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SIGNIFICADO DE LOS VOTOS DE CONSAGRACIÓN
Homilía pronunciada por monseñor Luis Eichhorn, obispo de
Gualeguaychú, durante la Celebración Eucarística en la cual Silvia
Melchiori realizó su consagración perpetua en el Instituto Secular
Apóstoles del Sagrado Corazón
(16 de abril del
2004 -
parroquia San Juan Bautista)
Queridos hermanos:
Es bueno que nos
preguntemos en esta ocasión qué es lo que está ocurriendo aquí. Es en
cierta manera la pregunta que se hacían los judíos en torno a Pedro y
a Juan, cuando en el nombre del Señor hicieron caminar al paralítico.
Por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret que ustedes
crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos, por eso este
paralítico camina, dice Pedro.
Y ese milagro de
Pascua sigue repitiéndose entre nosotros. El poder de Jesús resucitado
está entre nosotros. Es el poder del amor. Es el poder de Jesús que es
luz. Es el poder de Jesús que es misericordia. Es el poder de Jesús
buen pastor que guía a su pueblo.
Y es Jesús el que
ha comenzado a realizar una obra, una tarea, en el corazón de Silvia,
concretamente. Ya hace tiempo que ella se ha consagrado al Señor en el
Instituto Secular Apóstoles del Sagrado Corazón. Y ahora, después de
este período que podríamos llamar de prueba, de preparación más
intensiva, realiza su consagración perpetua al Señor.
Yo creo que es
importante que nosotros tratemos de entender de qué se trata esto. No
es una consagración religiosa, no es vida religiosa, es vida secular,
de laicos. El Instituto Apóstoles del Sagrado Corazón es un instituto
secular, es decir, de laicos. De laicos que viven en el mundo y de
laicos, entonces, que viven su vocación bautismal hasta sus últimas
consecuencias.
Es una opción a
fondo, una opción radical, una opción que toma desde las raíces mismas
del hombre.
Nosotros somos
todos laicos, ustedes son todos laicos, bautizados. Y ese bautismo que
nos ha consagrado a Dios. Y como laicos tienen una misión que cumplir
en el mundo que es suscitar el reino de Dios entre nosotros, en el
mundo en que vivimos. En la realidad de la familia, en la realidad del
trabajo, en la realidad de la vida social, en la recreación. Allí
impregnar del amor de Cristo y del espíritu del Evangelio de Cristo el
mundo en el que están viviendo. Es la tarea de todo cristiano. Esto no
es un descubrimiento nuevo que estoy haciendo ahora sino que es,
precisamente, cada uno de ustedes, en el lugar que vive, tiene que
hacer crecer el reino de Dios, que es el reino del amor, es el reino
de la paz, es el reino de la verdad y la justicia.
Pero esto es algo
especial. Algo que, diríamos, es como que despierta la rutina. Es como
un paralítico que comienza a caminar. Es algo que nos sacude porque
forzosamente uno dice cómo es posible que una muchacha joven, con toda
la vida por delante, haga una consagración al Señor haciendo votos de
pobreza, castidad y obediencia. Qué significa esto. Y significa,
precisamente, como un grito. Como un grito en el mundo de hoy. ¿Dónde
están los verdaderos y auténticos valores que hacen a la vida del
hombre?.
Es lo que dice
Jesús en el Evangelio, de qué vale al hombre entrar con sus dos ojos o
con sus dos piernas si pierde su alma. Yo creo que esto es lo
importante. Es decir, descubrir dónde está verdaderamente el valor de
Dios, la presencia de Dios en medio de nosotros.
Por eso Silvia va a
hacer sus votos. Se va a comprometer a vivir como laica, simplemente.
Como una laica consagrada al Señor. Consagrada totalmente en todo lo
que hace, digamos, a la potencialidad del hombre, de la vida, de la
vida humana.
Muchas veces
nosotros acostumbramos a mirar esto de los votos desde un aspecto
negativo. Entonces se ve como “pobre, va a hacer votos, y va a dejar
esto y aquello y aquello”. Y yo diría que es al revés. Hacer un voto
es optar por un valor. Es elegir un valor que es más alto y más grande
que lo que el mundo me está ofreciendo.
El voto de castidad
Uno dice, el voto
de castidad, que no se va a casar, que va a vivir sola. ¿El voto de
castidad qué significa?. En primer lugar, la castidad la tenemos que
vivir todos. Nadie está excluido de vivir la virtud de la castidad.
Pero hacerlo de una manera radical y profunda a través de un voto ¿Qué
significa?. Significa amar con más intensidad. Amar sin egoísmos. Amar
hasta las últimas consecuencias. Amar sin egoísmos y sin hedonismos.
Es amar al Señor que está presente en cada uno de los hermanos. Es
amar con todas las fuerzas que es capaz una persona. Y amar a todos.
Este es el valor.
