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CARTA PASTORAL
Carta pastoral de monseñor Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia
(27 de febrero de 2005)
A toda la querida Iglesia diocesana de Concordia, a las comunidades, a
los sacerdotes, consagrados y laicos:
En su
Carta Apostólica
Mane nobiscum Domine
el Papa Juan Pablo II invitó a la Iglesia universal a dedicar un año,
desde octubre de 2004 a octubre de 2005, especialmente a vivir el
misterio de la Santísima Eucaristía. Nos exhorta el Santo Padre a
acrecentar en la Iglesia y en cada uno de los fieles una
espiritualidad eucarística, centrada en la celebración sacramental del
Sacrificio Redentor en la Santa Misa y dando a Jesús, presente en el
mismo, un culto de adoración digno de un Misterio tan grande, incluso
fuera de la Misa.
Al hacer
nuestra esta iniciativa tanto en el ámbito diocesano como en el de las
comunidades, pretendemos enriquecer los programas e iniciativas
pastorales de nuestra Iglesia particular iluminándolos con la luz que
brota de la Eucaristía y arraigándolos en ella. El Misterio
eucarístico “es la raíz y el secreto de la vida espiritual tanto de
los fieles como de toda iniciativa eclesial” (MND 5).
Coincidiendo el comienzo de mi ministerio pastoral como Obispo de la
Diócesis de Concordia con el comienzo del Año Eucarístico, el 11 de
octubre de 2004 expresé mi anhelo de “que la pastoral diocesana tenga
una impronta fuertemente eucarística; que el domingo, día del Señor,
sea el centro de nuestra vida eclesial; que la Eucaristía sea fuente y
culmen de la vida y misión de toda nuestra Iglesia”.
Hoy, en
la cercanía de la Pascua del Señor, vuelvo a proponer aquella
centralidad eucarística a las comunidades parroquiales, religiosas,
educativas, a los movimientos y asociaciones laicales, a las áreas
pastorales. Recordemos que la Eucaristía nació la noche del Jueves
Santo en el contexto de la cena pascual, y que cada celebración es
memorial del Sacrificio de Jesús, es misterio de su presencia, a
través del que se realiza de modo supremo la promesa de Jesús de estar
con nosotros hasta el final del mundo, y es anticipación de los bienes
de la Pascua eterna del cielo.
Además de
las diversas actividades que puedan darse en las comunidades
particulares inspiradas en la devoción a tan gran Misterio, propongo a
toda la Diócesis:
a.
Dedicar una especial atención a reavivar en todas las comunidades la
celebración de la Misa dominical, preparándola con devoción y esmero y
procurando que el mayor número de fieles de cada parroquia, reunidos
en comunidad, participen en ella. “Es de desear vivamente que en este
año se haga un especial esfuerzo por redescubrir y vivir plenamente el
Domingo como día del Señor y día de la Iglesia” (MND 23).
b. Es de
desear también que los enfermos y ancianos puedan participar de los
frutos de la Reconciliación y de la Eucaristía por medio del servicio
propio de los sacerdotes, ayudados cuando sea necesario en la
distribución del Cuerpo del Señor en las casas particulares y centros
de atención por los ministros extraordinarios de la Comunión.
c.
Fomentar en las comunidades religiosas y parroquiales la adoración
eucarística fuera de la Misa. Procurar también que los fieles,
atraídos por la presencia real de Jesús en el Sagrario, multipliquen
las visitas al Santísimo Sacramento, adorando y contemplando,
estando junto al Señor para escuchar su voz y dejar que cada corazón
vibre con el suyo.
d.
Restablecer durante el presente año la denominada Adoración
prolongada, que compromete a una comunidad parroquial, a las
comunidades menores que la integran y a sus fieles, durante algunos
días y según la modalidad que sea posible en cada lugar, a la
adoración del Santísimo Sacramento. A esta carta se adjuntan los
turnos establecidos por el Colegio de Consultores y los Decanos para
cada Parroquia, de tal modo que desde el 04 de abril hasta el 30 de
octubre se de una continuidad de la adoración eucarística en la
Diócesis.
e. Que
este año se viva con particular fervor la solemnidad del Cuerpo y
la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, particularmente con la
tradicional procesión allí donde sea posible, como es deseo del Papa
(MND 18).
f. No hay
Eucaristía sin sacerdocio. Un deber de toda la Iglesia diocesana, de
las familias cristianas, de las parroquias, comunidades y asociaciones
de fieles, y de cada uno de los fieles según su condición, será animar
decididamente la pastoral vocacional; orar por las
vocaciones sacerdotales; catequizar ampliamente sobre la
Eucaristía (en particular sobre el valor y deber de la Misa dominical)
y el sacerdocio; acompañar a niños, adolescentes y jóvenes en su
camino de discípulos de Jesús para que puedan acoger con generosidad
el llamado al sacerdocio; conocer y hacer conocer el Seminario
diocesano como el ambiente propio de la formación sacerdotal.
Que la
Santísima Virgen María, Mujer “eucarística” por su plena comunión
Jesús y porque hizo suya la dimensión sacrificial de la obra redentora
de su Hijo consumada en la Cruz y presente en el Santísimo Sacramento
del Altar, nos oriente con su ejemplo y nos ayude con su intercesión
para vivir mejor nuestra espiritualidad centrada en el Misterio de la
Eucaristía.
Con mi
bendición pastoral:
Mons. Luis Armando Collazuol, obispo de Concordia
Dada en Concordia, a los 27 días del mes de febrero de dos mil cinco.
Recomiendo que el contenido de esta Carta Pastoral sea dado a conocer
a todos los fieles antes de la celebración de la Semana Santa en la
que reviviremos los Misterios del Señor en su más honda dimensión
eucarística. |