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DIOS ES PADRE DE TODOS


Mensaje navideño del arzobispo de Corrientes, 
monseñor Domingo Salvador Castagna.


1. Los dinteles de la casa paterna

Juan Pablo II ha emitido una convocatoria oficial para la celebración del Jubileo del Año 2000. Se iniciará en la Noche Santa de 1999 y concluirá el 6 de enero del año 2001. Más allá de las riquezas de estas celebraciones, este año del triduo preparatorio será dedicado a la contemplación de la Persona del Padre. Creo que llegamos a la cumbre del peregrinaje, a los dinteles de la casa paterna. Jesús, desde sus primeras reflexiones como hombre, señala al Padre como a Quien debemos llegar todos. Sus propias actitudes responden a la atracción que el Padre ejerce sobre Él. Apenas iniciada su adolescencia Lucas relata su pérdida y hallazgo en Jerusalén: "Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: ‘Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados’. Jesús les respondió: ‘¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?’. Ellos no entendieron lo que les decía" (Lc 2, 48-50). Es difícil imaginar el grado inicial de unión de Jesús con Dios, su Padre. Su respuesta evidencia una intimidad inefable que lo modela en una creciente identificación. El Padre es el rostro amado que contempla en el de su Madre Purísima y en el del humilde José. Que sabrá contemplar en los pobres, en los enfermos, hasta en los pertinaces enemigos. Que, sobre todo, verá en la soledad de su oración sin testigos. Su Padre es así: "su Padre". Más allá de su igualdad divina con Él, experimenta la subordinación de la carne, y en ella su filiación "obediente hasta la muerte de Cruz".


2. Los asuntos del Padre

Su propósito de Hijo es vivir sometido al Padre, ocupándose de los asuntos que interesan al Padre. No se advierten vacilaciones en su proceder, ni claudicaciones ante la misión propia. Nadie puede torcer su rumbo, ni la dulce y tierna presión materna. Ya adulto, sumergido en la tarea misionera, experimenta las presiones antojadizas de quienes no entienden su forma de proceder: amigos y enemigos. Se mantiene firme, resiste de pie la andanada de acusaciones calumniosas y de amenazas contra su vida. Cuando habla, se deja inspirar por su Padre que le dicta la palabra oportuna o el silencio debido; un silencio que resulta molesto para quienes lo incitan a la discusión y pretenden aprovechar maliciosamente su prestigioso favor. Herodes espera satisfacer su curiosidad de milagros y el Señor guarda ante él un silencio sepulcral. Existen personas confundidas que acuden con mucha facilidad a cualquier medio, denostando al pastor de la Iglesia y, sin molestarse en buscar caminos de diálogo y de evaluar su primera impresión, presionan y atropellan. ¿Qué pretenden? No parece ser el bien del pueblo, ni la verdad y, menos aun, el bien de la Iglesia. ¿Será, quizás, agenciarse un adversario prestigioso contra su enemigo circunstancial ideológico o político? El Pastor no debe prestarse a ese juego mezquino y gravemente perjudicial para el ejercicio auténtico de su misión evangelizadora.


3. Submundo sin Navidad

El tema motivador del año 1999 nos ofrece la oportunidad de ahondar en la paternidad de Dios. No es suficiente que lo hagamos sistemáticamente. ¡Se repiten tantas verdades sin una forma existencial que las traduzca a comportamientos y gestos! Llegar al convencimiento de la única paternidad de Dios crea un sistema de responsabilidades personales y sociales, que bastaría para el orden adecuado de la sociedad moderna. Si Dios es Padre de todos, somos hermanos unos de otros y, en consecuencia, se nos reclama serlo de verdad. Al comprobar el estado caótico de nuestras actuales relaciones, el incumplimiento de los mandamientos de Dios y la traición a los términos elementales del propio Credo, concluimos que tenemos demasiado olvidado el fundamento de nuestra vida y convivencia. Es decir: una filiación en relación con Dios que Jesucristo nos ha merecido. ¿Será posible que nos exijamos ser coherentes en una Fiesta como la Navidad? Es difícil lograr de inmediato la perfección pero apartarnos tanto del camino y aparentar lo que no somos es más lastimoso. Caminemos nuestras calles, las de esta Ciudad, a partir de las veintidós o veinticuatro horas y seremos testigo de un submundo sin Navidad. Tantos solitarios, perdidos entre las sombras de sus propias nostalgias; tantos sumergidos en la inconsciencia del alcohol y de las drogas; tantos marginados del espíritu auténticamente religioso y fraterno de la Fiesta.


4. Estamos misteriosamente hermanados

Asomémonos a las casas: Algunas abrigan verdaderos recintos hogareños, otras constituyen conglomerados humanos de difícil identificación. En algunas sobra todo, en otras falta todo. Unos saborean un bienestar casi suntuoso, otros ocultan la inseguridad del pan del día siguiente por causa de salarios inexistentes, insuficientes o adeudados. Si fuéramos coherentes hasta distinguir en los rostros más ensombrecidos los rasgos del Padre común ¡qué otra sería la situación de unos y de otros! ¿A tanto llega la indiferencia y el egoísmo? ¿Es comprensible y lógico el desinterés y la irresponsabilidad en la búsqueda sincera de soluciones posibles si somos hermanos? Hoy es un día para la paz, sin embargo no se la puede lograr en serio sin la verdad. Basta de ocultar lo inocultable, de buscar provecho propio sobre la angustia de los hermanos carenciados. No toleremos ser hermanos sin hermanos porque seremos hijos sin Padre. La orfandad nos afectará a todos si no llegamos a descubrir la paternidad de Dios en el esfuerzo de ser hermanos de todos, comenzando por los más débiles y empobrecidos. La corriente admirable de solidaridad que se produce en algunas ocasiones, en casi todos los niveles de la vida social, constituye la reacción espontánea de un común sentir: estamos necesariamente hermanados. No siempre logramos explicarlo y, menos aún, ofrecer a todos una fundamentación suficientemente comprensible.


5. Feliz Navidad en Familia

Nos conmovemos ante el dolor, particularmente de los más indefensos, porque la sangre de otro hombre, que clama con gemidos desgarrantes, tiene acento fraterno. Ojalá llegáramos a la perfección indicada por Jesús: "Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos" (Mt 5, 44-45). La referencia al Padre es continua en la enseñanza del Señor. Porque el Padre tiene a todos por hijos, incluso a nuestros eventuales enemigos. Son ellos nuestros hermanos y debemos amarlos, como los ama el Padre. Su amor a nosotros debe regir nuestro mutuo amor, sin discriminaciones. ¡Qué triste Navidad la nuestra si la lluvia y el sol que hacemos descender sobre amigos y enemigos es la guerra sin cuartel, el odio, la indiferencia y la calumnia! Cada uno podrá examinar su proceder ante el misterio de Amor que hoy celebramos. El Padre que, en los brazos de María, nos ofrece a Jesús, nos invita a augurarnos una Feliz Navidad.


Mons. Domingo S. Castagna,
arzobispo de Corrientes


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2196, del 20 de enero de 1999


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