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25 DE MAYO


Homilía de monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo de Corrientes, con motivo de la Fiesta Patria del 25 de mayo de 2005



1. A ciento noventa y cinco años de la Revolución de Mayo se nos ofrece la ocasión de formular una pregunta. En ella podremos volcar nuestras principales inquietudes y esperanzas: ¿Hemos logrado el bien de la libertad que deseaban nuestros antepasados? Es oportuno examinar los frutos de aquel acontecimiento: tanto los existentes, como los que esperábamos y aún no han aparecido. También –a fuerza de ser honestos– será preciso observar las heridas sangrantes de situaciones que aún deben ser superadas. Nadie puede superar exitosamente lo que no ha sabido diagnosticar con inteligente sinceridad. A veces el enfermo se enoja con el que descubre su mal, como también con el médico que le ofrece la única y dolorosa terapia que lo conducirá a recuperar la salud. Nuestra Patria merece el amor solícito de sus mejores ciudadanos. Su bien se logra a través de mucho trabajo y de innumerables inmolaciones. No puede terminar en el triunfo de unos sobre otros sino en la unión fraterna de todos; tampoco se logrará “a pesar” sino “gracias” a la providencial diversidad que los caracteriza. Para llegar a esa madurez espiritual y cívica se requerirá el amor a la Patria que manifestaron los próceres y  la grandeza de sacrificarlo todo por ella. Nos reunimos junto al signo religioso común de casi todos los argentinos: el templo como recinto de oración. Agradecemos y prometemos. Suplicamos a Dios y decidimos responderle en la iniciación de un diálogo respetuoso que nos conduzca a consensos recuperadores de la dispersión en la que aún nos debatimos. No estamos reunidos para cumplir con un protocolo solemne sin gravitación en la sociedad, hoy amenazada por la confusión y el desaliento.


2. Ponerse frente a Dios es enfrentar la vida y regularla conforme a su voluntad. No lograrlo lleva a precipitarse en un mar de incoherencias. Uno de los rasgos más oscuros de nuestra sociedad es la incoherencia. Estamos acostumbrados a formular principios que son burlados por intereses inmediatos que no afectan el interior ni modifican el comportamiento personal y social. Se promete lo que no se cumple; se consumen largas horas de inútiles confrontaciones ideológicas sin arribar a resultados positivos. Es el momento de producir un cambio que prepare y anticipe todo auténtico progreso; es el que aparece como inspirador de actitudes y gestos interiores verdaderamente nuevos. El Evangelio de Jesucristo rechaza toda interpretación de su contenido que atente contra su auténtica inspiración. Los valores que contiene reclaman un espacio propio en la vida de nuestro pueblo, mayoritariamente cristiano. Su inobservancia indica una grave incoherencia que impide la auténtica convivencia en paz entre sus ciudadanos. Para restablecer el orden y la libertad, valores decididos heroicamente hace ciento noventa y cinco años, será preciso reambientarlos en aquel inolvidable fervor patrio. Aquel pueblo –como el nuestro– expresaba, en la oración pública de Acción de Gracias, su fe en Dios y su total adhesión a los principios que la palabra de su Iglesia entonces le ofrecía y hoy sigue garantizándole.


3. El “Tedéum” es esa oración pública de Acción de Gracias. Se la puede convertir en una formalidad agregada a los protocolos tradicionales de la Fiesta Patria o puede recuperar el vigor de su primera inspiración. La Iglesia no quiere que momentos importantes de su Liturgia pasen a ser simples e inexpresivas invocaciones. Por ello acude al contenido nutritivo de la Palabra de Dios y, de esa manera,  actualiza el acontecimiento que celebra. ¡Qué bien se siente la Patria custodiada e inspirada constantemente por la fe religiosa de sus hijos! Al producirse un debilitamiento de la misma se originan graves y dolorosos contratiempos. La fe, fortalecida por la Palabra evangélica, suscita verdaderos próceres, hombre y mujeres que ofrecen sus talentos y sus vidas por el bien de la libertad y del orden instituido.  La Iglesia, a veces mal tratada por la ignorancia y la irresponsabilidad, tiene el grave deber de predicar el Evangelio como proyecto de vida para los ciudadanos cristianos. Lo seguirá haciendo o en su defecto deberá rendir cuenta ante Dios, insobornable juez de la vida de todos los hombres.


4. Corrientes, pueblo cristiano y mariano, recibe este nuevo aniversario patrio como lo vino haciendo tradicionalmente: en un templo dedicado a la Virgen María. Dar gracias a Dios incluirá un nuevo compromiso en la búsqueda del bien común. Desafiado por nuevas e inéditas situaciones recurrirá a la gracia y condescendencia del “Señor de la historia” para corregir errores y rectificar el rumbo original. El pueblo agradece y pide. Agradece tantos dones y esa continua solicitud divina, expresada en los momentos más críticos de su historia, y pide la gracia de la fidelidad a sus valores tradicionales, especialmente para quienes deben gobernar poniendo en actividad la prudencia y la inteligencia que el ejercicio de su exigente servicio requiere. Como siempre, solicitamos la intercesión maternal de María de Itatí, Madre y Señora de la humilde y valerosa familia correntina. Hacemos extensiva nuestra súplica a toda nuestra Patria.  ¡FELIZ DÍA DE LA PATRIA!


Mons. Domingo Salvador Castagna,
arzobispo de Corrientes



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