A su pueblo amado y a sus máximos dirigentes en Cristo Jesús y
María de Itatí:
Este
llamado esperanzador y dolorido responde a nuestro contacto diario y
personal con una realidad ensombrecida por el dolor de quienes
sufren, en carne viva, las variantes de una economía deprimida por
causa de una distribución inadecuada de sus recursos.
Varios
sectores de Corrientes se encuentran en situación afligente en
razón de sueldos adeudados y de la misma inseguridad en el cobro de
haberes de imprescindible necesidad para el alimento, el vestido, la
salud y la movilidad hacia sus puestos de trabajo. La dignidad de
estos humildes y respetables ciudadanos reclama el logro de un nuevo
orden económico que no los excluya.
Hemos
orado, nuestro pueblo nos acompaña en una oración silenciosa y
constante, para que nuestro llamado llegue a quienes corresponda y
sea cordialmente recibido. Estamos muy preocupados, como pastores,
de la plena vigencia de una justicia social que asegure la paz.
Nuestro pueblo de Corrientes es paciente y respetuoso del orden
institucional; nos enorgullecemos de ello. Hemos empeñado nuestro
ministerio evangelizador en afianzar los valores que lo distinguen y
en nutrir su vocación en las fuentes auténticas de su fe,
mayoritariamente católica. Lo seguiremos haciendo. Por ello,
reconocemos los serenos y firmes reclamos que los ha movilizado en
favor de sus legítimos derechos. Lamentamos la utilización que
pocos e inadaptados han pretendido ejercer, en algunas de sus
marchas, con agresiones incalificables y ajenas a la mayoría.
Creemos
que es hora de cerrar una etapa difícil con la adopción de medidas
sabiamente concertadas por los máximos dirigentes, en quienes el
pueblo quiere confiar. Nos referimos particularmente a sus
gobernantes, legisladores, políticos y economistas. Este es un
momento de especial gravedad que reclama, urgentemente, una ejemplar
expresión de amor patrio, hacia toda la ciudadanía,
particularmente hacia los más débiles y desprotegidos: los niños,
los enfermos y quienes sufren las condiciones de mayor marginalidad
social y, por consiguiente, hacia los que deben estar a su servicio.
Hay
solución si se la encara renunciando a viejas rencillas o a
intereses demasiado sectoriales. El bien de todos, en momentos de
tanta gravedad, está sobre los bienes particulares. La Iglesia lo
ha enseñado siempre desde su carisma magisterial al servicio del
Evangelio. Si nuestros queridos dirigentes buscan un ámbito de
diálogo y se fijan como meta el bien exclusivo del pueblo,
hallarán el método y los recursos necesarios.
Movidos
por el amor común a nuestro pueblo, formulamos este llamado cordial
y firme. Nos dirigimos a todos, particularmente a quienes, por su
gravitación social, tienen mayores e ineludibles responsabilidades.
Lo hacemos desde nuestro ánimo lastimado por el infortunio de
tantos. No nos inspira otro interés que el bien y la paz para la
amada Provincia de Corrientes.
Que
María de Itatí los proteja y bendiga.