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OXÍGENO PARA EL BIEN COMÚN


Invocación religiosa del arzobispo de San Juan, en el 440° aniversario
de la fundación de
la provincia


El recuerdo histórico ayuda a comprendernos y valorarnos con más realismo y a edificar el futuro sobre bases firmes y verdaderas. Un cristiano –además– comprende cómo en la trama de la historia se conjuga la acción de Dios y el libre albedrío de los hombres. En efecto, en todas las épocas podemos edificar un destino fraterno y solidario o extraviarnos en el juego de intereses menos nobles.

Así como un pecador puede llegar a convertirse en una persona virtuosa y un hombre bueno siempre puede aspirar a ser mejor, los pueblos también pueden volver a recomponerse aunque estén, como en nuestro caso, al borde de la disolución nacional. A su lado estará el Dios y Señor de la Historia dispuesto a ayudar y a bendecir, siempre que sus hombres y mujeres se dejen bendecir por Dios. Este es el sentido de nuestra oración.

Este aniversario n° 440 de la Provincia de San Juan nos encuentra "heridos y agobiados", como en el fondo de una oscura y fría quebrada de la zona montañosa. Así como el dolor físico impacta en todo el organismo, nos duelen en el alma los abismos sociales, económicos y políticos a los que hemos llegado como resultado de un silencioso deslizamiento ético y moral. Nos duele la crisis de bien común que afecta a la Nación y a los responsables de sus instituciones. Nos duele nuestra Provincia, hermosa por su gente, por sus paisajes y por sus posibilidades.

En este tiempo descubrimos lágrimas en los ojos al entonar nuestro Himno Nacional Argentino. Son lágrimas de dolor intenso por un país destrozado por intereses partidarios, sectoriales y corporativos; por negocios turbios y corruptos, por la impunidad que paraliza hasta la justicia; por el hambre, la enfermedad y la pobreza en los hogares; por la falta de trabajo y dignidad para hombres y mujeres laboriosos. Hemos desentendido la educación y el saber de nuestros jóvenes. ¿Qué diría un Domingo Faustino Sarmiento, si nos hablara al corazón? ¿Qué expresaría el Gran Capitán de los Andes, que con soldados cuyanos realizó la gesta de libertad en América? Y ¿qué nos diría Jesucristo, Señor de la Historia, por las oportunidades perdidas, por los talentos enterrados, por tantas esperanzas hecha añicos?

Hace unos días, el presidente de un país vecino, seguramente como hombre político que habla de sus colegas de la otra orilla del Plata, dijo cosas muy hirientes. Aunque toda generalización es peligrosa, entre nosotros también se escuchan expresiones similares en la mesa familiar, en los titulares de los diarios o en los cacerolazos en las plazas. No sé si es casualidad, pero el mismo día de esas palabras irrespetuosas, al repasar cosas antiguas de San Juan, leía un ejemplar del diario Tribuna de hace 60 ó 70 años que relataba que la justicia había incautado 1028 objetos, propiedad del estado provincial, en la finca familiar de un alto funcionario. Parecería que la justicia podía funcionar un poco mejor en aquellas épocas. A su vez, esos hechos podrían ser verdad o injuria. No lo sé. Pero llama la atención la coincidencia de los testimonios.

Los caminos torcidos y tortuosos de gran parte de la dirigencia social y política degradan al hombre y destrozan a la sociedad entera. Cualquiera sea nuestra fe religiosa, podríamos recordar aquello de qué le sirve al hombre ganar el mundo si, en definitiva, pierde su alma. Y junto con su alma, su dignidad, su capital social, la grandeza de su historia y el destino eterno.

Nuestra oración de hoy no puede tener otro sentido que pedir ayuda a Dios para ser capaces de reconstruir el país y recuperar la dignidad perdida: "Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común". Esta dignidad perdida toca a todos recuperarla. Los graves problemas del país sólo podrán ser resueltos por argentinos, y los de San Juan, por hombres y mujeres sanjuaninos. En el entramado de la bendición de Dios y el obrar de los hombres juegan un papel preponderante los responsables del bien común y de las instituciones sociales, especialmente los que en este momento histórico ejercen cualquier función pública.

¿Seremos capaces de aportar el necesario oxígeno moral para comenzar a empezar a salir del abismo, o tendremos que esperar pacientemente que vengan "otros"? La dirigencia actual, si se lo propusiera, podría ayudar a recrear un nuevo clima de verdad y de responsabilidad social que pueda levantarnos por encima de los intereses egoístas de los hombres pequeños. Su mayor reivindicación sería convertir el poder político en "poder servir" a la sociedad entera a través de la acción política, sin nuevos engaños ni demagogias. La Política, con "mayúscula", es la forma eminente de caridad social, de amor y de servicio a toda la sociedad. ¿En que la hemos convertido?

Si quisiéramos, este necesario oxígeno ciudadano podría ayudar a enfrentar algunos de los problemas más acuciantes y dolorosos. Esos nuevos aires de responsabilidad y de servicio podrían generar esperanzas ciertas, en reemplazo de las esperanzas mentirosas a la que estamos acostumbrados.

Un nuevo viento de responsabilidad cívica de la dirigencia social y política podría hacer cambiar el "que se vayan todos" por un honesto "legitimar" todos los cargos electivos en las próximas urnas, con reglas de juego claras, sin privilegios ni "listas sábanas", con una verdadera apertura democrática de los partidos políticos, con transparencia en su financiación y con tantas cosas sensatas que anhelan los ciudadanos honestos y sensatos que aman a su Patria. Este es uno de los resultados del "Diálogo argentino"

Nuevos aires éticos harían que la población pueda volver a confiar en sus instituciones, en la administración de justicia y en los compromisos asumidos ante Dios, la Patria o los Evangelios. Los ciudadanos son los verdaderos accionistas de la gran empresa comunitaria que es la Nación o la Provincia. Necesitan poder creer en sus dirigentes y en los organismos de contralor de la función pública, sabiendo que no son engañados por los regentes de turno.

"Porque fuiste fiel en lo poco, yo te daré mucho": te daré todo lo que necesitas. Son las palabras de Jesucristo dirigidas al que por amor hizo rendir sus talentos. No se trata de hacer lo imposible, sino de hacer todo lo que podemos en circunstancias como nunca conoció la historia argentina. Hacer bien todo lo que podemos ya es bastante en el momento actual. Si tuviéramos la convicción y el coraje para ello, seríamos los próceres anónimos del tiempo presente. Pero no desconocidos para Dios y para muchos hermanos nuestros necesitados del servicio honesto y capaz de nuestra responsabilidad y de nuestros talentos.

Transcribo las palabras recientes de un líder mundial que quiere mucho a nuestro país y que en su momento empeñó su autoridad para ayudarnos a encontrar la paz y para estar cerca del pueblo argentino en otros momentos difíciles de su historia: Juan Pablo II. Hace pocos meses nos hablaba así: "Sólo una nueva propuesta de los valores morales fundamentales, como son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien común, la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la cultura del trabajo, en una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado fértil y fecunda, puede asegurar el desarrollo integral para todos los miembros de la comunidad nacional".

Pidamos la ayuda de Dios rezando la oración por la Patria.


San Juan, 13 de junio de 2002.

Mons. Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan



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