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JESÚS DE NAZARET
Mensaje de Navidad del Arzobispo de San Juan de Cuyo,
Mons. Alfonso Delgado (año
2002)
Estamos en Navidad, conmemorando el nacimiento de Jesucristo. Él es
verdadero Dios y, al mismo tiempo, verdadero hombre. Su venida nos
ayuda a mirar nuestra existencia con ojos de eternidad, pero con los
pies muy bien puestos sobre la tierra. El redentor del mundo nació de
una madre como la nuestra, llamada María, y como nosotros creció y
vivió en el seno de una familia. Tanto se identificó Jesús con su
pueblo que se dejó llamar “Jesús de Nazaret”. Era el hombre trabajador
y servicial, el buen vecino y el buen ciudadano de su tierra. Y era
Dios. Así se inició la redención de la humanidad. La vida sencilla de
Jesús, tan semejante a la nuestra, es el pedestal para el anuncio del
Evangelio y la salvación de la humanidad.
Lo
importante de cada Navidad no es la fiesta que organizamos los
hombres. La Navidad comienza por el encuentro con el Hijo de Dios vivo
en su paso por la tierra. Al nacer Jesús en Belén, estaba ausente lo
que nosotros llamaríamos “necesario” o “imprescindible”. Allí no había
nada, pero todo se suplía con un amor inmenso. Estaba lo más
importante: estaba Jesús. Quien tiene a Dios en su vida comprende el
valor profundo de todas las cosas y de todas las situaciones por las
que podamos pasar, y de allí saca aliento para superarlas.
En la
sencillez del hogar de Nazaret valoramos el evangelio de la vida, tan
amenazada en estos tiempos, y el evangelio de la familia, transmisora
del amor y de la fe. Allí también se anuncia el evangelio del trabajo
cotidiano y humilde, que a veces desdeñamos. Se nos transmite el
evangelio de la verdad, de la honradez, del servicio solidario, del
amor a los hermanos, especialmente hacia los que más sufren y más nos
necesitan. Esta cercanía de Dios nos llena de alegría y es el
verdadero motivo de la fiesta de la Navidad. Aunque sólo podamos
brindar con un vaso de agua.
Los
cristianos y los hombres y mujeres de buena voluntad podemos asomarnos
al Evangelio y aprender mucho de Jesús. Podemos sentirnos muy cerca de
él, con la cercanía y la fuerza de la oración. Como buenos discípulos,
podemos contagiar el ejemplo de su vida y de sus enseñanzas a nuestros
hermanos. Con las pupilas dilatadas por el amor de Dios podemos abrir
mejor los ojos del corazón para descubrir las necesidades de tantos
hermanos. Todos podemos ser mejores samaritanos en estos días y a lo
largo de toda la vida.
La vida
de Cristo también proyecta una fuerte luz sobre nuestra realidad
social. La triste situación de su patria arrancó lágrimas a Jesús. A
nosotros, los cristianos argentinos, también nos duele la Argentina.
Pero Dios, que nos habla desde sus maravillas, también nos habla desde
nuestros fracasos y nos exhorta a volvernos a él y convertirnos desde
lo más profundo de nuestro corazón.
El
ejemplo de Jesús en Nazaret nos debe alentar a promover el amor al
trabajo y el espíritu de sacrificio, con creatividad y empeño
perseverante. Por el bien de nuestra Patria y para ayudar a superar el
clima de corrupción y de mentira, necesitamos volver a la verdad e
impulsar el sentido de justicia, el respeto por la ley y la fidelidad
a la palabra dada. Y frente a la escandalosa fragmentación social,
especialmente en la dirigencia política, necesitamos promover la
reconciliación, el diálogo y la amistad social. Sólo buenos
ciudadanos, que obren con inteligencia, amor y responsabilidad, pueden
edificar una sociedad y un Estado más justos y solidarios, donde el
objetivo sea el bien común de todos. Esto es parte importante del
mensaje de la Navidad.
Como
Obispo de la Iglesia Católica en San Juan quisiera hacer llegar a toda
la comunidad sanjuanina mis mejores felicitaciones en esta santa
Navidad. Quisiera alentarles a que sepan encontrar el verdadero rostro
de Jesús en Belén y en Nazaret, y así iluminar con su ejemplo sencillo
la vida de nuestras familias y los ámbitos donde ejercemos nuestras
responsabilidades laborales y ciudadanas. Siguiendo de cerca a
Jesucristo, estas Navidades pueden ser las mejores de toda la vida.
Entonces, ¡feliz Navidad y que Dios los bendiga a todos!
Mons. Alfonso Delgado,
obispo de
San Juan de Cuyo |