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es preciso reacomodar los
valores fundacionales
Homilía del arzobispo de
Corrientes, Mons. Domingo S. Castagna,
en la fiesta patria de la
Independencia, celebrada en la catedral correntina
el 9 de julio de 2001.
1.
El genio oculto.
La
independencia es consecuencia y reclamo de la libertad. Un pueblo libre
necesariamente se independiza. La íntima consciencia de libertad necesita
recorrer un sendero exigente de crecimiento y desarrollo. La misma produce
un comportamiento responsable que genera orden y fraterna convivencia. La
justicia pondrá a las personas en relación armónica con otras personas
y, en el balanceo de las obvias diversidades, eliminará los elementos que
las discriminen. La historia de nuestra Patria, desde aquel lejano 9 de
julio de 1816, ha debido pasar sucesivas etapas de un desarrollo moral y
político muy accidentado. Quizás algo maltrechos por los errores, y la
reiteración de los mismos, arribamos a un momento particularmente
trascendente. La crisis actual constituye el desafío providencial para
redescubrir el genio oculto o adormecido de nuestro pueblo.
2.
Enfrentar el presente.
Es el
tiempo, como aquella jornada tucumana, de recurrir a las reservas
espirituales más escondidas y poner, en la reconstrucción, el mismo
ánimo generoso y combativo que asistió a nuestros antepasados en la
organización de la Patria nueva. Lo arriesgaron todo, se expusieron a la
reacción de quienes, aún irritados por el grito de libertad del 10,
acusarían recibo con todo su potencial militar. Nuestra situación actual
es otra. La causa de nuestros actuales infortunios está en nuestra
mezquindad y desidia. No es el orgullo herido de un enemigo externo, el
que debemos enfrentar, sino la falta de valor para imponernos la
disciplina socio política que necesitamos. Homenajear el pasado glorioso
es inútil si, precisamente porque lo recordamos, no enfrentamos el
presente. Este presente, umbral resbaladizo del futuro, colmado de
desafíos y de posibilidades, sacude a la Nación y a nuestra amada
provincia de Corrientes.
3.
El garante de la libertad.
Hemos
venido al templo tradicional de Nuestra Señora de la Merced, a cuyo
amparo está la Plaza "de la dignidad", para repetir el
gesto patriótico de quienes juraron, en nombre nuestro, perfeccionar la
independencia de este pueblo hasta identificarlo, ante el mundo, como una
gran Nación. Es preciso reacomodar los valores que nos han fundado y
devolvernos lo que nuestra Constitución declara primordial y que
irresponsablemente hemos olvidado: Dios "fuente de toda razón y
justicia". Dios, el Dador inefable de la libertad es el único
garante de la misma. De otra manera la malgastamos traicionando los
deberes sagrados cuyo cumplimiento iniciaron heroicamente nuestros
próceres. La oración común que elevaremos, redactada por nuestros
actuales Pastores, se escuchará hoy en toda la extensión de nuestra
inmensa geografía Patria. Es conveniente que la consideremos como el
compendio de nuestras actuales necesidades y reclamos. También de
nuestros compromisos.
4.
Recomposición del Orden.
Una
coincidencia providencial nos permite celebrar, en esta fecha, la Fiesta
litúrgica de Nuestra Señora de Itatí, Patrona de Corrientes y muy
adentrada en la devoción de nuestros pueblos del NEA. María está
presente donde está Cristo y donde estamos los hombres. Nuestros
sufrimientos constituyen la meta de su solicitud materna. Se manifiesta en
la pureza de la devoción que nuestro pueblo le profesa. Debemos acudir a
ella y aprender de ella a Jesucristo. Nos sigue indicando el camino a toda
auténtica recuperación. Basta recorrerlo. No permitamos que nos
arrebaten la libertad, devenida en Independencia, y, al estilo de aquellos
estupendos congresales de Tucumán, juremos mantener el Orden decidido
hasta el sacrificio que el hoy de la historia nos reclame. Dios
quiera, y lo queramos los correntinos, Corrientes sea ejemplo de aquella
Declaración patriótica en la auténtica recomposición de su Orden
constitucional.
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº
2328, del 1 de agosto de 2001
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