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CELEBRACIÓN DE LA FIESTA PATRONAL DEL SEMINARIO MARIA MADRE DE LA IGLESIA


Homilía pronunciada por Mons. Luis Eichhorn, obispo de Gualeguaychú
(31 de mayo de 2004)


Admisión de Francisco Dreiling, institución del lectorado de Fabián De Zan y Diego Elola
e institución del acolitado de Carlos Stadler, Ezequiel Báez y Marín Coronel.


Queridos hermanos:

Qué hermoso es sentir que la capilla del Seminario está quedando chica, porque está rebosante, como nunca. Y es hermoso porque esto significa que en todos ustedes, en todos nosotros hay un sincero amor a esta casa, a este seminario.

En este lugar es donde se forman los pastores de nuestra Iglesia Particular de nuestra diócesis de Gualeguaychú.

De acá saldrán aquellos que les administrarán los sacramentos, que les predicarán la Palabra, que los aconsejarán, que los guiarán en el camino hacia la santidad.

Por eso el seminario como corazón de la diócesis debe estar siempre presente en nuestras oraciones, de nuestras intenciones, de nuestra ayuda. Podríamos decir que es como el lugar más sensible, más importante, de mayor repercusión y significatividad en la vida de nuestra Iglesia diocesana.

Estos muchachos que acaban de ser presentados comienza o van continuando, van peregrinando en un camino hacia el Orden Sagrado. Y precisamente la admisión es el primer paso, es admitido oficialmente como candidato a las Sagradas Órdenes. Tendrá que seguir de aquí en adelante su formación para ir conformando su corazón de acuerdo al corazón de Cristo sacerdote. Y así también los que son instituidos lectores, ya con un ministerio específico dentro de la liturgia, dentro de nuestro culto, que es la Palabra de Dios; y también los que son instituidos acólitos, como un servicio especial al Altar. Ya es como si fueran aproximándose al Altar, para que el día de mañana como diáconos ya sean consagrados al servicio de la Palabra y de la Eucaristía, al servicio del Pueblo de Dios.

Que lindo es entonces poder ver a esta Iglesia diocesana reunida y celebrando este acontecimiento que para todos nosotros es importante. Es la comunidad de los discípulos de Jesús la que está acá. Cada uno de nosotros es amado por Jesús, es llamado por Jesús. Cada uno de nosotros ha sido convocado para formar parte de esta comunión que es nuestra Iglesia diocesana.

Y aquí estamos entonces celebrando esta fiesta de Santa María, Madre de la Iglesia, la fiesta patronal de nuestro seminario.

Es hermoso entonces pensar nuestra Iglesia diocesana y esta casa, este seminario, como una gran familia, la gran familia de Dios. Y una familia en la cual no puede faltar la madre.

Lo acabamos de leer en el Evangelio, Jesús como dejando ya su última voluntad, colgado ya en la cruz: “Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu madre”. Nos deja a María como madre.

Y creo yo que es hermoso pensar en aquellos apóstoles, discípulos de Jesús. Los contemplábamos ayer en la fiesta de Pentecostés, cuando los veíamos reunidos en oración junto a María, la madre de Jesús. Yo me imagino todos estos días que pasaron los apóstoles hasta la llegada del Espíritu Santo. Yo me imagino esta primera comunidad que en cierta manera estaba junto a María, la sentía como la presencia de la madre. Y me imagino entonces a estos apóstoles, a estos discípulos de Jesús, que tanto se entusiasmaron y que tanto amaron a Jesús, me los imagino preguntándole a María cómo era Jesús, qué decía Jesús, cómo fueron sus primeros años, cómo nació. Yo me imagino que los apóstoles le preguntaban esto a la Virgen . No habrá sido una presencia solamente silenciosa.

La presencia de María que les va como enseñando, que les va recordando lo que Jesús les había dicho. Y como un eco de esa presencia y enseñanza de María nos queda aquella frase que nos deja el evangelista Juan, lo que María les dice a los sirvientes en las bodas de Caná: “hagan todo lo que Jesús les diga”.

Yo me imagino que los discípulos, después de la ascensión de Jesús, se sintieron un poco solos. Y preguntaban y ahora qué hay que hacer. Y ahí estaba la palabra de María: hagan lo que Jesús les dijo.

Es para nosotros importante en nuestra vida cristiana el estar junto a María y el dejarnos enseñar por María. Ella es nuestra madre y como madre nos educa, nos enseña; como madre nos orienta y nos guía. Siempre nos dirige hacia Jesús.

Y qué hermosos es entonces vivir todos los misterios de Jesús desde el corazón mismo de María. Porque ella es madre y modelo de la Iglesia. Y si es modelo de la Iglesia es entonces para nosotros una muestra de cómo debe vivirse cada uno de los misterios de la vida de Jesús.

Entonces preguntarnos cómo vivió esto María. Qué lindo ejercicio para los que están estudiando teología, cada tema que tratan en teología, preguntárselo de esta manera, esto cómo lo vivió la Virgen. Cómo lo sintió María, cómo lo veía, cómo lo encarnó en su vida. Porque evidentemente ella, como primera discípula de Jesús, como madre, como maestra y como modelo en la Iglesia, tiene mucho que decirnos, y sin duda nos va a dar la pista, la pauta para asumir una actitud correcta como discípulo de Jesús.

Vamos a pedirle entonces a María Santísima que sea la gran educadora de nuestro corazón. Para ustedes que están recorriendo este camino de formación, para formarse como sacerdotes, como otros Cristos puestos al servicio de pueblo de Dios, pídanle a María también y le pedimos todos nosotros que ella les enseñe, que ella los conduzca. Y en el corazón de ustedes esté presente María santísima, nuestra madre, para que así siempre estén junto a Jesús, dispuestos a servir a Jesús y a dar la vida por Jesús.


Mons. Luis Guillermo Eichhorn,
obispo de Gualeguaychú



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