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vivir
el momento histórico
con un corazón nuevo
Carta Pastoral de Cuaresma 1999, de monseñor Domingo Salvador
Castagna, arzobispo de Corrientes.
1.
Última Cuaresma.
Iniciamos
la última Cuaresma del siglo 20 y anterior al año 2000. El
Evangelio sigue informando la historia de hombres y mujeres que han
aceptado en sus vidas el Misterio de Cristo. Se mantiene una
división radicalmente superada pero en tránsito hacia su total
desaparición. Está el mal y está el bien, la verdad y el error,
el amor y el odio, la sabiduría y la estupidez, la honestidad y la
corrupción. La lucha entablada presenta momentos de hondo
dramatismo histórico. Está organizado el desorden moral como si
fuera una legítima opción, con los mismos derechos que detentan el
orden y la verdad. El mal no se limita a una presentación
alternativa, obviamente engañosa, hace la guerra contra el bien con
una metodología que establece, a favor suyo, ventajas de gran poder
económico. El mal posee una especie de "legislación"
competitiva y desigual. Para quienes han optado por el bien las
expresiones del mal aparecen como la antítesis de ilimitadas
posibilidades humanas.
2.
Graves errores.
Se
han cometido errores graves siempre que se pretendió vencer el
desorden con una metodología que equiparara a los agentes del orden
con los mismos promotores de la violencia. Pesa sobre nosotros una
historia oscura, imposible de ocultar, en la que se han pretendido
justificar medios inaceptables por un fin teóricamente bueno.
¡Tantas veces se ha repetido: "el fin no justifica los
medios"! No obstante, sin el mínimo sentido de la Ley que
inspira toda auténtica ley, se ha descendido a una "guerra
sucia" evangélicamente inconciliable. Esta amarga y
trágica lección debe quedar tan aprendida por todos que el "nunca
más" esté resguardado definitivamente en la conciencia
popular.
3.
Paternidad de Dios.
La
verdad y la justicia, como un todo inspirador, deben
alentar a una sociedad humana que se aproxime seriamente al ideal de
la fraternidad. Esta Cuaresma se encuadra en el año celebratorio,
próximo al Jubileo, me refiero al de Dios Padre. La perspectiva de
la paternidad de Dios, tan evangélica, despliega el panorama de una
esperanza renovada. Si es comprendida y aceptada como la "buena
nueva" por excelencia, los hombres hallarán el argumento
para construir, de sus actuales sociedades, comunidades fraternas.
Se entiende que el tránsito es difícil, hasta momentáneamente
imposible. Dios lo comprende mejor que nadie y, por ello, ha
decidido darnos a su Unigénito hecho hombre.
4.
Testimonio de fraternidad.
Cristo
es la gracia que necesitamos para lograr, de una sociedad marcada
por la dispersión, una familia verdadera. Los evangelizadores son
desafiados, como lo han sido antes, a presentar y ofrecer el
proyecto cristiano de una convivencia en paz. Más que formulas
teológicas, que podrán sufrir obvias contradicciones de sistemas
filosóficos adversos o diversos, la evangelización consistirá en
expresiones de vida y valores literariamente informulables. El
testimonio de fraternidad de los cristianos posee una innegable
energía evangelizadora. Hay veinte siglos de por medio que prueban
la eficacia de la gracia de Cristo, por la mediación histórica de
la Iglesia. Su carácter de comunión la capacita para
presentar el fermento de innumerables comunidades fraternas. De esa
manera, más que en el debate filosófico, su aporte se mezcla como
sangre nueva en las venas de una sociedad que aparece enferma de
esclerosis.
5.
La historia como retorno al Padre
Juan
Pablo II hace un llamado a prestar atención a este último año del
siglo e inmediato al 2000. La Cuaresma, para él, es una oportunidad
única. Dejarla pasar constituye una grave irresponsabilidad.
Ilustrados por la parábola del "hijo pródigo"
somos invitados a renovar nuestra conversión como "retorno
a la Casa del Padre": "el último (año) previo al
2000, la Cuaresma se presenta más que nunca como el tiempo propicio
a un ‘retorno a la Casa del Padre’ y a un ‘camino de
auténtica conversión, que comprende tanto un aspecto ‘negativo’
de liberación del pecado como un aspecto ‘positivo’ de
elección del bien". Las orientaciones del Santo Padre son
claras y oportunas. Nos corresponde asumirlas y reformularlas desde
nuestra realidad.
6.
Un corazón nuevo.
Correntinos,
nos corresponde vivir este momento histórico con un corazón nuevo.
Para ello será preciso purificarlo de configuraciones egoístas,
como las que, con tanta frecuencia, nos tientan en las expresiones
variadas de nuestras relaciones personales y sociales. El mandato
evangélico del amor mutuo se erige sobre el fundamento de la
misericordia paternal de Dios. Su experiencia nos enfrentará con la
tarea ineludible de recomponer una familia de auténticos hermanos.
Para ello todos, sin excepción, debemos recoger la consigna
cristiana de regresar como hijos pródigos. Será preciso
aceptar, con sinceridad y valor, el estado en el que nos encontremos
por causa de nuestros errores. Dicen que el enfermo comienza a
curarse cuando reconoce que está enfermo. El hijo pródigo
decide regresar desde la experiencia humillante y dolorosa de su
miseria y necesidad. El llamado insistente del Santo Padre a la
conversión nace de una convicción de fe que constituye la gran
revelación: Dios es nuestro Padre y nos ama.
7.
Jubileo y Centenario.
Esta
última Cuaresma coincide con la iniciación del año Jubilar: el 24
de diciembre de 1999; y con la inauguración del año del Centenario
de la Coronación Pontificia de la venerada Imagen de Nuestra
Señora de Itatí: el 16 de julio de 1999. El año 2000 será de
grandes y ricas celebraciones para los cristianos de todo el mundo
y, particularmente, para la amada Iglesia de Corrientes. He
dispuesto la creación de una Comisión ejecutiva para todo lo
referente al Centenario de la Coronación. Tendrá un marco jubilar
y evangelizador. Itatí, pueblo humilde de la Virgen, será el
epicentro de grandes concentraciones de peregrinos en el Año del
Centenario. Dios no permita que se produzca alguna contaminación,
por intereses poco religiosos, en la pureza de su fe cristiana y de
su piedad mariana. Nos esforzaremos pastoralmente en su servicio y
desarrollo pero en vistas al auténtico contenido de su tradicional
religiosidad.
Que
la Cuaresma aliente el retorno al Padre de quienes,
experimentando las inquietudes y esperanzas de la hora actual,
están dispuestos a reconocer la verdad que el Evangelio les ofrece.
Con mi cordial bendición.
Mons. Domingo S. Castagna, arzobispo de Corrientes
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2203, del 10 de marzo de 1999 |