Documentos  
 

AÑO EUCARÍSTICO


Carta pastoral de monseñor Luis Eichhorn sobre el Año Eucarístico

7 de abril de 2004


A los sacerdotes, a los Ministros Extraordinarios de la Eucaristía, a los agentes de pastoral y fieles cristianos de la diócesis de Gualeguaychú



I. 2004, AÑO EUCARÍSTICO


La próxima celebración del X° Congreso Eucarístico Nacional nos lleva a considerar el año 2004 como "un año eucarístico". Debemos tomar conciencia de lo que significa: es un acontecimiento nacional, una celebración de la Iglesia en Argentina: un tiempo espiritualmente trascendente, un tiempo de gracia para todos los argentinos, un tiempo de conversión y de asumir compromisos; que el CEN sea "el acontecimiento de gracia que nos devuelva a Jesús como autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano " (Oración por el CEN).

¿Será para nosotros un evento mas? Dependerá de nosotros que no lo sea, sino que este año marque profundamente y deje huellas en nuestra vida cristiana, en nuestras comunidades, en nuestra pastoral ordinaria. (Que sea un año de conversión!

El año eucarístico nos invita a una renovación a fondo. Si miramos el Documento para la preparación "Denles ustedes de corner", vemos que se intenta una renovación en el espíritu de comunión, en la reconciliación y el amor fraterno, en la solidaridad y en el espíritu misionero. Esto va más allá de un simple evento, de un encuentro celebrativo. Busca una profundización en temas que tocan lo más íntimo de nuestra vida interior yeclesial.

"La Eucaristía hace la Iglesia... " es el tema de la Carta Encíclica que S. S. Juan Pablo II nos entregó el año pasado. Indica no sólo la centralidad que tiene la Eucaristía en la vida de nuestras comunidades, sino que ellas mismas son edificadas, construidas desde la Eucaristía. La Iglesia es comunión de todos los hombres con el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo: tiene, pues, en la Eucaristía su fuente misma de comunión. La Eucaristía es comunión con el Cuerpo de Cristo y la Iglesia es la comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre si: es el Cuerpo Místico de Cristo.

Mas aún: la Eucaristía es fuente y culmen de toda la actividad de la Iglesia (Sacrosanctum Concilium 10). Fuente: de donde todo mana; culmen: donde todo llega a su plenitud. Podemos decir que nada se hace sin la Eucaristía y nada termina sin ella. Toda la vida, la actividad, la espiritualidad, la misión de nuestras comunidades beben en la Eucaristía su fuerza y vitalidad. Si queremos que nuestras comunidades cristianas (parroquias, colegios, etc.) sean verdaderas comunidades donde se viva el espíritu de unidad, tenemos que poner en el centro de su vida la Eucaristía. ¿No se nos pide en los documentos pastorales de la Iglesia en Argentina una profunda conversión y renovación de nuestras comunidades parroquiales? (Cf. LNPE 43-44; NMA 72). De la Eucaristía vivida y celebrada con fervor surge una comunidad viva y misionera."

El Santo Padre nos habla de la urgencia de encarnar una espiritualidad de comunión: toda comunidad debe ser comunidad orante y eucarística; debe alimentar la comunión en la Eucaristía. Esta será fuente de vida, amor y comunión. Pero comunión que no quede ensimismada sino que se convierta en testimonio vivo de la presencia de Cristo Resucitado, y en compromiso fraterno, solidario y misionero. Debemos dar un testimonio de fraternidad, de amor recíproco; esto hará incluso que nos aceptemos, asumamos y ayudemos mutuamente: en nuestra comunidad diocesana y en las demás comunidades que conforman la diócesis.

