SUSCRIPCIONES

Inicio

Nosotros

Noticias

Actualidad

Santa Sede

Iglesia en la Argentina


Documentos


Santoral

Ediciones AICA

 

Copyright © 2006 AICA.
Todos los derechos
reservados.

 

 

 Documentos

 
   

EL SEÑOR SE NOS ENTREGA COMO UN NIÑO

 

Homilía de monseñor Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta, en la solemnidad de Navidad (25 de diciembre de 2005)

 

Acabamos de escuchar la Palabra del Señor, y nuestra mirada se dirige al Niño Dios, al niño nacido, a quien hemos celebrado en la Misa de Nochebuena. Durante el día la Liturgia nos va mostrando al Niño Dios, como la luz.

Frente al Niño, queremos pensar en tres actitudes, que debemos cultivar en el corazón para dejarnos renovar por el espíritu de la Navidad. Primero, un aprecio por el silencio; segundo, un gran aprecio por la verdad y tercero, renovar la confianza.

 

I

EL SILENCIO

 

Las cosas grandes de Dios no suponen mucho hablar. Su Palabra definitiva tiene el rostro de Jesús. Juan de la Cruz, contemplando el misterio nos dice “Cuando nos entregó a Jesús, el Padre se quedo mudo, así que no busquemos nuevas revelaciones, porque la revelación definitiva es Él y nadie mas Él Jesús”.

Si el Padre guarda silencio, como todo padre o toda madre cuando nace un hijo, aprendamos también nosotros a dejarnos fascinar por el misterio de la Navidad; y es imprescindible para ello, aprender a guardar silencio.

Nuestra época no es muy amiga del silencio, es mas bien amiga de las muchas palabras. Y cuando uno se acostumbra a recibir muchas palabras, pierde la palabra su sentido, pierde la posibilidad de recibir los grandes mensajes. Repetimos tantas cosas, escuchamos tan distintos maestros, se abunda en palabras y nos quedamos vacíos. Es importante saber guardar silencio para encontrarnos con los demás en la casa, para hablar en el corazón del matrimonio y de la familia, de nuestros amigos, para bucear en las profundidades, para superar frivolidades o superficialidades… Es importante guardar silencio.

En la Liturgia, el silencio ocupa un lugar importante, para contemplar. De hecho con la Reforma del Concilio fueron introducidos muchos momentos de silencio, como el de la introducción al acto penitencial, o en la oración de la Asamblea. Se sugiere también el silencio después de la homilía, y Plegaria Eucarística se acompaña con el silencio. Durante la elevación se debe guardar silencio la Jaculatoria: “Señor mío y Dios mío” no corresponde, que sea dicha en voz alta porque debe dominar el silencio, como domina el silencio las grandes cosas de Dios. También después de la comunión, estamos invitados al silencio.

El silencio permite que el corazón se vacíe, da espacio para el eco. Una habitación llena de muebles y de gentes, no posibilita el eco. El silencio permite ver y escuchar.

Navidad es una invitación al silencio. Puede parecer esto, como un mensaje anacrónico, porque mas bien queremos escuchar, qué opinan todos. ¿Por qué tenemos que opinar de todo? Terminamos siendo frívolos y superficiales. Tenemos que callar para que hablen las cosas.

Qué bueno es arrimarnos al misterio en el silencio de la Virgen. ella es la mujer que calla. En el Evangelio solo tiene una palabra para dirigirse a Dios, que es el Magnificat, que es su Evangelio y una palabra para dirigirse a nosotros: “Hagan lo que Jesús les diga”. El Evangelio de Lucas nos dice que ella meditaba lo que vivía en su corazón. Pienso en tanta de nuestra gente, que es capaz de guardar silencio y madurar el dolor de una familia. Por ejemplo, las madres: a veces los hijos somos rebeldes, nos quejamos, les queremos enseñar incluso… y ellas guardan silencio y nos esperan; esperan que crezcamos y después nos damos cuenta de que son muy sabias. Tenemos que recuperar el valor sapiencial del silencio.

 

II

UN GRAN APRECIO POR LA VERDAD

 

La fiesta de la Navidad, es la fiesta de la Luz (como lo es la Pascua), es la luz uno de los grandes temas que aparece en la liturgia. Decía Leonardo que “El hombre busca la verdad, como la libélula busca la luz”.