El voto de castidad
no significa solamente “no cometer actos impuros”. Eso también lo
tienen que cumplir todos . El voto de castidad. es mucho más profundo,
mucho más grande. Es un compromiso para la vida. Es un compromiso que
abarca toda la persona y que abarca, precisamente, toda la relación
humana. Que en este mundo está destruída. En este mundo la relación
humana está basada sobre la mentira. La relación humana está basada en
la violencia. La relación humana está basada en la soberbia del
hombre. La relación humana termina matando al hombre y matando el
amor. Esa es la cultura que tenemos hoy nosotros.
Y precisamente lo
que se busca es rehacer la relación que Dios, nuestro Padre, ha
querido desde el comienzo para todos nosotros: que todos seamos
hermanos y que todos aprendamos a amarnos. Ese es el sentido de un
voto de castidad. Si no es así no tiene valor. Sería un desprecio de
una obra maravillosa creada por Dios que es la sexualidad en el ser
humano.
Es decir, esta
sublimación de la capacidad de amar del hombre. Y así también
podríamos decir de los otros votos.
El voto de pobreza
¿Qué quiere decir
el voto de pobreza? ¿Qué de aquí en adelante va a tener que vivir como
una pordiosera?. No. Todos nosotros tenemos que vivir la virtud de la
pobreza. Este es uno de los consejos evangélicos. Y nadie está
excluido de esto. ¿Y qué significa la pobreza?. Saber valorar las
cosas. Darles a las cosas materiales el valor real que tienen.
Entonces aprender a vivir honestamente de mi trabajo. Y aprender que
las cosas materiales están a mi servicio porque yo soy el hombre y el
dueño de las cosas. Y que las cosas las voy a poseer no para
enriquecerme de una manera egoísta y llena de avaricia sino para ser
solidario con las demás personas. Las riquezas materiales, entonces,
no me tienen que poseer sino que yo tengo que poseerlas.
Dicen que uno es
dueño únicamente de aquellas cosas que es capaz de regalar. Piensen a
la luz de estas palabras si son dueños de todas las cosas materiales
que tienen. Vale la pena pensarlo. Pero precisamente el voto de
pobreza significa que a todas las cosas materiales voy a darles un
sentido trascendente, un sentido distinto. No es el poseer y el tener
y el acumular, sino que es el brindarlo para que todos seamos más
hermanos y vivamos con la dignidad propia de los hijos de Dios.
El voto de obediencia
El voto de
obediencia quizá sea uno de los más difíciles de cumplir. El voto de
obediencia no es un renunciar a la libertad que uno tiene para
obedecer ciegamente. El voto de obediencia significa mirar la voluntad
de Dios, amar a Dios. Y hacer lo que hizo Jesús, obediente hasta la
muerte de cruz. Jesús fue el primer obediente, porque amó a su Padre y
amó libremente. Y libremente entregó su vida. Por obediencia a la
voluntad de Dios. La obediencia, entonces, es un ir buscando y
descubriendo en cada cosa que estoy haciendo y viviendo, la voluntad
de Dios. Para asumir la voluntad de Dios libremente y con alegría. Es
hacer de mi vida una parte del proyecto que Dios tiene y no vivir
marginado haciendo mi proyecto, mi capricho, lo que a mi se me da la
gana, lo que a mi se me ocurre con mis criterios humanos. Es Dios y su
plan el que nos está trazando el camino. Descubrir entonces el camino
de la voluntad de Dios que se nos expresa y se nos manifiesta de
muchas maneras. Y una, no la menos importante, a través de mis
autoridades. En la autoridad está la voz de Dios porque la autoridad
viene de Dios.
Qué riqueza es
entonces esto de los votos perpetuos. Una consagración, un pertenecer
a Dios. ¿Para qué?. Para llenar de la presencia de Dios el mundo. Para
llenar de la presencia del mundo la Iglesia. Por eso dicen que el
laico es la presencia de la Iglesia en medio del mundo y la presencia
del reino en el corazón de la Iglesia. ¿Qué significa esto? Significa
que es la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo que está presente como
levadura en la masa para hacer que este mundo empiece a caminar,
empiece a ser verdaderamente el Reino de Dios, el reinado de Dios
entre nosotros.
Por eso le pedimos
entonces al Señor que acompañe, bendiga y fortalezca a Silvia,
especialmente, a partir de este día. Y a todos nosotros para que nos
dé la sensibilidad necesaria de darnos cuenta de que estamos como ese
paralítico, como laicos en la Iglesia, estamos como paralíticos,
estamos como los apóstoles, tirando toda la noche las redes y no
sacamos nada. Y necesitamos que venga Jesús y nos diga: “tiren a la
derecha”. Y hacerlo en nombre de Jesús. En nombre de Jesús tenemos que
ponernos de pie y decir somos cristianos, Jesús resucitado está en
medio de nosotros, por eso nos amamos y vivimos como hermanos.
Mons. Luis
Guillermo Eichhorn,
obispo de
Gualeguaychú |