Hoy, nosotros los sacerdotes, celebramos nuestro día y renovaremos en la Misa Crismal nuestro compromiso sacerdotal; no debe ser una celebración meramente formal, en la que damos por supuesta nuestra comunión presbiteral. Significa para nosotros mucho más: un abrir el corazón al hermano sacerdote, atenderlo y quererlo como hermano verdadero, como un don para mi, un regalo de Dios, alguien que me pertenece (Cf. NMI 43), una disponibilidad para el diálogo, para entendemos, acercamos y compartir criterios, respetándonos en nuestra manera de ser y de vivir, aceptando las diferencias, que no deben separarnos sino enriquecemos. Si queremos que nuestra Iglesia diocesana y nuestras parroquias, como pide el Santo Padre, sean "casas y escuelas de comunión "(Cf. lb.), es evidente que debemos empezar por nosotros mismos Por nuestro presbiterio. Y desde esta vivencia de comunión, ayudar a nuestras comunidades, a nuestros fieles laicos, a vivir este espíritu de unidad. Esto significa comunión fraterna, amor mutuo dentro de la diversidad; respeto por los diversos carismas y ministerios, fidelidad a la misión. "Una parroquia unida, en la que se respeta la diversidad de los ministerios y de los carismas, muestra un rostro de familia acogedora, animada únicamente por el deseo de anunciar y testimoniar el Evangelio " (Juan Pablo II, 29/03/2004).

Para que esto sea posible y no una mera utopía, es necesario que la Eucaristía sea el centro de la comunidad cristiana. Pero una Eucaristía que yo llamaría "sincera": con una participación activa, consciente y fructuosa, como pide el Vaticano II (S.C. II). Esto supone un esfuerzo espiritual y ascético para nosotros, y una constante prédica, enseñanza y catequesis a nuestro pueblo.

De la Eucaristía mana un estilo de vida y un compromiso solidario con el mundo; no es una celebración intimista, replegada hacia el interior de una comunidad, sino que mira hacia el mundo al que debemos anunciar lo que celebramos, con nuestro testimonio y con nuestra palabra. Este estilo de vida será el de una caridad fraterna activa y efectiva, que hará de nuestras vidas un verdadero ofertorio. Así como en la Eucaristía ofrecemos y compartimos, así en nuestra vida en el mundo nos donamos en el amor fraterno, compartimos en la comunión de bienes espirituales y materiales (que es la dimensión profunda del Plan Compartir, el cual debemos promover y afianzar) y nos comprometemos en acciones solidarias para construir una sociedad más justa, más fraterna, más unida, donde todos se encuentren acogidos, reconocidos, respetados, ayudados: ."Te pedimos, Padre, que Jesús Sacramentado aliente nuestro fraterno gesto de partir el pan y nos otorgue tu paz " (Or.).

La Eucaristía forma ciudadanos cristianos, verdaderamente comprometidos en la transformación del mundo desde los valores evangélicos: "Que tu Hijo y Salvador nuestro genere hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria. Que haga posible la reconciliación en nuestra sociedad, herida por la división y el desencuentro. Que establezca la auténtica solidaridad con quienes están más heridos a causa de la injusticia y de la pobreza " (Or.).

La Eucaristía nos impulsa también a compartir a Cristo con todos, a dar un testimonio vivo y auténtico de El. Nace de ahí la acción misionera de la Iglesia.

Testimoniar a Jesucristo vivo, y anunciar su Evangelio; la gran tarea a la que estamos llamados hoy, desde Navega Mar Adentro, que busca "alentar y sostener una más orgánica y vigorosa acción evangelizadora " (NMA l). La comunidad misionera tiene origen en la misma Eucaristía y en la acción del Espíritu Santo que nos impulsa a asumir la Nueva Evangelización como un desafió permanente en nuestras comunidades:  "Con su organismos e instituciones, (la parroquia)  ha de asumir decididamente un estado permanente de misión " (NMA 72).

Otro tema que hemos de tener presente a lo largo de este año eucarístico es el de la familia. Hemos iniciado en nuestra Diócesis un itinerario para la Pastoral Familiar, como prioridad, buscando con esta actividad lograr una verdadera pastoral orgánica. Por la celebración del Congreso Eucarístico, con todo lo que implica, no debemos dejar de lado este ámbito pastoral tan necesario y urgente que es la familia, sino que tenemos que integrarlo en la celebración y diversas actividades que nos proponemos.

La familia es uno de los valores más apreciados en la Argentina: "Que su presencia eucarística fuera el alimento de los valores que nos identifican como pueblo " (Or.).

