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EL ARZOBISPO DE SAN JUAN OPINA SOBRE LAS PROPUESTAS PARA LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


Declaraciones de Mons. Alfonso Delgado en diversos medios de prensa,
a propósito de la reciente propuesta del Poder Ejecutivo


Las convicciones religiosas de un miembro de la Corte Suprema son irrelevantes. Lo importante es que sea una persona fuertemente comprometida con la justicia y con la defensa de los derechos humanos, no con algunos sino con todos.

El primer derecho humano es el derecho a la vida. Si no se respetara el derecho más importante del hombre, también perderían su consistencia todos los demás. ¿De qué sirve proclamar, con eufemismo, el compromiso con la dignidad humana y al mismo tiempo afirmar que no se respeta el primero de los derechos humanos, el que da fundamento a todos los demás?

En una época triste del país en que fueron segadas muchas vidas y muchas más perdieron su libertad, el estado lanzó una campaña afirmando que los argentinos éramos “derechos y humanos”. La ocasión fue el Mundial de fútbol de 1978. A pesar del slogan, continuaba la violación del derecho a la vida y de los otros derechos humanos. No podemos retroceder hacia esos tiempos nefastos, donde se proclamaba una cosa e impunemente se hacía lo contrario. Tampoco por la vía del aborto.

La ciencia muestra que el nuevo ser engendrado en el seno materno ya posee un documento de identidad genético propio, que es el ADN, distinto del que posee la madre. Este nuevo ser ya es sujeto de derechos, pudiendo llegar hasta a heredar. La eliminación de este ser con pocos días o con pocos meses de vida o en función de su tamaño o de otras consideraciones similares, no deja de ser un crimen contra la vida. Es un crimen de mayor gravedad que otros, porque se trata de la muerte de la persona más indefensa de todas.

Si en Argentina no existe la pena de muerte, ¿por qué la vamos a imponer para los seres más inocentes, aquellos que no han cometido delito alguno? ¿Por qué les vamos a quitar el derecho a la vida a los niños que están creciendo en el seno materno?

Un fuerte compromiso con la justicia implica el respeto del derecho que rige en el país. En Argentina existen normas en el propio cuerpo de la Constitución que protegen y defienden la vida humana desde el embarazo. Además, tienen rango constitucional el Pacto de San José de Costa Rica y la Convención de los Derechos del Niño, en la que Argentina tiene una propia declaración interpretativa confirmando los derechos inalienables del niño desde el momento de su concepción.

Estos argumentos bastarían para explicar por qué la Iglesia Católica se refiere al aborto como a un “crimen horrendo”. Además, tiene muy presente el mandamiento de no matar, válido para todos, independientemente del credo religioso.

El siglo XX fue el siglo de los grandes genocidios: tuvimos el holocausto judío, los crímenes de Stalin, el exterminio de gran parte del pueblo armenio, las guerras en África, y la famosa doctrina de la seguridad nacional, entre otros. Esperemos que en el siglo XXI Argentina no incorpore, por vía legislativa o judicial, el genocidio de los niños por nacer.

A la luz de estos hechos, sería difícil de entender que un gobierno que, gracias a Dios,  hace bandera de la defensa irrestricta de los derechos humanos, mantenga ante el Senado una nominación que ha expresado su oposición al derecho humano más elemental de todos los derechos: el derecho a la vida.


Mons. Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan



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