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JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ

Homilía de monseñor Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta, con motivo de la Jornada por la Paz y la Solemnidad de Santa Maria, Madre de Dios.
 1º de enero de 2006.
 

Queridos Hermanos:

Comenzamos el año celebrando a María, Madre de Dios. La Iglesia proclama, como lo hace en casi todas las fiestas de la Virgen, este texto de la Carta a los Gálatas, donde el Apostol nos recuerda que el encuentro de Dios con el Hombre, acontece en la Mujer: “Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, para redimirnos… y hacernos hijos adoptivos”.

Es bueno comenzar el año, y descubrir el sentido del tiempo en el Corazón mismo de Maria, Madre de Dios y Madre nuestra. Es el “Sí” de Maria el que le permite a Dios empezar una historia nueva, entrar con todo el peso y la carga de la eternidad en el tiempo y convertir nuestro tiempo en una permanente llamada a ser hijos, a ser responsables, a ser creadores de paz, de justicia y solidaridad. Por eso es bueno, comenzar el año, entrando por la puerta que es Maria, dejándonos cobijar en el espacio que nos da María en su seno, y aprendiendo a contemplar el tiempo y a mirar el proyecto de nuestra vida, en el corazón mismo de nuestra Señora. Lucas nos advierte que: “Maria conservaba lo vivido y lo meditaba en su corazón”.

Como cristianos, y desde el corazón mismo de nuestra Señora, estamos invitados a celebrar en este dia, la Jornada Mundial de la Paz. El Papa Benito ha querido que el lema de esta Jornada fuera “En la verdad, la paz”. Conforme sucede desde hace varias décadas, nos entregó un mensaje para orientarnos en la reflexión sobre la paz. Es un mensaje parecido en la densidad y extensión, a los que solían enviar el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II. En él despliega el Papa una fuerte invitación a hacernos cargo de la paz haciéndonos cargo de la verdad.

Después de saludar a todos los hombres de buena voluntad y reconocer la tarea de Pablo VI y Juan Pablo II, como servidores de la paz en sus pontificados, Él hace suya la causa de la paz y recuerda que ha elegido el hombre Benito, inspirado en San Benito, quien construye Europa sobre cimientos de paz y el Papa Benito XV, que es quien condena la Primera Guerra Mundial.

Parte de una convicción el Papa Benedicto. Nos dice: “Donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad emprende de modo casi natural el camino de la paz”. Y recordando lo que enseñaba el Concilio Vaticano II, nos invita a todos a que nos convirtamos a la verdad de la paz.

La paz no es la simple ausencia de guerra o de conflictos, no es un orden impuesto, esa seria la paz de los cementerios; la paz es el resultado del respeto por el orden querido por Dios para la humanidad. Todos los hombres estamos llamados a construir un mundo de paz. La paz es un don de Dios, que compromete la responsabilidad de los hombres para construirla.

El Papa nos dice: “Si falta la adhesión, si falta el respeto por la ley natural, si se obstaculiza y se impide el desarrollo de las personas, y no se respeta sus derechos fundamentales, si los pueblos se ven obligados a sufrir injusticias y desigualdades intolerables “¿Cómo se puede esperar la paz?”. Y se pregunta “¿Quién puede impedir la paz?” Si los hombres buscamos la paz, y todos la deseamos; entonces ¿Qué impide que haya paz?

Nos invita a entrar en la Sagrada Escritura, y nos hace descubrir como en el comienzo y en el final de la Escritura, en el Génesis y en el Apocalipsis, aparece el tema de la mentira, que está en el origen de la falta de paz.

Ya en el Génesis actúa la mentira, es la serpiente (el Papa nos dice: “El animal de lengua bífida”), que Juan va a calificar como Padre de la mentira quien trae la división. Y al final de la Biblia, en el Apocalipsis, el libro habla de la exclusión de los mentirosos de la Jerusalén celestial. “Fuera todo el que ame y practique la mentira”. En el proyecto de Dios, tanto en el comienzo como en el final, aparece como contrario a dicho proyecto, el pecado de la mentira.

La mentira genera sospecha, rompe la posibilidad de relaciones sociales libres y liberadoras, quita transparencia, no nos permite mirar al otro de frente. La mentira está profundamente relacionada con el drama de la violencia y de la guerra; es usada sistemáticamente en la guerra para sostenerla.

“Si queremos ser constructores de la paz, por lo tanto, tenemos que tomar conciencia, de que el problema de la verdad y de la mentira concierne a cada hombre y a cada mujer, y que es decisivo para un futuro pacifico de nuestro planeta”. Esto nos compromete en lo más pequeño y en lo más grande de nuestra vida de familia, tenemos que construir familias donde aprendamos a amar, a decir, a buscar, a sostener la verdad. En un ambiente donde el engaño se justifica en nombre de la economía o de la política, tenemos que recuperar el valor de la verdad, para recuperar el valor de la Palabra y para poder recrear el valor de nuestras relaciones.

Si nosotros, como cristianos experimentamos y debemos experimentar el llamado a comprometernos en la causa de la paz, tenemos que trabajar, procurando que ningún tipo de falsedad contamine las relaciones. Y tenemos que construir las relaciones sobre una verdad elemental, pertenecemos a una única familia humana, se trata de una verdad simple y comprensible para cualquier ser humano. Tenemos que aprender a convivir en la sociedad, procurando la justicia; ésto nos compromete concretamente, dice el Papa a “cultivar relaciones fecundas y sinceras, a buscar y recorrer la vía del perdón y de la reconciliación, a ser transparentes en las negociaciones y fieles a la palabra dada”.

Son cuatro indicaciones que el Papa propone para construir en la familia, en los grupos, en las parroquias, en nuestros ambientes un clima de paz. Indudablemente, que no es fácil, por eso el cristiano tiene que buscar a Cristo para que Él nos de la fuerza para ser constructores de paz siendo buscadores de la verdad. Solamente Él es el absolutamente sincero y fiel. Jesús es la verdad que nos da la paz. Recrear un clima de verdad en nuestras familias, es una consigna para todo este año.

Después, el Papa va a hablar sobre la necesidad de buscar la paz y la verdad aun en climas de guerra, y destaca el valor del derecho internacional humanitario, sobre todo ante las experiencias duras vividas en los conflictos armados que tenemos en este momento, donde no se respetan a los prisioneros. El Papa invita a los soldados, a que sean fieles evangelizadores de la verdad, siendo custodios de la paz en las naciones.

Señala como una amenaza grave a la paz del mundo, el fenómeno del terrorismo, y lo condena con toda su fuerza, citando al Papa Pablo VI y a Juan Pablo II y advierte que tiene un doble origen en el terrorismo ideológico: el nihilismo, esa corriente de pensamiento que descubre solo la nada y no acepta a Dios, y por lo tanto desprecia al hombre y la vida y el fanatismo religioso, que llamamos fundamentalismo. Nos dice: “Siendo distintos, terminan alimentando un mismo mal, el terrorismo”, y hablando del fundamentalismo dice: “Pretender imponer a otros con la violencia, lo que se considera la verdad, significa violar la dignidad del ser humano, y en definitiva ultrajar a Dios, del cual es imagen”. Los dos tienen en común una errónea relación con la verdad, los nihilistas porque la niegan y los fundamentalistas, porque no descubren la verdad del hombre a quien tienen que respetar.

Importa destacar la tarea de todos los católicos, intensificar en todas partes del mundo, el anuncio y el testimonio del Evangelio de la Paz, proclamando que reconozcamos a Dios, al verdadero Dios, que es Amor y que salva, que es Padre Amoroso y que quiere ver cómo sus hijos se reconocen entre ellos como hermanos, a Dios que es fuente inagotable de esperanza, a Dios que es el único que hace eficaz la obra de bien y de paz. Benito XVI nos invita a todos los cristianos a ponernos al servicio de la paz, compartiendo con hermanos de otras religiones los empeños por la paz.

Por ultimo, termina el Papa invitándonos a hacernos discípulos del Señor, que es el Gran Maestro y artífice de la Paz; escuchando su Evangelio y rezando. Que se intensifique la oración, porque la paz, es ante todo un don de Dios que se ha de suplicar continuamente. Miremos a Maria, ella la Madre de Dios, es la Madre y Reina de la Paz.

A Ustedes jóvenes, les quiero pedir que en el año que se inicia, procuren con el estudio, el trabajo, la oración, cultivar en el corazón estos sentimientos de paz que nos permitirán confiar en un futuro mejor. Que estos sentimientos y esta búsqueda de la paz, nos lleven a un compromiso real con los que necesitan mas que nosotros. La sociedad nuestra, muy marcada por la comodidad y el tener, a veces, no mira a los que necesitan, y a nuestro alrededor, en nuestra Salta hay sectores muy grandes de pobreza que esperan la respuesta humanizante y pacificadora de nosotros los cristianos, y esperan el entusiasmo comprometido de Ustedes los mas jóvenes.


Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta


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