La familia es una “pequeña Iglesia doméstica”; así como la Eucaristía hace la Iglesia, podemos decir con toda propiedad que la Eucaristía hace la familia. La familia es comunión de amor al servicio de la vida, que por el sacramento del matrimonio se convierte en comunión en Cristo, que se hace presente en la intimidad del bogar, en el amor que une a los miembros de la familia, en la fecundidad de la unión conyugal. Nuestras familias se hacen y se fortalecen en la Eucaristía; en ella renuevan el amor y la comunión y así son verdaderas "casas y escuelas de comunión ". Asimismo nuestras celebraciones eucarísticas, sobre todo el día Domingo, se enriquecen con la participación de las familias: se manifiesta más plenamente el sentido comunitario de la celebración. Las parroquias deben ser desde la Eucaristía verdaderas comunidades de fe y de amor, comunidades orantes de familias que celebran y alaban al Señor en la Misa dominical, renovando así la Alianza que los une en la comunión con Dios y entre ellos.



II. ¿QUÉ HAREMOS EN CONCRETO DURANTE ESTE AÑO EUCARÍSTICO?


Como ya lo dijimos, no quedar en simples eventos, sino desarrollar procesos pastorales que enriquezcan nuestra vida y pastoral ordinaria de aquí en más.


1. Es un año  que debemos aprovechar para la catequesis, la formación, la profundización en el misterio eucarístico. Desde el documento "Denles ustedes de corner" y la Encíclica "Ecclesia de Eucharistía" podemos desarrollar hermosas catequesis, homilías, charlas, cursos para nuestros fieles. Tenemos un quehacer docente, un deber pedagógico que es inherente a nuestro ministerio y no debemos menospreciar. Esto lo haremos durante este año oportuna e inoportunamente" y lo continuaremos como una praxis pastoral ordinaria: siempre tenemos que volver, una y otra vez, a recordar a nuestra feligresía lo que celebramos y cómo lo debemos celebrar. El Pueblo de Dios debe crecer en una fuerte conciencia eucarística. De vez en cuando, se puede hacer una "Misa explicada", para brindar a nuestros fieles la oportunidad de comprender mejor la celebración. Recordemos que el ideal es la "participación activa, conciente y fructuosa"(SCII).


2. De nada serviría esta preocupación catequística si no estuviera acompañada por una renovación litúrgica adecuada. Debemos revisar nuestras celebraciones, nuestras maneras de presidir y participar, la preparación de las homilías, nuestros lugares litúrgicos, los equipos de amplificación, los monitores o guías y sus guiones, nuestros cantos y su acompañamiento musical, el esmero en la preparación de las lecturas, el cuidado con que tratamos las especies eucarísticas, el desarrollo de los diversos ministerios ejercidos con dignidad, etc.

Hay cosas que son importantes y que a veces olvidamos: la preparación inmediata mediante el  ayuno eucarístico, o que los fieles tengan las disposiciones adecuadas para comulgar, etc.  A propósito, creo conveniente recordar lo que dice Juan Pablo II: "La Eucaristía y la Penitencia son dos sacramentos estrechamente vinculados entre si... Así pues, si el cristiano tiene conciencia de un pecado grave está obligado a seguir el itinerario penitencial, mediante el sacramento de la Reconciliación, para acercarse a la plena participación en el sacrificio eucarístico ". Estas son pequeñas o grandes cosas, que hacen a la correcta valorización de la Eucaristía. Nuestras celebraciones no deben estar improvisadas, no deben prestarse a manifestaciones fuera de lugar ni a personalismos exagerados; debemos saber apreciar y utilizar la riqueza de nuestro Misal Romano. No añadamos ni quitemos nada, no intentemos reformar los textos: solemos deformarlos. Sobre el respeto a las normas litúrgicas nos ha exhortado últimamente el Santo Padre, en varias oportunidades: no debe caer en saco roto este magisterio. ¡Tomar conciencia de lo que celebramos y de cómo lo celebramos!


3. La Eucaristía nos invita también a la oración. a la contemplación de este misterio, a la adoración. La comunidad eucarística es una comunidad orante. De ahí la necesidad de fomentar la oración litúrgica, los grupos de oración, y especialmente la adoración eucarística. Una buena meta que quiero proponer: instaurar un día por semana de adoración continua al Santísimo Sacramento; podría ser el día jueves. ¿No sería un hermoso signo de fe y de amor a Jesús el hecho de que toda la Diócesis esté ese día en oración? Recordemos lo que dice un autor: "Podemos afirmar que sin la oración común, la comunidad de fe languidece. Y es que la ausencia de oración comunitaria va debilitando día a día dicha comunidad. Porque la oración fortalece la comunión de hermanos y los abre constantemente a su misión,  siendo así uno de los pilares de crecimiento de la comunidad y estímulo para su misión evangelizadora. La comunidad ha de ser reflejo de la comunidad divina, la Santísima Trinidad, y con ella debe permanecer unida en la oración " (Lázaro Albar: Parroquia, comunidad orante. CPL).


