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CARTA A LOS CATEQUISTAS DE CUYO
Carta de monseñor
Alfonso Delgado, arzobispo de de San Juan de Cuyo a los Catequistas
(21
de agosto de 2005)
Queridos catequistas de la Iglesia
en nuestra Región de Cuyo
Como Obispo de la
Iglesia en San Juan y responsable de acompañar el área de Catequesis
en nuestra Región Pastoral de Cuyo, les hago llegar esta carta para
saludarlos y felicitarlos en el Día del Catequista, en recuerdo de un
gran catequista: el Papa San Pío X.
El día de hoy, los
catequistas de Cuyo estamos reunidos en nuestras Diócesis: Mendoza,
San Rafael, San Luis, La Rioja y San Juan. Celebramos nuestro día en
forma simultánea, y muy unidos a todos los catequistas de Argentina
que de un modo u otro celebramos el Encuentro Catequístico Nacional.
Los Obispos de Cuyo nos unirnos en acción de gracias al buen Dios por
todos Ustedes y por la hermosa tarea que les ha encomendado el Señor.
No faltan
dificultades en el camino de la educación en la fe, que las vemos como
desafíos para que podamos dar una respuesta iluminada desde el
Evangelio, con la ayuda del Espíritu de Verdad.
La vocación del
catequista es una llamada de Dios que nos invita a conformar nuestra
vida con la del mismo Señor Jesucristo. Él nos ha llamado por nuestro
Nombre, nos ha convocado a estar junto a Él, nos ha alentado a educar
en la fe a nuestros hermanos y a acompañarlos durante su crecimiento
como cristianos.
La vocación y la
misión del catequista es la hermosa tarea que nos santifica y nos
llena de alegría. Cuántos catequistas trabajan sin cesar por cumplir
fielmente con su misión. Cuántos han gastado su vida y ofrecido
silenciosamente hasta sus propios sufrimientos y pesares por la
catequesis. Cuántos sirven a la Iglesia en los rincones más lejanos,
humildes y pobres de nuestras comunidades parroquiales. Cuántos se
esfuerzan por actualizar sus conocimientos porque sienten la necesidad
urgente de responder mejor a las nuevas situaciones culturales que se
nos presentan. Cuántos buscan en la oración y en la Eucaristía la
fuente de gracia que renueva sus vidas y los alienta a identificarse
cada vez más con Jesucristo... A todos los catequistas que desde sus
propios lugares hacen de su vida un servicio y una respuesta al amor
de Dios, los alentamos a descubrir la hermosa vocación que han
recibido y a continuar trabajando por amor a Jesucristo, a su Iglesia
y a nuestros hermanos.
Los discípulos de
Emaús reconocieron a Jesucristo sentados a la mesa en la fracción del
pan. Que también nosotros lo descubramos vivo y presente en la
Eucaristía.
Los discípulos de
Emaús sintieron arder sus corazones cuando les hablaba por el camino.
Que también nosotros hagamos de la meditación de la Palabra de Dios
una experiencia cotidiana que nos ilumina y transforma.
Los discípulos de
Emaús se llenaron de alegría al ver al Señor resucitado. Que también
nosotros no perdamos la alegría que brota de esa convicción profunda
de creer en la presencia amorosa, viva y real de Jesucristo en medio
de nosotros.
Los discípulos de
Emaús salieron corriendo a anunciar a sus hermanos lo que habían visto
y oído. Que también nosotros no nos cansemos de recorrer nuestros
ambientes anunciando convencidos que Jesucristo es el único salvador
del mundo.
Queridos
catequistas: que la experiencia vivida por estos discípulos nos
contagie también a nosotros en cada celebración de la Santa Misa. Que
realmente sea el centro de nuestras vidas. Que siempre participemos
con el deseo profundo de ser alimentados por su Palabra y por la
Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Que sea la fuente
inagotable de gracia y de amor donde descubramos el misterio de
nuestra vocación y la fuerza para cumplir fielmente con nuestra
misión. Quiera Dios, que produzca siempre en nuestros corazones lo que
sucedió en aquél tiempo con estos dos discípulos.
Que María, mujer
del silencio y de la escucha, mujer eucarística y gran catequista, nos
ayude a vivir con alegría nuestra vocación.
“¡Jesús es el
Señor! Con alegría lo anunciamos”
¡Feliz día del catequista!
En nombre de los Obispos de las Diócesis de Cuyo los bendice y los
saluda,
Mons. Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo |