A los cristianos de la Iglesia Católica en la
Diócesis de Posadas:
Desde hace unos años nos venimos preparando
para el acontecimiento de gracia y de misericordia de Dios que es la celebración del Gran
Jubileo del Año 2.000 del Nacimiento de Jesucristo, que comenzará en la próxima
Nochebuena y se prolongará hasta el 6 de enero del año 2.001.
Si la Navidad es la celebración del amor y de la
salvación de Dios para todos los hombres y mujeres del mundo, esta Navidad conmueve y
alegra muy especialmente a los cristianos y a la humanidad entera.
Celebramos que Jesucristo, el Hijo
de Dios vivo, viene a manifestar el amor de Dios a cada familia –a
nuestra familia–; a cada pueblo –a nuestro pueblo–; a cada hombre y
a cada mujer, a cada uno de nosotros. No importa lo que hayamos sido
antes. Lo importante es lo que podemos llegar a ser, con la ayuda de Dios:
el reflejo de su amor, siendo la sal de la tierra y la luz del mundo.
Celebramos que Dios se hizo hombre y quiso nacer de
una mujer virgen que se llamaba María. Vino a amar y a caminar la tierra que nosotros
pisamos; a trabajar como lo hacemos nosotros: a ayudarnos a vivir como hijos de Dios, para
que participemos de una vida y de una felicidad para siempre. Así nos ama el Dios que
nació en Belén por amor a todos.
Y es Jesucristo quien nos invita a compartir su amor
con nuestra familia y con toda la familia humana, comenzando por quienes están más cerca
de nosotros: vecinos, amigos, parientes, los demás miembros de nuestra comunidad
cristiana, pues Él vino para amarnos a todos. De un modo especial, podemos compartir ese
amor con nuestros hermanos que más sufren o que están más necesitados, predilectos del
Señor.
Por eso queremos compartir nuestra fe, nuestra
alegría y nuestro compromiso con todos, porque "tanto amó Dios al mundo, que
entregó a su Hijo único para que el mundo se salve por Él".
Hace tiempo que en nuestra Iglesia venimos pensando
en la mejor forma de comenzar y de realizar este Gran Jubileo, compartiendo esta alegría
con todos nuestros hermanos. No importa si son cristianos miembros de la Iglesia Católica
o de otras Iglesias y confesiones cristianas. No importa si tienen o no una plena
conciencia de quién es Jesucristo.
Porque lo que nos une con todos los demás
cristianos es algo muy grande: la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios vivo.
Lo que nos une con todos los hombres y mujeres de
buena voluntad es haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.
Y lo que nos une a los que pareciera que no tienen
buena voluntad, es que Jesucristo es el salvador que vino a buscar no a los justos sino a
los pecadores. Es decir, a todos nosotros, sin exceptuar a ninguno.
En los dos ámbitos de la Iglesia
Católica de Misiones –en las Diócesis de Iguazú y de Posadas– hemos
coincidido en comenzar este Año Santo con la "Misión de la Navidad
del Gran Jubileo del Año 2.000".
La fe y el amor se enriquecen cuando la compartimos
con nuestros hermanos. Con este espíritu auténticamente misionero, queremos que todas
las familias de Misiones puedan recibir de los hijos de la Iglesia Católica una sencilla
ofrenda que les haga presente el amor de Dios hacia todos. A través de la Misión de la
Navidad, queremos que cada familia pueda recibir una imagen del Pesebre de Belén, con una
invitación a fortalecer su fe y su amor a través de breves encuentros de oración
familiar. A cada uno de nuestros hermanos podríamos decirle que "tanto amó
Dios al mundo... que también quiere nacer en tu familia".
A partir del primer domingo de Adviento, nuestras
parroquias y demás comunidades cristianas harán llegar a cada hogar de Misiones esta
ofrenda del amor de Dios por nosotros. Lo haremos con la participación y el esfuerzo de
todos, con alegría y generosidad, jóvenes y menos jóvenes, con sol o con lluvia, en las
ciudades, en los pueblos y en las colonias. Lo que nos mueve es el amor a Dios y a
nuestros hermanos.
De todo corazón, deseo agradecer al Señor por la
participación de tantos hermanos y hermanas, verdaderos "voluntarios" de la fe,
que prestarán este hermoso servicio en nuestras comunidades. Estoy seguro que en todas
partes encontraremos corazones abiertos a la alegría y al amor que Jesucristo trae a
nuestras familias en la Navidad del Gran Jubileo del Año 2.000.
En este Año 2.000 tendrá lugar, de
un modo especial, la "fase celebrativa" del Jubileo. Estará
dedicado a la Glorificación de la Trinidad y a la Eucaristía, con una
fuerte dimensión ecuménica y universal. Luego de la Misión de la
Navidad, habrá en nuestra Iglesia diocesana un gran espacio para la
profundización en la fe y en el compromiso cristiano, y buscaremos la
gracia jubilar en los encuentros de nuestras comunidades de fe, que
deseamos llegue a todos nuestros hermanos. En pocos días más, iremos
concretando y preparando estos acontecimientos.
En el ámbito regional del Nordeste
argentino, también recordaremos el centenario de la Coronación de la
Virgen Nuestra Señora de Itatí. Y nos uniremos a los acontecimientos
jubilares de la Iglesia en Argentina.
Al recordar a la Santísima Trinidad, nuestro
querido Papa Juan Pablo II nos hacía notar que en la intimidad de Dios, que es Padre,
Hijo y Espíritu Santo, encontramos "paternidad", "filiación", y un
"amor" muy grande. ¿Acaso no son los componentes fundamentales de toda
familia?, se preguntaba.
Con la Misión de la Navidad, muy unidos a Jesús,
María y José, pedimos la bendición de Dios para todas nuestras familias, para la gran
"familia" humana, y para la hermosa "familia" de hijos de Dios que es
nuestra Iglesia.
Posadas, 27 de noviembre de 1999,
Víspera del Domingo I de Adviento.
Mons. Alfonso Delgado,
obispo de Posadas