4. Un momento que debemos aprovechar este año es la fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Tanto la celebración de la Misa como la Procesión deberán ser aprovechadas para que sean un momento fuerte del año eucarístico. Deberemos esmeramos mucho en su preparación, promoción, celebración misma. Sería bueno hacer una Novena que ayude a los fieles a participar en esta fiesta.


5. Una atención especial deberemos tener para con los Ministros Extraordinarios de la Eucaristía. Deben ser los primeros en asumir todas estas indicaciones, y ser los promotores de la espiritualidad eucarística en la comunidad, así como los que animen a la participación en el Congreso Eucarístico en Corrientes. En cuanto a los peregrinos, que no serán muchos por el cupo que nos corresponde, habrá que elegirlos bien y que asuman el rol de delegados de la comunidad; la parroquia podrá ayudarlos económicamente y se deberá prepararlos bien, hacer un envió por parte de la comunidad, darles luego la bienvenida y pedirles su testimonio sobre lo vivido en el Congreso. Que no sea una participación meramente individual o sólo de los que puedan por su solvencia económica, sino que sea la comunidad quien los delega y acompaña con su oración.


6. Durante los días de celebración del  Congreso Eucarístico, en nuestras comunidades deberemos resaltar el hecho y hacer participar espiritualmente a nuestros fieles en este evento. Para ello podemos hacer una celebración especial de la Eucaristía, dedicar las homilías para referirse al tema, puede haber momentos especiales de oración y reflexión, puede hacerse una adoración continua al Santísimo Sacramento durante los días del Congreso, etc. Hay en esto mucho espacio para la creatividad del Párroco con su Consejo Pastoral. No olvidemos que. se podrá celebrar también en las otras comunidades: escuelas, colegios, hospitales, geriátricos, etc.


7. Con respecto a la Misa diaria, entre semana, es bueno promover la participación de los fieles en ella. Para esto es necesario evitar caer en la rutina celebrativa, y tener la creatividad necesaria para favorecer la participación activa. Puede aprovecharse para una catequesis con las lecturas continuadas del tiempo durante el año, oración de los fieles por intenciones particulares de la comunidad, utilización de distintas Plegarias Eucarísticas, resaltar la celebración de las memorias de los santos, dedicar días especiales a grupos o instituciones, etc.


8. A modo de síntesis, lo que debemos hacer es un replanto de nuestra praxis eucarística, de nuestra pastoral en torno a este misterio. Me parece importante no menospreciar la celebración de la Misa: tener cuidado con los lugares donde se celebra y los motivos para ello; no siempre los actos públicos son momentos apropiados para la celebración. ¡No puede ser un número más entre los actos que se hacen! Además, creo que debemos tener cuidado de no hacer las cosas a las apuradas, ni caer en "maratones eucarísticas" que terminan abrumándonos y matando nuestro fervor y piedad. Otro punto es nuestra celebración de la Misa diaria: a veces, por motivos muy mezquinos o pobres la dejamos, incluso en nuestros días de descanso o vacaciones. ¿No son momentos propicios para hacerlo  de  manera  pausada,  con  mas  reflexión  e  interioridad?  ¿Es verdaderamente la Eucaristía el centro de nuestro ministerio sacerdotal? Nuestra manera de celebrar, nuestras actitudes, gestos, palabras, nuestros nervios, expresan a veces mucho más de lo que suponemos: nuestros fieles captan si verdaderamente estamos haciendo un acto de fe y de amor a Jesús y su fe se ve fortalecida o disminuida por esto.

Espero que este año eucarístico sea para toda nuestra Iglesia Particular un verdadero año de gracia. Pongo en manos de María, nuestra Señora del Rosario, todas estas inquietudes y propuestas; ella nos va a ayudar a llevarlas adelante, y sobre todo a crecer en el amor a Jesús Eucaristía. Ella vivió paso a paso toda la vida de Jesús, su pasión, muerte y resurrección  y es hoy nuestra madre y maestra en el compartir con El: ¡que vivamos nuestra comunión en Jesús como ella la vive!.


San José de Gualeguaychú, 7 de abril de 2004.

Mons. Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Gualeguaychú



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.