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2006 AÑO DE LA FAMILIA
SAN JUAN LA QUIERE Y LA VALORA
SAN JUAN LA NECESITA
Mensaje de monseñor Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo,
(19
de diciembre
de
2005)
Queridos cristianos,
queridos amigos,
queridas familias de San Juan
En
cada Navidad nos sorprende la audacia y el amor de Dios por los
hombres, que “tanto amó Dios al mundo y nos entregó a su Hijo
Jesucristo”. También nos vuelve a asombrar el hecho de contemplar en
el humilde Pesebre de Belén el modo en que quiso hacerse “uno de los
nuestros”, igual a nosotros en todo menos en el pecado.
En
Belén encontramos a María, la madre del niño recién nacido llamado
Jesús, que es el Emmanuel, el “Dios con nosotros”. María sabrá
acompañar la vida de Jesús sin rebelarse siquiera ante el dolor humano
de ver a su hijo en la Cruz. Como vemos, Jesús nace en una familia de
la tierra, con sencillez y humildad, sin pompas ni grandezas. Aunque
fue concebido por obra del Espíritu Santo, Dios le regala un padre en
la tierra. Es un hombre fuerte y trabajador llamado José. Su
paternidad espiritual es tan honda que supera a la misma paternidad de
la carne.
En esa
familia de Nazaret crece Jesús, el Hijo de Dios vivo. En ese hogar se
instruye, al igual que los niños de su tiempo. Allí aprende a utilizar
las herramientas de trabajo con los que se ganará la vida. En ese
lugar, Jesús será el buen hijo, el buen vecino, el buen amigo, el buen
ciudadano de su pueblo y de su patria. Al venir Dios a la tierra,
elige “el camino de la familia”, con sus alegrías y dolores, con la
entrega tierna y generosa de todos, con los lazos fuertes del amor
humano.
Todos
los hombres necesitamos del bien precioso de la familia para que
nuestra vida y nuestra sociedad tengan un rostro humano. La familia,
fundada en el amor de un hombre y una mujer, lleva consigo como una
impronta de eternidad y de amor para siempre. La familia es el mayor
“bien común” de toda una sociedad donde se valora plenamente la
dignidad humana.
Jesús
también quiso dejarnos “su familia”, la gran familia de los hijos de
Dios que es la Iglesia, compuesta por hombres y mujeres de todas las
razas y naciones, por santos y pecadores, a los que Dios invita a
llegar un día a formar parte de la gran familia celestial ayudándonos
a construir día a día nuestra familia humana en el amor y en el
servicio.
El año
2006 tiene un centro de interés familiar, pues tendrá lugar el V°
Encuentro Mundial de la Familia. Esta vez será en un país de habla
hispana: España, en la ciudad de Valencia.
Contemplando nuestra propia realidad, muchos de ustedes se han
entusiasmado pensando en que el Año 2006 pueda ser también en San Juan
el “Año de la Familia”, que nos ayude valorarla más, a re-descubrir
los proyectos del amor de Dios para nosotros. Así surgió esta
iniciativa, que queremos compartir y proponer a todas las familias
sanjuaninas.
Gran
parte de la dignidad de una persona radica en poder nacer, crecer,
alimentarnos, reponer energías, compartir efectos e ilusiones e
incluso morir en el seno de una familia. Por eso valoramos la grandeza
del amor humano del cual, como fruto precioso, surge el don de una
nueva vida, que hay que proteger y acompañar desde el inicio de su
gestación en el clima sagrado del amor del hogar.
Asimismo, los cristianos somos conscientes del valor del “sacramento
grande” del Matrimonio, cauce de la gracia y de la ayuda de Dios para
llevar a la plenitud de la santidad la riqueza del amor humano.
También valoramos a los hijos como un regalo maravilloso de Dios, que
siempre necesitarán del amor de unos padres y del clima de cariño y
afecto y del ejemplo sencillo y coherente que ellos saben forjar. Allí
nacen, crecen y maduran como hijos de Dios y como buenos artífices de
la sociedad.
Como
bien sabemos, este panorama se ve oscurecido muchas veces por las
amenazas y los dolores que sufren muchas de familias. A veces, es el
tormento de la violencia familiar, que lastima especialmente a la
esposa y a los hijos. Otras, es el desamor de un amor débil y a
medias, (algunos le llaman amor “light”), superficial y sin
compromiso, sin raíces para edificar y sustentar la felicidad del
hogar y de un proyecto de vida común donde la entrega mutua y a los
hijos estén en primer lugar. También afectan a nuestras familias los
tristes “caminos torcidos” a los que invita la frívola cultura
mediática dominante, con sus falsos ídolos. También le perjudican las
legislaciones y disposiciones anti-familia, cada vez más en boga. En
este contexto, se sufre la incapacidad de perdonar o de pedir perdón,
que impide cerrar heridas y volver al sendero de la fidelidad y del
amor. Casi siempre hemos dejado de lado al Dios del amor, de la
misericordia y del perdón.
También lastima a la familia la falta de trabajo y de recursos para
llevar dignamente el pan a la mesa familiar, la falta de salud, la
inseguridad y la desatención de los ancianos. Igualmente compartimos
el dolor de las familias incompletas, desunidas o ausentes. Y sufrimos
ante los niños huérfanos de padres vivos, porque han abandonado su
hogar o porque no dedican su tiempo, paciencia y esfuerzo a la
construcción de un hogar donde reine la paz y la afectuosa contención.
El Año
de la Familia puede ser un año para crecer y madurar en el amor en la
propia familia, para quererse más, con más afecto y cariño, con más
fidelidad y entrega mutua, para saber perdonar y valorarse, para
crecer en la alegría y en el gozo de un hogar bendecido por Dios.
También es un momento propicio para que cada familia sepa abrir los
ojos a tantas otras familias que necesitan ayuda, aliento,
comprensión, acompañamiento. Quizá sea el momento de colaborar más y
mejor con las instituciones de la sociedad, públicas y privadas, que
de tantas formas prestan su ayuda a las familias, a niños y jóvenes, a
las madres solteras, a los enfermos y a los ancianos. Los responsables
de las instituciones de la sociedad seguramente sabrán potenciar su
servicio a la familia sanjuanina, base de la grandeza, del desarrollo
y del bienestar de la Provincia.
La
Iglesia Católica también necesita seguir profundizando su aporte al
bien de toda familia humana, haciendo que el centro de su esfuerzo
pastoral esté siempre al servicio de la familia: en las parroquias e
instituciones educativas, en las instituciones y movimientos
apostólicos, en el ministerio pastoral de sacerdotes y diáconos, en el
esfuerzo generoso de los catequistas, en el aporte de las queridas
religiosas, en los centros de formación, y en cada bautizado que
valore y engrandezca su familia a ejemplo de la familia de Nazaret.
Queridas familias, queridos cristianos y queridos amigos: el Dios de
la vida bendice a cada familia de la tierra. Muchas veces lo hace a
través nuestro, convirtiéndonos cada uno en “bendición de Dios” para
los demás. Así sucede en nuestro propio hogar y en tantos otros
hogares. Así ocurre con la familia que es la Iglesia de Dios y la
familia social en que vivimos, crecemos y servimos.
Que el
Dios los bendiga a todos con el gran amor que se manifiesta en el
sencillo Pesebre de Belén y nos entusiasme con un Año 2006 pleno de
servicio hacia todas las familias de San Juan. Así les desea, de todo
corazón,
Mons.
Alfonso Delgado,
arzobispo de San Juan
San Juan, 19 de
diciembre
de 2005.
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