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BIENVENIDA AL X CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL

Del arzobispo de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna

1 de setiembre de 2004



Al Enviado Especial del Santo Padre Juan Pablo II
Emmo. Señor Cardenal JULIO TERRAZAS SANDOVAL
Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia);
a los Cardenales, Arzobispos y Obispos.
A las Autoridades Provinciales y Municipales,
Militares y de las Fuerzas de Seguridad.
A los Presbíteros,  Diáconos,
Consagradas y Consagrados;
a los fieles laicos y a todo el pueblo argentino:


¡Bienvenidos a las benditas tierras del Taraguí para celebrar el X Congreso Eucarístico Nacional!
Hemos soñado con este día venturoso. Quiero recordar lo que el Episcopado Argentino manifestara en su Convocatoria del 31 de mayo del año pasado: “Deseamos, en estos días, adorar públicamente a Jesucristo, presente en el Sacramento de la Eucaristía. Es nuestro propósito manifestarle nuestro amor, reconocerlo solemnemente como Señor de la historia y rogarle por las necesidades del mundo y de nuestro pueblo”. Lo haremos contemplando el rostro curtido de nuestra gente, las heridas sangrantes de nuestros pobres, el hambre de justicia de nuestros excluidos por la desocupación, el reclamo de reconciliación de nuestra sociedad y el imperioso deber de una auténtica y fraterna solidaridad. Los hombres hemos fallado en incontables proyectos. Como cristianos, con la fe simple de nuestros hermanos más pequeños y humildes, nos volvemos a Jesús, en las jornadas de este Xº Congreso Eucarístico Nacional, a Quien anunciamos y celebramos en el Sacramento de la Eucaristía. No serán días de triunfo sino de amor y de adoración. No pretendemos formular conclusiones ni redactar mensajes resonantes sino escuchar la Palabra y sacar, del aprendizaje de la fidelidad, el compromiso evangelizador que nos corresponda.

La presencia generosa de ustedes constituye el testimonio de su fe en el Sacramento de la  Eucaristía. Creemos necesario situarlo como el alimento y expresión de la vida bautismal de la mayoría de los ciudadanos argentinos. ¿No es acaso lo que necesita nuestro pueblo, habiendo intentado, sin éxito, transitar otros caminos? Deseamos que el Xº Congreso Eucarístico Nacional, cuyos días culminantes iniciamos, se constituya en “el acontecimiento de gracia” que renueve la vida bautismal de los cristianos y, en consecuencia, de la misma sociedad que integran como ciudadanos. ¡Sean bienvenidos! Que este Congreso Eucarístico sea nuestro aporte, de dimensión nacional, para la unidad y la fraternidad. El camino a transitar es difícil; únicamente Cristo logrará abrirlo para que ordene todos los pasos a la verdadera reconciliación y a la paz. Es el mensaje silencioso del amor, capaz de construir sobre ruinas y garantizar que la esperanza desemboque en la Verdad.

¡Bienvenidos todos a la tierra de María de Itatí! Como lo ha hecho durante cuatro siglos, desde este ángulo norteño de nuestra enorme geografía, ofrece a todo el pueblo argentino un ámbito para alentar pacíficamente la reconstrucción de la convivencia nacional. La Eucaristía hoy nos convoca. Ella misma nos reconcilia y solidariza. Conformados con Ella nos constituye en testigos acreditados frente a un mundo que necesita ser advertido de su saludable Presencia. De otra manera no conocerá a Cristo y el contacto necesario con Él se hará imposible. Es preciso que durante estos días, y prolongándolos después, hagamos pública nuestra fe en Jesucristo, Señor de la historia, sacramentalmente presente. Expresamos con libertad nuestra profesión de fe católica, rindiéndole culto, aunque debamos enfrentar las diversas y promocionadas expresiones de la incredulidad que pretenden desacreditarla y disimular su eficacia histórica. Anhelamos que la Iglesia, presente en este Congreso Eucarístico, o adherida a él desde los más remotos rincones de nuestra Patria, se renueve en santidad gracias al Misterio que la expresa y alimenta. Su presencia en la sociedad debe animar proféticamente el orden nuevo que nace como exigencia de la vida bautismal de la mayoría de los ciudadanos argentinos.

Ante perspectiva tan esperanzadora y exigente ¿cómo no expresarles con gozo, en nombre de la Iglesia y de nuestro pueblo correntino, una cálida y fraterna bienvenida? 


¡ B I E N V E N I D O S !


Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo de Corrientes

 

Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2491 del 15 de setiembre de 2004



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