no tiene la volatibilidad de la noticia, que hoy es y mañana muere. Esa balanza, es la que nosotros tenemos que aprender a mirarnos como en un espejo siempre.

El compromiso social y político, exige tener claro estos cinco principios, que son el sustento, el fundamento y los cimientos a ellos los acompañan los cuatro grandes valores que nos presenta la Doctrina Social de la Iglesia: la verdad, la libertad, la justicia y el amor.

Tenemos que impregnar la vida social, la familia, las instituciones intermedias, el mundo de la cultura, el mundo de la política, el mundo del arte, de la economía, de la ciencia con estos grandes principios. No podemos mirar para otro lado. Esto es propio del cristiano. A diferencia de otras religiones, nosotros creemos que Dios ha querido tener un rostro humano, Cristo no es una imagen de bronce, más o menos artística, o de cera. Cristo se hizo hombre, verdaderamente hombre y se unió con cada uno de los hombres. Y si se hace pan en la Eucaristía, es para que pueda descubrirlo y comprometerme, para ser luz y fuerza, para hacerme luz y sal. Ni más ni menos.


El laico y lo social

Tercer ámbito, el ámbito social. Es decir recién que en nombre de minorías se imponen criterios que destruyen, lo que significa en el mundo de la sexualidad y de la familia, el concepto de género comporta el no querer aceptar como el primer don de Dios, el que me haya hecho varón o mujer, se niega la primera aceptación de nuestra, condición humana que es la aceptación del sexo que el Señor nos ha dado. Como un derivado de esto no se acepta lo que significa ser una familia, como unión de un hombre y de una mujer. Esa mentalidad se impone progresivamente. Es en esta cuestión donde nosotros, con nuestra actitudes, con un juicio critico con nuestra formación, con el estudio, tenemos que ser sal y luz.

El compromiso con la vida social, nos exige una formación, no solo de la cabeza sino del corazón. No solos, sino con la esposa, con los hijos, con los amigos, con el club, con mi patria, para pensar un mundo mejor y pensado y proponerlo sin agresión, es porque nuestra fortaleza, está en la verdad que exponemos en el amor con que la entregamos. En la Iglesia, en la política y en la sociedad: Sal y Luz. Con qué confianza podemos emprender la marcha hermanos, si sabemos que el Señor se ha hecho pan. Él los invita a la Misa, Él se nos da en el pan, Él está, Él es el aceite de sus lámparas. Él es la luz. Él confía en Ustedes.


Mons. Mario Antonio Cargnello,
arzobispo de Salta


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet http:// www.aica.org
Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.