Navidad nos enfrenta en el silencio con la verdad que busca el hombre. Decía al comienzo que podríamos imaginarnos la fascinación del Padre, contemplando a su Hijo hecho Niño. El Padre empieza a mirarlo desde la Navidad hecho un Niño; y en el Niño que ha de crecer y consumar su disponibilidad al Padre en la Cruz, está la verdad del hombre.

Cristo es el hombre con mayúscula, el hombre que fue capaz de no tener miedo a Dios ni a las consecuencias de lo que Dios le pedía. Nosotros vivimos en un tiempo, en el cual medimos las cosas por la utilidad que producen; callamos o hablamos si es útil, si nos hace quedar bien o mal, no de acuerdo al criterio de prudencia, sino que pensamos ¿Qué va pasar si hablo o si callo?... No ha de ser . La gran meta del hombre es la buscar y encontrar la verdad.

Hoy, podríamos decir que todo es propaganda, todo se mide por lo productivo ¿Quién puede discutir con el que está de moda, aunque diga la aberración mas grande? El hombre, si claudica en su búsqueda de la verdad, ha claudicado también en su dignidad. Tenemos que recuperar el amor por la verdad. El joven que estudia en el secundario, tiene que aprender que el estudio es un camino de realización personal, no por el titulo o por el dinero que gane, sino porque le permite acceder a la verdad, o a una parte del todo, pero siempre en el camino liberador de la búsqueda de la verdad.

En este camino de búsqueda, se juega nuestra dignidad. La medida de lo que buscamos, de lo que decimos, de lo que somos, no puede estar en lo que es políticamente correcto o en lo que económicamente es redituable, sino en lo que es humanamente dignificante, que es buscar la verdad.

En Cristo encontramos la verdad, y Él es aquel que nos da la medida, porque él es el Hombre que se entregó a la verdad de Dios, hasta dar la vida por ello. La mentira en cambio, usada al servicio del dinero, del poder político o de cualquier otro tipo de poder, siempre degrada y divide a los hombres.

El Papa Benedicto ya ha entregado a la comunidad el mensaje para el próximo primero de enero. Quisiera rescatar una idea. Cuando nos habla del comienzo de la historia, nos dice el Génesis: ¿Quién pone la división en el hombre? La imagen es la de la serpiente, la de la lengua bífida, imagen de lo que no busca la unidad de la verdad sino que divide, que provoca busca dudas, medias tintas, es decir, de la mentira.

Y la mentira ha sembrado muchas divisiones y guerras. La guerra se sostiene en la mentira, y hay muchos intentos de sostenerla. Nosotros, estamos ya celebrando los doscientos años de la diócesis de Salta. El día de la creación de la diócesis fue el 28 de marzo, pero ya estamos en la preparación, y quisiéramos en este año buscar la verdad de lo que somos como Iglesia y como cristianos, como familia, como persona y como pueblo. Que el Señor en esta Navidad nos traiga ese amor entrañable por la verdad

 

III

CONFIANZA

 

El Señor se nos entrega como un Niño. Nadie confía más que un niño, que cree todo. Así es Dios con el hombre, nadie confía más en nosotros que nuestro mismo Dios. La navidad es la reiteración anual, de ese mensaje de Dios. “Confío en Ustedes”. Confía en esta humanidad, en esta comunidad aquí reunida, en esta Iglesia de Salta, en Ustedes en la Iglesia doméstica que vive en cada una de sus familias, en las comunidades religiosas. Ese es Dios, nuestro amigo.

Por eso podemos empezar de nuevo. ¡Qué desafío de parte de Dios para cada uno de nosotros! ¡Cuando valemos! Si, Él vuelve a confiar, porque vuelve a nacer en cada uno de nosotros! No miremos para otro lado. Jóvenes también sus padres están confiando en Ustedes y la sociedad entera, porque esperamos un mundo mejor. Nos es difícil a los mayores cambiar, dirigir el timón para otro lado. El cansancio de la vida, sus fuerzas, los años pasan, pero, los miramos a Uds. con confianza, y vemos que la Navidad es propia de os jóvenes porque el acto de confianza de Dios, tiene el rostro del Niño Dios.

¡Que cada familia renueve su confianza, que todos busquemos la verdad y guardemos silencio! Vivamos así la Navidad. Que el Señor los bendiga a todos.


Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta


Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet http:// www.aica.org
Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.